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Chile y su política vecinal a propósito de la visita de Alberto Fernández

por 28 enero, 2021

Chile y su política vecinal a propósito de la visita de Alberto Fernández

Crédito: ATON

La declaración de los 52 puntos firmada en la reciente visita de Estado del presidente Alberto Fernández es la mejor demostración de cómo no se debe manejar la relación con el que es nuestro principal vecino, pretendiendo una realidad y amistad que no existen. Y no existen, no por las diferencias políticas que puedan tener los dos gobiernos, sino porque, excepto por los aspectos que vienen por ser países fronterizos, no tenemos mucho que nos una y sí muchos aspectos que nos separan, partiendo por los afanes expansionistas y el foco que el vecino país tiene sobre los Mares Australes y la Antártida, en donde chocan con los intereses nacionales de Chile.
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A propósito de la visita de Estado a Chile esta semana del presidente argentino Alberto Fernández, me parece adecuado dar ciertas orientaciones respecto de cómo se debe manejar la relación con nuestros vecinos, usando el caso trasandino como un ejemplo y aplicándolo a los otros vecinos.

Con Argentina nos une una larga frontera, la que aún no está delimitada totalmente a pesar de los años que han transcurrido. Nos unen más de 210 años de historia, la que no siempre ha sido tranquila. Nos unen aspectos de raza, lengua y cultura producto de haber sido colonizados por España y compartir pueblos originarios, en donde el más conocido es el Mapuche, y nos une la actividad turística propia de dos países fronterizos, la que regularmente se mueve al ritmo del tipo de cambio y las restricciones cambiarias argentinas más que por otras razones, y que ahora, producto de la pandemia, está absolutamente disminuida.

Como bien nos anticipaba la lectura de la columna del embajador Rafael Bielsa del martes 26 en El Mercurio de Santiago, no tenemos mayores relaciones comerciales, ya que Argentina opera principalmente dentro de la esfera del Mercosur, un mercado común con el cual no tenemos mayor afinidad, y no se caracteriza por ser la economía más abierta del mundo, a diferencia de nosotros, que somos la mejor representación de lo que es un país que comercia con todos y en particular con las economías del Indo-Pacífico donde está nuestro foco geoestratégico desde que nos abrimos al mundo en los 80.

Las cifras de nuestro comercio exterior hablan por sí solas (datos Banco Central 2019). Las exportaciones chilenas a Argentina representan menos del 1% de lo que comerciamos con el resto del mundo y lo que importamos de ellos es solo el 5% del total de nuestras importaciones y que, excepto por lo que se refiere a camionetas armadas en ese país, el resto son productos agrícolas en los que Chile no es fuerte. Todo lo anterior se ha mantenido constante y sin variaciones incluso bajo el gobierno de Mauricio Macri, con lo que se descarta que el origen del problema sea de corte ideológico.

Ya pasó la época en que las empresas chilenas corrían a invertir en Argentina y hoy en día, excepto por las filiales mendocinas de viñas chilenas, los capitales escapan de una economía deteriorada que no cuida a los que invierten en ella. Esto nos lleva a la pregunta: ¿qué podemos esperar a futuro? La verdad es que, dependiendo del tipo de cambio y del término de la pandemia, podemos esperar que algún día el turismo tome la altura que alguna vez tuvo y veamos a chilenos visitando Mendoza y Buenos Aires, y los mendocinos disfrutando de las playas del litoral central. Más no podemos esperar, ya que –como podrán ver– en lo económico no tenemos mucho en común y en varios aspectos somos competidores.

Es hora de ver las cosas como son y no como queremos que sean y, en ese sentido, la declaración de 52 puntos que firmaron ambos presidentes en el Patio de los Naranjos refleja lo recién indicado. No hay nada relevante en lo económico, ya que, si lo hubiera, habría estado referida a otra época u otros países distintos de Chile y Argentina.

La declaración firmada por los Jefes de Estado me lleva al siguiente punto. Es una declaración mucho más favorable a Argentina, al punto que cuando escribo esta columna ya es pública allende los Andes y por aquí solo mencionamos los puntos que la Cancillería determinó que nos son más favorables. En ese sentido, los discursos finales de los presidentes reflejan las visiones o posiciones de unos y otros en esta relación. La argentina rescatando el concepto del ABC de Perón de los 50, y la chilena solo mencionando los pocos aspectos económicos que se lograron acordar.

Sorprende que se aceptara incluir en la declaración aspectos relacionados con los mares australes y Antártida, y el reconocimiento de las pretensiones argentinas sobre las Falklands e islas británicas en el Atlántico Sur. Sorprende porque son bien sabidos los inconvenientes que nos causó la definición de lo que ellos entienden es su plataforma continental extendida y cómo eso choca con los límites ya acordados y los derechos chilenos sobre el continente blanco. Debo decir que no deja de sorprenderme el que, después de la poco exitosa estrategia de cuerdas separadas que seguimos con Perú, por la definición de nuestros límites marítimos del norte, vayamos nuevamente por más de lo mismo con Argentina.

La declaración de los 52 puntos es la mejor demostración de cómo no se debe manejar la relación con el que es nuestro principal vecino, pretendiendo una realidad y amistad que no existen, y que no existen no por las diferencias políticas que puedan tener los dos gobiernos, sino porque, excepto por los aspectos que vienen por ser países fronterizos, no tenemos mucho que nos una y sí muchos aspectos que nos separan, partiendo por los afanes expansionistas y el foco que ellos tienen sobre los Mares Australes y la Antártida, en donde chocan con los intereses nacionales de Chile.

Tomando todo en consideración, ¿cómo debiéramos manejar nuestra relación con Argentina en el 2021 y más allá? La debiéramos manejar en la forma que se conduce una relación con un país vecino con el que se comparte una larga frontera, con el cual no tenemos ni tendremos mayores intereses comunes o relaciones económicas, a no ser que Argentina decida relacionarse comercialmente de otra forma con el resto del mundo, y con firmeza y claridad estratégica en lo que se refiere a los Mares Australes y nuestros derechos soberanos en la Antártida, los cuales no son transables y deben ser defendidos como si fueran el centro de Santiago.

Ya pasó la época en que las empresas chilenas corrían a invertir en Argentina y hoy en día, excepto por las filiales mendocinas de viñas chilenas, los capitales escapan de una economía deteriorada que no cuida a los que invierten en ella. Esto nos lleva a la pregunta: ¿qué podemos esperar a futuro? La verdad es que, dependiendo del tipo de cambio y del término de la pandemia, podemos esperar que algún día el turismo tome la altura que alguna vez tuvo y veamos a chilenos visitando Mendoza y Buenos Aires, y los mendocinos disfrutando de las playas del litoral central. Más no podemos esperar, ya que –como podrán ver– en lo económico no tenemos mucho en común y en varios aspectos somos competidores

Cuando trasladamos el análisis de este ejemplo a los otros países vecinales nos encontramos con realidades económicas similares. Bolivia y Perú ya no son de interés para los capitales chilenos y nuestro comercio exterior también es limitado. El Perú representa el 2,6% de nuestras exportaciones y el 1,7% de las importaciones que realizamos. En el caso de Bolivia, nos compran el 1,4% de lo que producimos y les compramos solo el 0,15% de lo que ellos venden. Realidad que es muy distinta a nuestro comercio exterior con el Asia Pacífico, Norteamérica y Brasil, el único país de Sudamérica con el cual tenemos un intercambio comercial relevante.

En lo limítrofe y político, ambos países son más bien fuentes de problemas que de beneficios, y no me refiero a problemas que se arrastren de las percepciones que genera la Guerra del Pacífico, sino más bien a fronteras por donde ingresan personas y bienes en forma ilegal con los consecuentes problemas por todos conocidos, y que ha implicado, entre otras cosas, dedicar recursos militares a apoyar a las policías en la vigilancia y logística que estas necesitan para realizar su trabajo.

Para cerrar, no quiero desmerecer las relaciones con nuestros vecinos o recomendar que no viajen a esos países con fines turísticos, pero sí creo necesario que se administren en forma realista y como lo que son, y no como queremos que sean, a pesar de compartir culturas, lenguaje y raza. Es hora de entender que Chile es lo más parecido a una isla que comercia con todo el mundo, pero en particular con los que están en las profundidades el Pacífico, lugar en donde hoy por hoy está principalmente el interés nacional, los mercados que nos dan de comer y, por ende, lo que debemos defender y proteger.

 

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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