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El aletargado paso de Chile

por 22 enero, 2019

El aletargado paso de Chile
No podemos seguir pensando que el crecimiento seguirá a cargo del cobre, salmón, celulosa o litio. Quizá no lleguemos a desarrollar tecnologías de punta, pero si tenemos una enorme oportunidad de generar un valor agregado real basado en innovaciones de fondo y no solo cambios de forma.
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El éxito de China como potencia económica mundial, radica en su capacidad para evaluar constantemente la gestión de sus personeros y organizaciones, lo que en términos prácticos implica establecer proyectos claros y metas fijas en cuanto a duración, calidad y alternativas más económicas que aseguren resultados igualmente exitosos.

Entonces surge la pregunta: ¿cómo hacer que la economía chilena crezca a un ritmo similar? Si se analizan las cifras de las últimas dos décadas y se contrastan con las variables internas y externas que explicarían el desempeño de nuestra economía, se constata claramente que Chile se está volviendo un país lento y con muy baja capacidad de reacción frente a un escenario internacional que cambia con un ritmo vertiginoso. La capacidad competitiva de los países hoy está dada por la capacidad de adaptarse a los cambios y por la velocidad de reacción frente a estos.

Precisamente, el desafío entonces será cómo transformar a Chile en un país que pueda concretar sus proyectos en los plazos definidos, con los costos, calidades y objetivos previstos inicialmente. Muchos inversionistas extranjeros dejan ver su incomodidad por la poca capacidad que hemos tenido para mejorar la gestión en el desarrollo de los proyectos, en que los timings previstos inicialmente rara vez se cumplen y los resultados finales muchas veces adolecen de las características proyectadas.

Las proyecciones a futuro indican que occidente va a la baja en términos globales, frente a un sudeste asiático, en especial China, que ha comprendido que la velocidad y capacidad de gestión son variables competitivas fundamentales en un mundo que cambia día a día en términos tecnológicos, culturales , educacionales, de integración y trabajo colaborativo.

Los desafíos para países como el nuestro están en desarrollar una mayor capacidad de investigación y desarrollo, una hoja de ruta que permita ver a Chile de aquí al 2050 basado en la velocidad para adaptarse a los cambios actuales y futuros, cuidar el medio ambiente y no solo basarse en agregar valor a la producción nacional. No podemos seguir pensando que el crecimiento seguirá a cargo del cobre, salmón, celulosa o litio. Quizá no lleguemos a desarrollar tecnologías de punta, pero si tenemos una enorme oportunidad de generar un valor agregado real basado en innovaciones de fondo y no solo cambios de forma.

A modo de ejemplo, los temas ambientales no pueden ser una piedra de tope para ejecutar un proyecto. El cambio de ritmo significa acotar las evaluaciones, bajar la burocracia, transparentar los procesos, cumplir con los plazos y mejorar la capacidad de diálogo entre el sector público y los privados. Solo esto nos hará avanzar hacia un verdadero desarrollo.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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