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Al séptimo año resucitó... pero le duró poco

por 5 septiembre, 2020

Al séptimo año resucitó... pero le duró poco
A Pablo Longueira le van a comprar su estrategia, pero no se van a someter a su liderazgo, principalmente porque sus ideas son cuerdas pero su liderazgo es inestable. En realidad, algo más que inestable. Creer en el mesías tiene sus complejidades, empezar a actuar como si uno mismo fuera el mesías, tiene complejidades mayores. El día que Longueira amanece modesto se considera un estadista. No hay político bueno que pierda la calma a la primera mención de sus puntos débiles más obvios. Longueira no solo pierde la calma, sino que pierde el control, lo que no tiene ninguna justificación posible.
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Pablo Longueira entró a la escena política pateando la puerta y enmendándole la plana a la dirigencia actual de su partido. Con tres anuncios, notificó que quiere retomar el control del partido y, si lo intenta por la vía rápida, es solo porque considera inaceptable la cantidad de errores cometidos en su ausencia.

Se pronuncia por el Apruebo en un partido que se juega por el Rechazo. Informa que se postulará a constituyente, es decir, que quiere tomar el control de las negociaciones in situ. Desea asumir la presidencia de la UDI, lo que no deja lugar a dudas sobre lo que piensa de quienes están postulando a esa posición.

No creo que su intento funcione, pero hay que diferenciar la estrategia propuesta del destino de un liderazgo individual. Ambas cosas deben ser distinguidas.

La estrategia propuesta tiene todo el sentido del mundo para su sector político. Corresponde a un diseño coherente, algo de lo que ha carecido la derecha tras su triunfo presidencial. Se trata de un producto refinado.

Tras siete años, este personaje vuelve a la UDI, pero los regresos no existen. El lugar al que vas ya no es el que conociste. La desadaptación puede ser implacable. Los regresos fallan. Ricardo Lagos lo intentó, se dio cuenta del error y se reinventó. Paso de líder a referente y eso está muy bien. Porque Lagos ya no es Lagos y Longueira ya no es Longueira. Son los mismos, pero Chile está en otra. Tenemos un personaje que no se da cuenta y, por eso, presenciaremos una tragedia.

Como toda buena estrategia se puede expresar en pocas palabras: la mejor forma de mantener la Constitución consiste en votar por el Apruebo. Si todos votamos Apruebo –dice Longueira– nadie gana y todos celebraremos. Esto hace irrelevante el plebiscito, se licúa más aún si por efecto de la pandemia votan menos de lo esperado y queda a nivel de “acto simbólico”. Hay que apuntar a los moderados rescatando “lo mejor de la actual Constitución”.

Si Chile Vamos se presenta unido puede lograr el 45% de los convencionales, en cambio el Rechazo no superará el 20%. La derecha debe actuar sin temor, dirigiéndose con una estrategia propia. “Dejemos una Constitución para los próximos 30 años” a nuestro gusto, finaliza el exsenador UDI.

A Longueira le van a comprar su estrategia, pero no se van a someter a su liderazgo, principalmente porque sus ideas son cuerdas pero su liderazgo es inestable. En realidad, algo más que inestable. Creer en el mesías tiene sus complejidades, empezar a actuar como si uno mismo fuera el mesías, tiene complejidades mayores.

El día que Longueira amanece modesto se considera un estadista. No hay político bueno que pierda la calma a la primera mención de sus puntos débiles más obvios. Longueira no solo pierde la calma, sino que pierde el control, lo que no tiene ninguna justificación posible. Sometido a una fuerte tensión, colapsó ya una vez, se ha recuperado en un ambiente protector adecuado, pero estabilizarse es una cosa y recuperarse es otra.

Tras siete años, este personaje vuelve a la UDI, pero los regresos no existen. El lugar al que vas ya no es el que conociste. La desadaptación puede ser implacable. Los regresos fallan. Ricardo Lagos lo intentó, se dio cuenta del error y se reinventó. Paso de líder a referente y eso está muy bien. Porque Lagos ya no es Lagos y Longueira ya no es Longueira. Son los mismos, pero Chile está en otra. Tenemos un personaje que no se da cuenta y, por eso, presenciaremos una tragedia.

Le falta las lecciones de la humildad. Nunca ha escuchado que un día Mia Farrow dijo: “Ahora lo entiendo. Entonces no lo entendí. Que en la vida se trata de perder y de hacerlo de la manera más elegante posible… y disfrutar de todo lo que hay en el medio”, pero, claro, Mia Farrow no es el mesías.

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