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Aumentó la desigualdad. La pregunta es: ¿qué tanto?

por 30 diciembre, 2019

Aumentó la desigualdad. La pregunta es: ¿qué tanto?
La desigualdad de ingresos también es difícil de medir por diferentes razones. Los ingresos se informan en los impuestos, aunque los economistas deben adivinar cuánta evasión hay en juego. Las corporaciones obtienen muchos ingresos en papel, y está la cuestión de cuánto de eso realmente pertenece a los propietarios de las corporaciones. Esto se vuelve más importante cuando se calcula el reparto de ingresos de las personas con mayores ingresos, que obtienen la mayor parte de sus ingresos de las tenencias de activos (al menos sobre papel). Otro problema es cómo cambian los ingresos por los impuestos y las transferencias. ¿Debería un dólar de gasto público en salud contar como un dólar de ingresos para los beneficiarios?
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Por Noah Smith

La desigualdad en Estados Unidos ha aumentado mucho durante las últimas décadas. Esto ha provocado indignación entre segmentos del público, generado preocupación entre economistas y otros científicos sociales y revitalizado el movimiento socialista de EE.UU.

Gran parte del debate ha sido impulsado por el trabajo de tres economistas franceses: Thomas Piketty, Emmanuel Saez y Gabriel Zucman. El trío ha realizado una gran cantidad de trabajo impresionante, profundizando en archivos históricos y reuniendo una amplia gama de fuentes de datos modernas para representar gráficamente cómo los ingresos y la riqueza se han concentrado más. También han ayudado a diseñar algunos de los planes tributarios demócratas más audaces.

Pero, ¿qué pasa si los tres economistas franceses han exagerado su argumento? Otros economistas comienzan a cuestionarse si la desigualdad ha aumentado tanto como afirman Piketty, Saez y Zucman. Incluso el gráfico más bonito es tan bueno como las suposiciones subyacentes y el cálculo de las cifras de desigualdad requiere una gran cantidad de suposiciones.

Para la distribución de la riqueza, el gran problema es que es difícil hallar buenos datos. Debido a que los estadounidenses no están obligados a informar su riqueza total para efectos fiscales, esta se debe estimar. Una forma de estimarla es revisando informes como la Encuesta de Finanzas del Consumidor, luego tratar de adivinar qué tan representativas son esas encuestas. Otra forma es analizando el ingreso de capital de los que más ganan (que sí debe informarse a efectos fiscales) e intentar estimar el valor de los activos subyacentes que generan ese ingreso.

Ambos métodos implican muchas conjeturas. Por ejemplo, un artículo de 2016 de Saez y Zucman halló que el 1% superior de la distribución de la riqueza poseía 28,1% de la riqueza nacional en 1990 y que esto aumentó a un enorme 41,8% en 2012. Pero algunos economistas de la Reserva Federal hallaron una menor concentración y una tasa de aumento más moderada:

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Entretanto, un equipo de economistas de Brookings halló una concentración de riqueza ligeramente superior a la estimada por la Fed, pero igual mucho más baja que la de los economistas franceses. Además, los economistas Matthew Smith, Owen Zidar y Eric Zwick, utilizaron una variante del enfoque Saez-Zucman y encontraron cifras muy similares a las de la Fed.

En otras palabras, la mayoría de economistas piensan que el 1% superior posee aproximadamente 30% de la riqueza del país, pero el trío francés cree que es más de 40%. Todos están de acuerdo en que la riqueza está muy concentrada en la cima y que esta concentración ha aumentado, pero los dos porcentajes son lo suficientemente diferentes como para contar historias diferentes sobre lo que sucedió durante las últimas décadas. La diferencia podría cambiar la opinión de algunas personas sobre si es necesaria una revisión drástica e inmediata del sistema económico de EE.UU. o si la desigualdad se puede corregir sin un cambio revolucionario.

La desigualdad de ingresos también es difícil de medir por diferentes razones. Los ingresos se informan en los impuestos, aunque los economistas deben adivinar cuánta evasión hay en juego. Las corporaciones obtienen muchos ingresos en papel, y está la cuestión de cuánto de eso realmente pertenece a los propietarios de las corporaciones. Esto se vuelve más importante cuando se calcula el reparto de ingresos de las personas con mayores ingresos, que obtienen la mayor parte de sus ingresos de las tenencias de activos (al menos sobre papel). Otro problema es cómo cambian los ingresos por los impuestos y las transferencias. ¿Debería un dólar de gasto público en salud contar como un dólar de ingresos para los beneficiarios?

Diferentes respuestas a preguntas como estas pueden producir panoramas muy diferentes de la concentración de ingresos. Piketty y Saez estimaron que el 0,1% superior ganaba 12% del ingreso nacional en 2012; la Fed y el equipo de Brookings obtuvieron un porcentaje cercano al 8%, solo un poco más que a fines de la década de 1980. Entretanto, un artículo de 2018 de Piketty, Saez y Zucman indica que incluso después de tener en cuenta los impuestos y las transferencias, el 1% superior pasó de percibir aproximadamente 10% de los ingresos nacionales a fines de la década de 1980 a más de 15% a mediados de la década de 2010. Sin embargo, un artículo de Gerald Auten y David Splinter halla porcentajes más cercanos al 7% y 9%, respectivamente. Un análisis de la Oficina de Presupuesto del Congreso llega a cifras comprendidas entre los dos porcentajes, aunque un poco más cercanas a la estimación del trío francés.

¿Cómo debemos reaccionar ante estos números diferentes? En esta era de datos, la política estará influenciada por las cifras de aquellos en los que usted cree. Pero incluso a la mayoría de los economistas les resultará difícil sumergirse en los diversos conjuntos de supuestos y determinar cuáles son más plausibles. Además, la mayoría de los observadores no están equipados para hacer tanto.

La ideología también hace que sea más difícil evaluar afirmaciones conflictivas. Si uno se cree la historia de que los plutócratas compran y pagan a los principales economistas estadounidenses, entonces uno tendrá tendencia a confiar en el trío francés. Si se cree que la mayoría de los economistas generalmente están haciendo todo lo posible para llegar a la verdad, o que el equipo francés es tan parcial como los demás, entonces probablemente se asumirá que la verdad está en algún punto entre los dos extremos.

El camino más prudente es probablemente creer en la generalidad de las tendencias. Casi todos están de acuerdo en que la riqueza y los ingresos se han concentrado más en la cima en las últimas décadas. Por lo tanto, independientemente de los cambios de política que se realicen, deben ir en la dirección progresiva. Así, la simple prudencia dicta que EE.UU. debería iniciar con correctivos moderados en lugar de un cambio radical basado en el conjunto de cifras más extremo y alarmante.

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