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Maite Alberdi sobre su nuevo documental: la maternidad “sigue siendo social y no personal”

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Emilia Aparicio Ulloa
Por : Emilia Aparicio Ulloa Periodista El Mostrador
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En “Un hijo propio”, Maite Alberdi reconstruye la historia de una mujer que, presionada por su entorno y por el mandato de ser madre, llegó a fingir un embarazo. Un documental que explora la maternidad, la culpa y las presiones sociales que persisten sobre las mujeres.


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¿Se puede realmente escapar de la maternidad? Maite Alberdi, es tajante y responde que no. La cineasta estaba investigando dentro de una cárcel de mujeres en México y por casualidad llegó a la historia de Alejandra Marín Mendoza, la cual da origen al documental “Un hijo propio”. La mujer estaba cumpliendo una condena de 13 años por secuestro de una recién nacida. “Me contó su historia y no podía creer lo que me estaba contando”, recuerda Alberdi en conversación con El Mostrador.

En junio de 2009, una mujer de 26 años salió de un hospital de Ciudad de México cargando una bolsa de regalo, en su interior llevaba una recién nacida y la mujer no era su madre. Horas más tarde, ella y su esposo fueron detenidos en un motel y la bebé, devuelta ilesa a sus padres. Su caso acaparó una enorme atención mediática en México, ya que había fingido un embarazo a término con el que engañó a su marido, a su familia y a los médicos.

A partir de ese encuentro comenzó un proceso que terminaría transformando la manera en que la directora aborda el documental. “Un hijo propio”, estrenada el 13 de agosto en Netflix, ofrece una mirada íntima sobre la historia de una joven mexicana que recurrió a medidas desesperadas para cumplir su sueño de ser madre. La propuesta de la dos veces nominada al Óscar por los documentales ‘El agente topo’ (2021) y ‘La memoria infinita’ (2024), incluye testimonios de quienes la vivieron y un formato que mezcla documental y puesta en escena.

Un hijo propio. Maite Alberdi in Un hijo propio. Cr. Luis Antonio Rojas/Netflix ©2026

Protagonizado por Ana Celeste Montalvo y Armando Espitia, junto a Luisa Guzmán, Mayra Batalla y Ángeles Cruz, entre otros, el documental dirigido por Maite Alberdi se construye desde una historia real que permite mirar de cerca la presión que existe en torno a la maternidad.

“Es una película claramente sobre la presión social en torno a la maternidad”, afirma Alberdi.

Este caso aunque extremo, permite observar algo que para la directora también aparece en situaciones cotidianas, los comentarios que pueden parecer inofensivos o inconscientes, pero que terminan generando ansiedad y dolor. La presión, además, no termina en el deseo de ser madre. Alberdi plantea que tampoco existe demasiada libertad para decidir cómo vivir la maternidad una vez que los hijos llegan. Aparecen constantemente preguntas sobre cómo debería ser una madre, cómo debería criar y qué ocurre cuando una mujer se aleja de esa norma. “Hay muy poca libertad”, sostiene.

“La película invita a cuestionarnos cuáles son esas presiones invisibles que vamos ejerciendo sobre las mujeres, en su deseo de maternar  y también en la maternidad, ninguna mujer se libra de eso, cuando ya tienes hijos también es como ¿cómo tiene que ser? ¿cómo hay que hacerlo?”, expresa la directora. 

Un Hijo Propio. Ana Celeste Montalvo as Alejandra in Un Hijo Propio. Cr. Courtesy of Netflix / Netflix ©2026

Por eso, la película no se concentra solamente en una mujer que quería ser madre y no podía serlo. También aparecen otras mujeres atravesadas por distintas formas de dolor, incluida la historia de una madre que pierde a su hijo y que, incluso en medio de esa pérdida, termina siendo juzgada.

Para Alberdi, el problema está en que el deseo de tener hijos y el de no tenerlos todavía no funcionan completamente como decisiones personales, especialmente en Latinoamérica.

“Porque creo que la maternidad es una decisión, el querer, el no querer que cada vez  o sea que, en Latinoamérica sobre todo, sigue siendo social y no personal, te dan poco espacio para que esa decisión sea personal y que no esté tu entorno opinando sobre ella”, dice. 

En la historia de Alejandra, esa presión se vuelve particularmente evidente porque, frente a cada obstáculo, aparece una nueva posibilidad para intentar conseguir el embarazo. Si un tratamiento no funciona, surge otro camino. Si tampoco resulta, aparece una nueva alternativa. Lo que ella no parece tener es la posibilidad de decir simplemente que hasta ahí llegó. Esa imposibilidad de detenerse es, para Alberdi, uno de los aspectos más dolorosos de la historia. Alejandra logra, durante los años que pasa en prisión, replantearse su relación con la maternidad y entender que aquel deseo también estaba profundamente condicionado por la presión social. Allí, además, recibe apoyo psicológico, algo que no había tenido antes pese a las pérdidas que había vivido.

“Hay un sistema social que a ella le falló”, plantea Alberdi. Sin desconocer que Alejandra cometió un delito, la directora busca mostrar las complejidades que rodean su historia y evitar una lectura reducida a la oposición entre lo bueno y lo malo.

Pero incluso después de ese proceso, la presión vuelve. Al recuperar su libertad, Alejandra se encuentra nuevamente con un marido que le pide lo mismo. Para Alberdi, ese momento revela la persistencia de una presión que atraviesa prácticamente toda la vida de su protagonista.

“Es muy trágico”, dice.

Un hijo propio. (L to R) Ana Celeste Montalvo as Alejandra, Armando Espitia as Arturo in Un hijo propio. Cr. Luis Antonio Rojas/Netflix ©2026

Entre ficción y realidad

La película parte desde una puesta en escena construida a partir del testimonio de su protagonista. Alberdi explica que primero filmaron el documental y, posteriormente, escribieron esa primera parte “basada 100% en las entrevistas que nos había dado y en su testimonio”. Alejandra participó activamente en el proceso, ensayó con los actores, conversó con ellos y estuvo presente durante el rodaje de las escenas que buscaban representarla.

El resultado no es, para Alberdi, una ficción tradicional. “No es una ficción, sino que es una puesta en escena de la visión subjetiva de la protagonista”, explica. Esa mirada permite entrar en aquello que Alejandra se cuenta a sí misma o imagina sobre su propia vida, hasta que la realidad interrumpe esa representación. Entonces, la película cambia de registro y se acerca a un documental más tradicional, con observación, entrevistas y archivo.

La experiencia anterior de Alberdi en la ficción fue fundamental para atreverse con esta estructura. “Todas las películas de alguna manera van marcando las siguientes”, dice.

Para ella, el cine es un proceso de aprendizaje y “Un hijo propio” no habría existido de la misma manera sin el lugar que ocupó su primera película de ficción. Esa experiencia, sostiene, le dio la valentía para probar otras formas y llevar el documental hacia un lugar que considera novedoso.

Pero detrás de esa experimentación formal hay una historia atravesada por la vulnerabilidad. Alberdi reconoce en “Un hijo propio” elementos que también aparecen en sus películas anteriores: personajes que comparten su dolor y experiencias de fragilidad que no siempre encuentran espacio para ser contadas.

“Creo que todas son películas que te hablan de la vulnerabilidad, del dolor, de la fragilidad”, señala. En una época en que, según plantea, las personas tienden a mostrar el éxito y la felicidad, le interesa acercarse justamente a aquello que suele ocultarse: lo que ocurre cuando alguien está pasando por un momento difícil.

En el caso de Alejandra, esa vulnerabilidad está directamente relacionada con los mandatos de género. La protagonista quiere cumplir con lo que se espera de ella: con su marido, con su deseo de tener un bebé y con el lugar que socialmente debería ocupar como mujer. La presión termina llevándola a una situación extrema.

La historia, además, le permitió mirar más allá del caso mexicano. Durante el proceso de realización, Alberdi comenzó a encontrar otros casos similares en la región, uno en Concepción y otro en Venezuela. Eso la llevó a pensar que la historia de Alejandra no era solamente un caso aislado, sino que podía hablar de una problemática regional.

“Creo que en esa presión abierta también reconozco a mi país”, afirma.

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