La millonaria pelea entre Abraham Senerman y el doctor Vidal que amenaza el futuro de la clínica de cirugía estética más grande de Chile
Uno de los cirujanos plásticos más conocidos del país y el empresario inmobiliario gestor del llamado Sanhatann, están enfrascados en una pugna por el control de la nueva Clínica Lo Curro (ex Las Nieves), la mayor en su especialidad del país que, a dos meses de abrir sus puertas, se encuentra con fondos cada vez más escasos para seguir operando.
La ecuación era perfecta: el doctor Pedro Vidal, el primero en realizar cirugías plásticas en televisión (Mega y Canal 13), aportaba el talento médico; Abraham Senerman corría con la remodelación a través de una de sus empresas.
Con la asesoría de Andrés Fuentes, ex cabeza del family office de Alberto Hurtado (Embotelladora Andina), crearon el Fondo de Inversión Privado Senvida. Invitados por el empresario entraron Andrea Heller y Gonzalo Rojas, socios del grupo Bethia, con el que Senerman construyó el edificio Titanium, y los hermanos Claudio y Fabio Traverso, dueños de la empresa de vinagres, aceites y limón envasado Traverso.
A instancias de Vidal, lo hicieron el equipo de cirugía plástica de la Universidad Católica compuesto por cinco especialistas que renunciaron a sus puestos de trabajo por el proyecto; el abogado Lucas Silva; el hermano ingeniero de Vidal y dos amigos médicos que no son cirujanos plásticos.
Entre todos aportaron US$ 14 millones y el Banco de Chile prestó US$ 7 millones a través de un leasing para la compra de la Clínica Las Nieves a su dueño, el médico Mario Mambor, lo que se concretó en abril de 2011.
El entusiasmo por incorporar materiales de lujo, nueva infraestructura médica y hotelera, cambio de fachada hicieron que los $ 1.500 millones iniciales se transformaran en $ 4.000. Y que, en lugar de abrir sus puertas en octubre del año pasado, la clínica estuviese lista en junio cuando se hizo la recepción municipal.
El problema es que el dinero se acabó en diciembre y Senerman corrió con los gastos adicionales —aproximadamente $2.000 millones— incluyendo los costos del personal que permaneció en el centro.
Vidal solicitó una revisión del contrato, lo que alteró al empresario que exige recuperar su plata, el fondo no la tiene y la clínica apenas cuenta con recursos para funcionar.
La pugna derivó en la creación de dos bandos: los que están con el empresario (Heller, Rojas, los Traverso y el ex equipo médico de la UC que se distanció de Vidal), dueños del 59, 11 %; el de Vidal, su hermano y los otros dos doctores, con el 40,82 %.
“Le deben $2 mil millones y el contrato era por administración, todos sabían lo que se estaba haciendo, nadie objetó nada”, sostiene Eduardo de La Maza, abogado de la clínica desde el comienzo y que ahora, dado lo ocurrido, representa a los socios mayoritarios liderados por Senerman.
Por el otro lado, Alfredo Waugh y Pedro Pablo Gutiérrez defienden a Vidal, el socio con más alta participación (28,12 % y un aporte de US$ 4 millones), e intentan llegar a un acuerdo. De lo contrario, sostienen, definirán la estrategia legal a favor de su cliente.
Para que la clínica siga operando y no se atrase en los pagos se requieren recursos que el bando de Senerman está dispuesto a entregar si le pagan la deuda.
Mayoritarios quitan poderes a Vidal
Vidal es acusado de haberse tomado el poder desde que partió el proyecto. “El adoptaba todas las decisiones, tenía el cargo de director general, a él le reportaban el gerente general (Sergio Torres, que renunció) y el director médico”, sostiene de La Maza.
Habla en pasado porque a Vidal se le revocaron todos los poderes tanto en la clínica como en la administradora del fondo y en el fondo mismo, a través de distintas fórmulas —la creación de poderes clase A y B y de categorías 1, 2 y 3— aprobadas por los accionistas mayoritarios en reuniones extraordinarias de directorio con el voto en contra de Vidal y sus abogados.
“En los hechos Senerman y su grupo han decidido tomar el control con prescindencia del doctor Vidal y su grupo, los que tienen un 40 % de la clínica. Ellos quedan excluidos y no pueden tomar ninguna decisión”, alega Alfredo Waugh.
Los actuales controladores están integrados por Senerman con un 13,43 % y un aporte de US$ 1,88 millones al fondo; los Traverso (11,05 %); la sociedad de Heller y Rojas (7,37 %), Rojas por cuenta propia (2,22 %). Más los cinco ex médicos de la UC (16,2 %) y el abogado Lucas Silva (8,84 %), que estaban con Vidal, pero se cambiaron de bando.
El médico cuenta con el apoyo de su hermano (7,47 %) y los dos profesionales que no son especialistas plásticos (5,23 %).
“El doctor Vidal es el único que está operando en la clínica. El no cumplió con su parte, no hay doctores, porque los que trajo (los ex UC) se distanciaron de él”, explica de la Maza.
El crédito que el Banco de Chile suspendió
Hace un mes la clínica solicitó un crédito por $ 2.000 millones al Banco de Chile. Fue aprobado, pero no se le entregó, lo que desató una ola de recriminaciones entre unos y otros.
En este punto —clave para el futuro del proyecto— hay versiones contrapuestas. La de Vidal que asegura que el banco se enteró que ese dinero iría a saldar la deuda con Senerman y su interés era que se destinara a capital de trabajo para que la clínica pudiese llegar al equilibrio en abril próximo.
Y la de la contraparte que afirma que era un crédito para fines generales y que el banco jamás se preocupó del destino que se le daría.
Un poco antes de la negativa del banco los socios mayoritarios aprobaron —en una reunión extraordinaria de aportantes— el aumento de capital en $ 1.350 millones por la vía de préstamos a la sociedad o de nuevos aportes.
El bando de Senerman está dispuesto a poner más recursos y así conseguir que el Banco de Chile otorgue el crédito. De esa forma, la clínica puede seguir operando y le paga la deuda al empresario.
Puede que no sea tan simple. Vidal está dispuesto a ejercer sus derechos y sus abogados están revisando minuciosamente todo lo obrado por la contraparte.
Una historia de no creer: cómo un médico reconocido que ponía el nombre; un empresario, su trayectoria inmobiliaria de 50 años; un grupo de aportantes, entre ellos, Heller y Rojas, dueños un patrimonio gigantesco, terminaron enfrascados en una pelea de esta magnitud parece incomprensible.
Lo que sí está claro es que los gestores —Senerman y Vidal—, que se conocían de antes y se apreciaban, ahora perdieron el afecto societario.