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Guaidó quiere mostrar a China que Maduro es malo para la empresa

por 4 febrero, 2019

Guaidó quiere mostrar a China que Maduro es malo para la empresa
El joven político, quien está liderando los esfuerzos para derrocar al autoritario líder de Venezuela, ha pedido una “relación transparente” con China, un inversor clave en el país. Juan Guaidó ha afirmado que todos los acuerdos del país asiático con el régimen de Nicolás Maduro serían honrados siempre y cuando estuviesen dentro de la legalidad.
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Guaidó, líder de la Asamblea Nacional, está a la cabeza de un renovado impulso por destituir a Maduro, quien, con el control del Ejército y los tribunales, ha estado al frente de medidas enérgicas contra los manifestantes, la oposición y un desinflamiento de la economía de Venezuela. Las desesperadas condiciones para los ciudadanos de a pie, que luchan contra unos precios cada vez más altos y cortes del suministro eléctrico, han provocado una de las mayores olas de migración de los tiempos modernos.

En una entrevista por escrito, Guaidó dijo que se respetarían todos los acuerdos firmados dentro de la ley. Si los pactos anteriores siguieron el debido proceso de aprobación por la Asamblea Nacional, se aceptarán y respetarán, aclaró.

Guaidó cuenta con el respaldo de países como Estados Unidos y Brasil y está tratando de sofocar el acceso de Maduro a los fondos, principalmente de las exportaciones de petróleo y oro, y los ingresos de empresas controladas por el Estado. China es uno de los mayores inversores de Venezuela y, aunque ha sido aliado de las administraciones socialistas desde el mandato del difunto Hugo Chávez, Guaidó dijo que el país asiático ha sido víctima de la corrupción y la mala gestión económica de Maduro.

Guaidó señaló que quiere establecer una relación transparente con China y poner fin al saqueo de los recursos venezolanos, que prevalecen bajo el Gobierno de Maduro y que en última instancia también afectan a los inversores chinos.

Las respectivas posturas de China y Rusia son decisivas en la capacidad de Maduro de mantenerse en el poder. Los países han llenado el vacío de inversión y seguridad causado por décadas de distanciamiento de Washington y Caracas. Pero el resurgimiento del interés estadounidense complica más las cosas.

Rusia ha apoyado firmemente a Maduro, mientras que China ha sido más ambigua y, en gran parte, ha mostrado una larga política de no interferencia en los asuntos de otros Estados.

Cuando se le preguntó la semana pasada si China aún veía a Maduro como presidente de Venezuela, el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores, Geng Shuang, se limitó a señalar que un enviado especial del presidente Xi Jinping asistió a su inauguración en enero. El viernes, Geng dijo que China ha “mantenido una estrecha comunicación con todas las partes” y que las relaciones “no deben ser socavadas independientemente de cómo evolucione la situación”.

China es el segundo mayor importador de crudo del país, pero recibe los barriles como pago de deuda. Venezuela no ha podido enviar suficiente crudo para cumplir con sus obligaciones en los últimos años debido a que la producción y los precios del crudo han disminuido.

Pekín ha invertido más de US $62.000 millones en Venezuela, principalmente a través de préstamos, desde el 2007. El año pasado, importó el 3,6 por ciento de los suministros de petróleo del país, frente al 5 por ciento en el 2017. En medio de la crisis financiera en septiembre pasado, Maduro voló a Pekín para obtener una línea de crédito de US $5.000 millones de su “hermana mayor”, China. Los gigantes tecnológicos chinos Huawei Technologies Corp. y ZTE Corp. han realizado grandes inversiones en el país.

No todos ven el comportamiento de Pekín como positivo. Ricardo Hausmann, aclamado economista y asesor venezolano de Guaidó y que dirige el Centro para el Desarrollo Internacional de la Universidad de Harvard, ha dicho que el Banco de Desarrollo de China es una “vergüenza”.

China ha mostrado su capacidad para hacer negocios en lugares difíciles anteriormente. Y probablemente aprendió lecciones de Sri Lanka, Malasia y las Maldivas, donde se codeó con líderes autoritarios antes de que un cambio rápido de poder pillara desprevenido al país y nuevos Gobiernos abrieran investigaciones a proyectos y préstamos financiados por China.

“China está esperando a ver”, declaró Pang Zhongying, exdiplomático chino y profesor de relaciones internacionales en la Universidad de Ciencia y Tecnología de Macao. “No se debe asumir que China echará una mano debido a la similitud de los sistemas socialistas”.

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