Inteligencia estratégica
Crédito foto: creada con IA
¿Un nuevo telos para la educación?
Solemos plantearnos si la IA acabará con el oficio de educar. La pregunta relevante es qué tipo de persona debemos formar hoy.
“Tenemos escuelas del s. XIX, profesores del s. XX y alumnos del s. XXI”. Este reproche a las instituciones educativas se está convirtiendo en un lugar común. Sin embargo, y por más convincente que parezca, se trata de una crítica fundamentalmente injusta, pues confunde el síntoma con la causa.
Si la escuela no ha cambiado en el último siglo no es por inmovilismo o falta de voluntad, sino porque el tipo de persona que debe formar se ha mantenido idéntico en este tiempo. Su misión, hoy como entonces, es formar especialistas que puedan desempeñarse laboralmente en una economía de profesiones fijas.
La educación sólo innova radicalmente cuando se modifica su “para qué”, su telos. En la Grecia clásica la paideia formaba al ciudadano para que fuera capaz de participar en los asuntos de la polis. En la Edad Media, el trivium y el quadrivium tenían como misión formar al cristiano virtuoso.
En la era de la industrialización, Wilhelm von Humboldt defendió un modelo orientado a la formación integral de la persona. Sin embargo, perdió la disputa frente al modelo técnico-funcionarial que terminó dominando hasta nuestros días.
Cada época decide qué clase de ser humano considera deseable cultivar, y esa decisión nunca es puramente técnica: implica siempre una disputa, una elección de valores y una apuesta de futuro.
Hasta el momento, la IA no ha modificado el telos de la educación, que sigue siendo formar profesionales. Pero lo que sí está cambiando es la matriz productiva misma. Por eso, desde diversos lugares, se formula la pregunta sobre el tipo de profesional que será relevante en la nueva forma de crear valor.
En Silicon Valley, quienes producen o financian parte importante de la IA apuestan por dos proyectos educativos que responden, de un modo muy divergente, a esa pregunta.
Por un lado, en Alpha School (Palo Alto) no hay profesores: cada alumno aprende dos horas al día con un software que ajusta los ejercicios a su ritmo, mientras un “guía” vigila que nadie se distraiga. El resto de la jornada se dedica a “habilidades de vida”: liderazgo en equipo, oratoria, emprendimiento…
Por otro lado, a pocos kilómetros, la Waldorf School of the Peninsula no tiene una sola pantalla: los hijos de empleados de Google y Apple escriben a mano y trabajan la tierra. Una escuela sustituye al docente con tecnología; la otra excluye cualquier tecnología hasta la adolescencia.
La escuela tradicional se encuentra entre estos dos extremos. No reemplazará al profesorado por un algoritmo ni expulsará la IA de sus aulas. Pero no podrá evitar responder de alguna manera a la pregunta sobre qué habilidades son más valiosas hoy.
El Foro Económico Mundial, Harvard y un informe de Citi GPS (2024) coinciden en que las habilidades más demandadas en esta nueva era son, justamente, varias de las que Humboldt proponía desarrollar: pensamiento crítico, creatividad, adaptabilidad, inteligencia emocional, comunicación, colaboración, liderazgo… y ética.
Lo más extraordinario es que todas estas habilidades no solo son importantes laboralmente, sino también y ante todo socialmente; no solo forman mejores trabajadores, sino también y ante todo mejores personas.
Formar profesionales técnicamente competentes ha sido el cometido de la educación en el último siglo. Pero, en la era de la IA, ese perfil es mucho menos valioso que el de personas con visión, valores y responsabilidad. Por eso, para cumplir el cometido de formar profesionales relevantes, la educación se verá en la necesidad de apuntar al desarrollo de capacidades esencialmente humanas
De ese modo, se abre en esta nueva era una posibilidad insospechada: que la nueva matriz productiva acabe modificando, sin proponérselo, el telos de la educación.
La conversación que se abre
Lo que vale para la escuela vale también para la empresa. La pregunta ya no puede ser únicamente “en qué competencias es necesario formar a alguien”, sino a qué tipo de personas —y equipos— estamos apuntando con la capacitación.
¿Basta con adquirir competencias técnicas o necesitamos que se desarrolle la capacidad de entender, ver posibilidades, discernir desde principios éticos, generar confianza y sostener equipos?
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