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A propósito de la consolidación fiscal

por 17 octubre, 2017

A propósito de la consolidación fiscal
¿Cuál es el tamaño óptimo de deuda pública sobre PIB? La verdad es que la teoría económica no tiene una respuesta única a este dilema, haciendo honor a la economía como una ciencia social y no una ciencia exacta como la física. Sin embargo, es evidente que una deuda pública muy elevada pone en riesgo la capacidad futura de pago del Estado y le será cada vez más caro y difícil pedir prestado.
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¿En qué momento se realizará, en Chile, la discusión presupuestaria del 2018? Desde el punto de vista económico, ello ocurrirá cuando la economía está atravesando su cuarto año consecutivo de lento crecimiento. En efecto, la tasa de crecimiento promedio anual del PIB del período 2014-2017 ha sido de 1,8%, con una muy leve dispersión y situándose por debajo de su crecimiento potencial, el cual a su vez se ha ido encogiendo debido al lento crecimiento de la inversión.

Después de la discusión presupuestaria del año recién pasado, donde se abandonó cualquier intento de recurrir a una política fiscal moderada para impulsar la actividad económica, se depositó toda la esperanza en que ello se lograría con una política monetaria más expansiva.

El correr del tiempo ha ido demostrando la ineficacia del Banco Central para ejecutar esta política por la lentitud y “pachorra” con que se abordó. Por cierto, esta no es una explicación acabada, pues habría que investigar cuán independiente es el Banco Central de los mercados financieros. Tema que sobrepasa los límites de la presente reflexión.

Paradójicamente, es muy probable que la economía chilena vuelva a crecer más, gracias a la recuperación del precio del cobre y las expectativas de un mayor crecimiento del comercio mundial y no por la política monetaria expansiva existente en Chile. Con ello no queremos decir que toda política monetaria está condenada al fracaso.

Recientemente el Banco Central Europeo ha emprendido una política monetaria muy exitosa y que ha cambiado de manera importante las perspectivas de crecimiento en dicha región.

De los fundamentos ideológicos del ajuste fiscal

Existe un dogma conservador en la política económica que postula que existe un límite ineludible sobre la habilidad de los gobiernos para administrar los déficits fiscales y la acumulación de la deuda pública. Este dogma forma parte de la llamada “nueva macroeconomía clásica” (expuesta por el economista Roberto Barro) y que tiene por objeto negar la eficiencia de las políticas presupuestarias contracíclicas.

Dicho de una manera sencilla, esta teoría afirma que, si los hogares constatan que debido al aumento del déficit público la solvencia presupuestaria para pagar su deuda no es respetada, y ellos, que están poseídos por las “anticipaciones racionales” (que pocos economistas creen que existan), van a anticipar que el Estado va a buscar esta solvencia subiendo impuestos o disminuyendo los ingresos de transferencias.

En ambos casos los hogares van a anticipar una baja en sus ingresos futuros (actualizados). Esta baja arrastrará una reducción de su consumo presente, un alza de su ahorro y de su tasa de ahorro. Es decir, de nada servirá incurrir en un déficit público para reactivar la economía.

Por ello se recurre a la llamada “consolidación fiscal” o también llamada política de austeridad presupuestaria, orientada a reducir el déficit fiscal y el nivel de deuda. Otra forma de sostener el mismo dogma, pero sin recurrir a la desacreditada hipótesis de las anticipaciones racionales, es el principio de la “neutralidad Ricardiana”, que postula que el aumento del déficit público debe normalmente arrastrar un alza de la oferta de títulos públicos, lo cual a su vez provocará un aumento en la tasa de interés real, con lo que baja la demanda privada, generando un aumento del ahorro privado.

Por tanto, de nada sirve aumentar el déficit público y la intervención del Estado, sin por cierto considerar que la política monetaria puede acomodar la situación, a fin de no alterar la tasa de interés real. Que es lo que ha hecho el Banco Central en Estados Unidos y Europa.

De los resultados de las políticas de consolidación fiscal

La evaluación de las numerosas políticas de consolidación fiscal aplicadas, cuando se considera un número amplio de países, muestra en el corto plazo efectos negativos en el crecimiento y la distribución del ingreso. A propósito de lo cual el ex economista jefe del FMI, Olivier Blanchard, decía en 2010 que “lo que es necesario en muchos países de economía avanzada es una consolidación creíble de mediano plazo y no una soga fiscal hoy”. Y el 2015 el FMI aconsejaba, a los países de la zona euro con espacio fiscal, que este debería ser usado para apoyar la inversión.

Por otra parte, la consolidación fiscal obsesionada por la baja del déficit fiscal sobre PIB no asegura que la relación deuda pública sobre PIB disminuya o quede constante, para que ello ocurra es necesario que la relación déficit público a PIB sea inferior o igual a la tasa de crecimiento del PIB nominal (crecimiento del PIB real más aumento de precios) multiplicado por deuda pública respecto al PIB (de fines del año pasado).

Así, por ejemplo, en el caso chileno actual, si se quisiera bajar el déficit fiscal respecto al PIB de 3% a 2% y con una tasa de crecimiento del producto nominal de 6% (mitad aumento real y mitad aumento de precios), la deuda pública respecto a PIB aumentaría a un 33%. Si se quiere pensar en mantener el peso del endeudamiento público al nivel que tenía a fines del año pasado, 21,7%, entonces el déficit fiscal debería situarse en torno 1,3% del PIB.

Una segunda observación a la consolidación fiscal es que en general ella, cuando se trata de cortar gasto público, no hace distinción entre gastos corrientes y gastos de inversión en la determinación del saldo presupuestario. Las consecuencias no son menores en el tiempo, según se trate de uno u otro de estos gastos. Se puede pensar en efecto que los gastos de inversión darán lugar a ingresos futuros que ayudarían a reducir el déficit presupuestario, al mismo tiempo que ellos permitirán un aumento de los activos públicos que vendría a ayudar a reducir el endeudamiento público neto.

¿Cuál es el tamaño óptimo de deuda pública sobre PIB? La verdad es que la teoría económica no tiene una respuesta única a este dilema, haciendo honor a la economía como una ciencia social y no una ciencia exacta como la física. Sin embargo, es evidente que una deuda pública muy elevada pone en riesgo la capacidad futura de pago del Estado y le será cada vez más caro y difícil pedir prestado.

Los países del Euro tienen la norma de un límite para la deuda de 60% del PIB del país y un déficit público de 3% del PIB. La crisis Griega reventó cuando su deuda pública llegó a un 185% de su PIB a fines del 2014. Chile va a terminar este año 2017 con una deuda en torno al 25% de su PIB y con poco más del 3% de déficit fiscal; cifras moderadas, sobre todo si se tiene en cuenta además que el stock de activos financieros del Tesoro Publico todavía es significativo, de tal suerte que es posible pensar que existe aún espacio para una política presupuestaria contracíclica, más aún cuando la política monetaria no da el ancho para ello.

Alexis Guardia B.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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