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Elaborada por El Mostrador
IA, noticias y Big Tech: la disputa por quién paga el costo del periodismo
La abogada Ximena Rojas advierte que las plataformas digitales dejaron de ser simples intermediarias entre usuarios y medios: hoy usan inteligencia artificial generativa para sintetizar contenidos, retener audiencias y monetizar información producida por periodistas. La discusión ya llegó al TDLC y
Tomar el celular y preguntar por un conflicto internacional, una crisis política o una noticia de última hora en una plataforma de inteligencia artificial parece, a estas alturas, un gesto cotidiano. La respuesta aparece en segundos: ordenada, sintética, con contexto y apariencia de suficiencia. Todo, literalmente, en la palma de nuestra mano.
Pero detrás de ese resumen hay una cadena mucho menos visible: periodistas que reportearon, medios que editaron, redacciones que publicaron y plataformas que hoy son capaces de tomar ese contenido, procesarlo y entregarlo dentro de sus propios ecosistemas.
Ese es el centro del problema que plantea la abogada Ximena Rojas, especialista en competencia y mercados digitales, al abordar el choque entre inteligencia artificial generativa, Big Tech y medios de comunicación. Lo que antes operaba como una relación de intermediación —el buscador o la red social que conectaba al usuario con una fuente informativa— está mutando hacia un modelo en que las plataformas responden directamente, retienen al usuario y reducen el incentivo de llegar al sitio que produjo originalmente esa información.
“Sin embargo, a través de los años y específicamente, con el advenimiento de la inteligencia artificial generativa, que ahora está integrada en estas plataformas digitales, lo que está pasando es que estas plataformas están pasando de un rol de intermediario a un rol de proveedor directo de la información”, plantea Rojas.
El cambio no es menor. Según la abogada, las plataformas integradas con IA generativa no solo exhiben información elaborada a partir de contenidos producidos por terceros. También la sintetizan, la resumen, la mezclan, la integran a sus respuestas y entrenan sus propios sistemas con ese material. En palabras de Rojas, “hacen un uso de todo el contenido generado por periodistas profesionales, lo utilizan y lo terminan monetizando ellas mismas”.
La consecuencia inmediata es económica, pero también democrática. Si el usuario obtiene la respuesta dentro de la plataforma, el viaje hacia el medio se corta. Y con ello se resiente un modelo que, con todas sus crisis, sigue dependiendo del tráfico, la publicidad y la relación directa con sus audiencias para sostener la producción profesional de información.
“Lo que pasa, y la cuestión más evidente para los medios de comunicación, es que dado que tú puedes leer toda esta información recopilada, sintetizada, por estas plataformas digitales, directamente en estas plataformas digitales, los lectores, los usuarios, no tienen ningún incentivo, todo lo contrario, tienen un disincentivo a hacer clic en la fuente de información. Y ahí está el primer problema”, advierte.
El punto es especialmente sensible para los medios digitales. La información que alimenta a los sistemas de IA no surge de la nada: requiere reporteo, edición, verificación, tiempo profesional y estructuras de publicación. Pero cuando la plataforma entrega una respuesta final sin que el usuario llegue a la fuente original, el medio queda desplazado del vínculo con el lector y, al mismo tiempo, debilitado en su capacidad de financiar el contenido que después es utilizado por terceros.
Rojas lo formula como un proceso de desintermediación. “Primero, una desintermediación entre los medios que generan el contenido y los usuarios que consumen ese contenido. Y ahí viene el problema de que los medios no tienen, finalmente, cómo seguir financiando la creación de ese contenido que consumen los lectores, ya no en las páginas de los medios, sino directamente a través de las plataformas digitales que lo mezclan, lo sintetizan, y lo muestran directamente como si fuera un artículo de un medio”.
La abogada además conecta el debate con un problema mayor: la calidad del ecosistema informativo. Si las plataformas mezclan fuentes, reordenan contenidos y entregan textos sintéticos, el usuario puede perder claridad sobre el origen, la atribución y la confiabilidad de lo que lee. La discusión, entonces, no se agota en la propiedad intelectual ni en los ingresos publicitarios: también toca la trazabilidad de la información pública.
“Se mezclan contenidos, no sabes bien a quién es atribuible ese contenido, porque el contenido es básicamente, como dijimos antes, un artículo”, sostiene Rojas. A eso suma otro riesgo: la degradación progresiva de la información disponible en internet, en la medida en que la IA comience a alimentarse de contenido producido por la propia IA. “Entonces cada vez más la información que va generando, va siendo de peor calidad”, dice.
La vía que está tomando en Chile
En Chile, la discusión ya tiene una vía institucional. Rojas representa a COPESA en un procedimiento no contencioso ante el Tribunal de Defensa de la Libre Competencia, que fue rechazado por el TDLC y ahora se encuentra en la Corte Suprema. El objetivo, explica, no es conseguir una sanción puntual contra una empresa, sino abrir una discusión regulatoria general sobre la remuneración que deberían pagar las plataformas dominantes integradas con inteligencia artificial generativa por el uso de contenidos producidos por medios de comunicación.
“A ver, yo soy representante de Copesa en un procedimiento no contencioso ante el Tribunal de Libre Competencia, que ahora está en la Corte Suprema para, esperando que eventualmente el tribunal lo decida abrir, o que sea ordenado por la Corte Suprema que lo inicie”, señala.
La solicitud apunta a una regulación de carácter general. Según Rojas, el mecanismo debería cubrir a todos los medios y no solo a aquellos con capacidad financiera para litigar individualmente frente a las grandes plataformas tecnológicas. “Aquí lo que estamos solicitando es una regulación una normativa para futuro y prospectiva que cubra a todos los medios no solo a los que tienen espaldas para poder financiar un procedimiento ante el tribunal”, afirma.
La tesis de fondo es que, si las plataformas empiezan a proveer directamente información generada a partir de contenidos periodísticos, pueden terminar afectando el mercado de noticias e información digital. No se trata solo de una disputa comercial entre privados, sino de una redefinición de la cadena de valor del periodismo en el entorno digital.
“Las plataformas están pasando, como dije al principio están pasando ellos a proveer información y están desplazando ya no desplazando, sino que eliminando la necesidad del usuario de llegar al al proveedor real al generador real de esa de esa información, de ese contenido”, sostiene Rojas.
El debate se cruza además con la preocupación generada por el artículo 8 de la denominada Ley Miscelánea, referido al uso de big data y su combinación con inteligencia artificial. Para Rojas, el texto apunta en una dirección contraria a lo que se observa en otras jurisdicciones, donde la tendencia regulatoria avanza hacia mecanismos de protección, compensación o negociación por el uso de contenidos.
“Mira, primero decirte que creo que es importante decirte que yo verdad, de leer la propuesta no la entiendo está como al revés además”, dice. Y luego agrega: “me parece completamente contrario a lo que estamos viendo como tendencia de lo que está pasando en otras jurisdicciones”.
En ese marco, la abogada menciona experiencias o discusiones abiertas en la Unión Europea, Australia, Canadá, Japón y California. A su juicio, el debate chileno no puede quedar reducido a una cláusula perdida dentro de un proyecto amplio, ni pasar por alto el peso que tienen las grandes tecnológicas en estas definiciones.
“Creo que sería muy cándido pensar que aquí no está involucrado algún tipo de lobby por parte de las empresas tecnológicas las big tech básicamente”, advierte.
La disputa recién comienza. Pero el punto de inflexión ya está instalado: si las plataformas de inteligencia artificial usan contenidos periodísticos para entrenar modelos, responder preguntas, retener usuarios y monetizar sus propios servicios, la pregunta que queda abierta es quién financia la producción de esa información. Para los medios, el riesgo no es solo perder clics. Es quedar fuera de una economía digital que se alimenta de su trabajo, pero que podría no devolverles nada a cambio.
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