lunes, 19 de octubre de 2020 Actualizado a las 18:35

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A 60 Años del Riñihuazo: la amenaza (y la tragedia) podrían repetirse

A 60 Años del Riñihuazo: la amenaza (y la tragedia) podrían repetirse
Este viernes 24 de julio se cumplieron 60 años donde luego de dos meses de arduo trabajo en las más inverosímiles condiciones – chuzo, pala y carretillas– de Fuerzas Armadas y vecinos se pudo evitar una tragedia de proporciones mayores. En memoria de esa trágica y heroica conmemoración, deberían suspenderse proyectos como el de Colbún en el río San Pedro, dada la recurrencia permanente de actividad sísmica en esa zona y el hecho comprobado que proyectos de esa envergadura sí tienen efectos sobre la estructura geológica del entorno.
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El Río San Pedro -Wazalafken en mapudungun- que nace de la desembocadura del Lago Riñihue, es el principal afluente del conocido río Calle-Calle. Se ubica en la región de Los Ríos, entre las comunas de Panguipulli y Los Lagos, y se caracteriza por ser de aguas blancas con una rica biodiversidad, que da origen a hermosos paisajes en el sur de Chile.

Este río tiene una historia que ha marcado la memoria colectiva de la región. El terremoto de Valdivia de 1960, el más grande registrado en la historia de la humanidad, causó que las laderas del río San Pedro se desprendieran en tres lugares, bloqueando por completo su cauce y por ende, el desagüe del Lago Riñihue. Sucedió aquello, porque parte del río Tralcán se desplomó provocando un colapso de 3 puntos de bloqueo barroso sobre la olla hidrográfica del río San Pedro que une los lagos Riñihue, Panguipulli, Neltume, Calafquén, y Maihue (www.14sur.cl). A estos derrumbes se les conoce como los tacos del San Pedro, uno de ellos llegó a medir 2 km de largo y 1 km de ancho. Esto ocurrió el 22 de mayo de 1960 y producto de las intensas lluvias, el lago Riñihue aumentó su nivel en más de 25 metros.

Adultos mayores de la zona recuerdan hasta el día de hoy, la tensión que existía por la amenaza de la llegada de una gran ola. El miedo y la incertidumbre convivió con ellos durante los casi dos meses que el río estuvo bloqueado. Se necesitó el trabajo de cientos de civiles y militares que, a pala, carretilla y tractores, trabajaron día y noche para despejar los derrumbes y tratar que el río volviese a su cauce. Gracias a esta labor, el 24 de julio de 1960 el torrente volvió a su curso natural de manera paulatina, evitando un desborde violento que hubiese inundado las poblaciones río abajo.

Un proyecto tan altamente criticado, debería haberse dado de baja de manera definitiva. Si la decisión pasara por personas que conocieran el territorio, no estaríamos temiendo que un proyecto de esta envergadura, se lleve a cabo en un lugar tan inestable desde el punto de vista geológico. Esto da cuenta del centralismo en la toma de decisiones en cuanto a donde llevar a cabo este tipo de proyectos, más aún cuando son más de 100 los proyectos que afectan el medio ambiente que han sido presentados en el contexto de la “reactivación económica” desde marzo a la fecha.

A pesar de esto, las localidades sufrieron grandes inundaciones, alcanzando en la ciudad de Los Lagos alturas cercanas a los 8 metros. Sin embargo y por el esfuerzo de quienes a pala estuvieron día y noche trabajando, se evitó una desgracia mayor.

Cabe recordar que este no es el primer episodio de derrumbes y obstaculización del cauce del Río San Pedro. En el año 1575 y generado también por un terremoto, hubo un importante desprendimiento de las laderas del río, su cauce se bloqueó, acumulando aguas por más de cuatro meses. En ese entonces, por la falta de conectividad, terminó en la destrucción prácticamente completa de los asentamientos río abajo que existían en esos años, incluyendo gran parte de Valdivia.

En el contexto de la conmemoración de esta significativa fecha, la inestabilidad de las laderas del río San Pedro tiene importantes antecedentes que pone en evidencia la vulnerabilidad geográfica del lugar. Pese a esto, hay quienes de manera irresponsable quieren intervenir el río de manera artificial con la justificación de generar energía. La empresa Colbún S.A de la Familia Matte, pretende instalar, como ya lo señalamos en una columna anterior, una mega central hidroeléctrica de 170 MW, con un muro de 56 metros y un embalse que represaría 12.5 kilómetros de río.

Es importante mencionar que, a nivel internacional, la ONU no considera centrales hidroeléctricas sobre 50 MW como energía limpia, por el gran impacto ambiental que generan. Además, este tipo de proyecto es discordante con los objetivos a nivel energético de nuestro país, en los que se menciona invertir en ERNC, entre las cuales NO califica la hidroelectricidad de potencia mayor a 3 MW.

Como lo señalamos, también anteriormente, la cuenca del río San Pedro es atravesada por la falla geológica Liquiñe-Ofqui, la cual tiene un perfil de actividad sísmica de miles de años y esta falla, ha sido el origen de los últimos eventos eruptivos de los volcanes Caulle, Chaiten y Calbuco. Lamentablemente, los diversos estudios geológicos nacionales e internacionales realizados sobre ella, son bastante limitados técnicamente, pero al menos la destacan como una de las más peligrosas del planeta, debido a su recurrente actividad.

Es importante reiterar que el gran terremoto de 1960, fue causado por la acción de esta falla en combinación con la placa de Nazca y Continental, pero es necesario destacar que no solo fue un terremoto, fueron 9 seísmos producidos entre el 21 de mayo y el 6 de junio de 1960, pero la memoria colectiva de los humanos solo recuerda una de ellas.

Luego, es altamente irresponsable desde un punto de vista político y técnico, autorizar proyectos de centrales hidroeléctricas de gran envergadura, que modifiquen en algún grado la estructura hidrogeológica del Río San Pedro, en la zona de influencia de esta peligrosa falla, sin tomar en cuenta un peligroso fenómeno denominado Sismicidad Inducida y que es causado por los proyectos de gran envergadura de corte minero o hidroeléctrico y muy especialmente, en un área tan sensible y peligrosa como la Zona de Falla Liquiñe Ofqui (ZFLO).

A pesar de todo, Colbún S.A comenzó de igual manera con las obras, las cuales tuvieron que ser paralizadas en el año 2011 debido a derrumbes ocurridos en el lugar, dejando en evidencia la poca rigurosidad y seriedad en los estudios entregados por la empresa. El 2015, reingresó nuevamente un Estudio de Impacto Ambiental (EIA), el cual fue rechazado por no cumplir con los requisitos mínimos para ser admitido. Ese mismo año, un grupo de académicos del Instituto de Ciencias de la Tierra de la UACH, presentó observaciones en las que se mencionaron inconsistencias del proyecto y que en el estudio se hacían aseveraciones que no eran correctas.

Desde diciembre del 2018 el proyecto está cursando su quinto proceso de evaluación, lo cual deja en evidencia el débil sistema de evaluación de impacto ambiental de nuestro país. Si bien el proyecto cuenta con un RCA del 2008, el EIA que se encuentra actualmente en evaluación solo considera la parte geológica y no hace ninguna modificación en, por ejemplo, la actividad turística en el Río San Pedro y el gran impacto negativo que este proyecto generaría en esta área. El San Pedro es un destino altamente concurrido por personas que desean practicar deportes como el kayak, rafting y la pesca, y han comenzado a ser parte importante de la economía local.

Un proyecto tan altamente criticado, debería haberse dado de baja de manera definitiva. Si la decisión pasara por personas que conocieran el territorio, no estaríamos temiendo que un proyecto de esta envergadura, se lleve a cabo en un lugar tan inestable desde el punto de vista geológico. Esto da cuenta del centralismo en la toma de decisiones en cuanto a donde llevar a cabo este tipo de proyectos, más aún cuando son más de 100 los proyectos que afectan el medio ambiente que han sido presentados en el contexto de la “reactivación económica” desde marzo a la fecha.

Durante el proceso de evaluación ambiental, se logró reunir 3294 observaciones ciudadanas por parte de la comunidad, dejando en claro el gran porcentaje de rechazo a este proyecto. Además, las municipalidades de Los Lagos y Panguipulli, junto con el Consejo Regional de Los Ríos realizaron sus pronunciamientos donde se mostraron no conformes con el proyecto por el impacto ambiental que tiene en una de las arterias fluviales más importantes de la región.

La negativa al proyecto de Colbún S.A es transversal. El río San Pedro es el lugar que marca la historia de muchos de los habitantes de la región, por su rica biodiversidad vegetal y animal y por un profundo sentido de pertenencia en sus habitantes. La toma de decisiones en el ámbito ambiental, deben contar con una mirada integral, que cuente con un asesoramiento técnico adecuado y que tome en consideración la opinión de los habitantes del territorio al cual se pretende intervenir.

Este viernes 24 de julio se cumplieron 60 años donde luego de dos meses de arduo trabajo en las más inverosímiles condiciones – chuzo, pala y carretillas– de Fuerzas Armadas y vecinos se pudo evitar una tragedia de proporciones mayores. En memoria de esa trágica y heroica conmemoración, deberían suspenderse proyectos como el de Colbún en el río San Pedro, dada la recurrencia permanente de actividad sísmica en esa zona y el hecho comprobado que proyectos de esa envergadura sí tienen efectos sobre la estructura geológica del entorno.

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