Economistas difieren por impacto que tendría desaceleración del PIB en reformas de Bachelet
El próximo 11 de marzo comenzará a correr el tiempo para la Presidenta electa Michelle Bachelet, ya que uno de los compromisos de su campaña fue que en los primeros 100 días implementaría y enviaría al Congreso, en el caso de las materias que necesiten proyecto de ley, 50 medidas prioritarias de su programa.
Entre las más importantes y que serán los ejes estructurales del próximo gobierno se encuentran las reformas a la educación, constitucional y tributaria. Esta última, que buscará recaudar tres puntos del PIB en régimen, es decir, unos US$8.200 millones, será la base para contar con los ingresos necesarios, por ejemplo, para educación, protección social y corregir el déficit fiscal estructural de un 1% que dejará la administración de Sebastián Piñera.
Sin embargo, el panorama económico bastante más frío que se prevé para este año, ha abierto una interrogante acerca de si esta mayor desaceleración que está mostrando el PIB podría modificar en algo ya sea la orientación, la profundidad y/o la gradualidad de los cambios propuestos por Bachelet.
Al respecto, en entrevista con PULSO el ex presidente del Banco Central, Vittorio Corbo, planteó que el tema del (poco) crecimiento cobrará cada vez más relevancia en la agenda de la nueva mandataria, ya que al asumir se encontrará con una economía “creciendo menos que el potencial”, lo que condicionaría su actuar. De hecho, sostuvo, esta situación podría tener un impacto en sus reformas al generar una menor recaudación.
“Lo que ocurre es que muchas reformas pueden tener menos efectos de lo esperado, por el hecho de que van a haber menos recursos”, dijo Crobo en esa entrevista.
Consultados sobre la materia, un grupo de seis economistas difirió en dicha influencia, dependiendo de su sensibilidad política. Los más cercanos a la centroderecha avalaron la visión de Corbo, mientras los de oposición más bien la desestimaron.
Visión de expertos. A inicios de 2013, las expectativas de expansión para la economía chilena se situaban en torno a 5% para 2014, lo que hacia mediados de año se moderó a 4,5%. Pero ahora las proyecciones se han deteriorado aún más y ya se habla de un crecimiento entre 3,5% y 4%, e incluso menos.
Frente a ello, el gerente general de Gemines, Tomás Izquierdo, considera que el panorama económico que está presentando Chile debería llamar a la prudencia de las nuevas autoridades y a moderar el discurso, debido a las altas expectativas generadas.
“Desde el punto de vista estratégico, esta desaceleración más rápida de lo esperada y el alza del tipo de cambio, invita a las autoridades a ser más mesuradas al momento de la elección del gabinete y de la implementación de sus medidas, de manera de disminuir las aprensiones, los temores y el ruido que genera la aplicación del programa”, señala.
Esta mirada es compartida por el socio de Econsult RS Capital, Gonzalo Sanhueza, quien indica que el escenario menos favorable generaría cierta restricción en la implementación del programa de Bachelet.
“Eso (desaceleración económica y posible alza del desempleo) claramente va a tener un efecto en la confianza de los consumidores y en la popularidad del gobierno. Entonces ésta va a ser una preocupación más, lo que creo constituirá una restricción”, asevera.
Por su parte, para el ex ministro de Hacienda (1982 – 1983), Rolf Lüders, el enfriamiento de la actividad se traduciría en una menor recaudación tributaria que no afectaría el tenor del programa de Bachelet en el mediano y largo plazo, pero sí su gradualidad. “La velocidad de los cambios se podría reducir”, manifiesta.
Si bien varios economistas han señalado que la reducción del dinamismo del PIB responde, mayoritariamente, al fin de la reconstrucción y la maduración de las inversiones en minería, Lüders cree que tiene bastante que ver con las expectativas generadas por los anuncios de la administración entrante.
“El gobierno necesariamente va a tener que considerar los efectos de la recaudación de la reforma tributaria sobre los incentivos para la inversión, pero eso tendría que hacerse con o si desaceleración económica”, afirma.
En la vereda contraria, los ex ministros de Hacienda de la Concertación, Alejandro Foxley (1990 – 1994) y Eduardo Aninat (1994 – 1990), y el economista de la Universidad de Chile, Ricardo Ffrench – Davis, refutan esa visión.
En general estiman que el impacto del menor crecimiento en el tenor o timing de las reformas de la mandataria electa será prácticamente nulos, por cuanto dicha tendencia económica para 2014 ya estaba incorporada al momento de decidir las medidas a implementar.
“En las nuevas autoridades hay plena conciencia de que esta desaceleración estaba en proceso, venía ya desde 2012 y claramente de 2013. Eso no quiere decir que la economía se esté frenando, sino que estamos topando techo. Entonces tiene que estar incorporado previamente”, expresa Ffrench – Davis.
Desde el equipo de la Presidenta electa que está a cargo de implementar las primeras 50 medidas, aseguran que, pese a la mayor desaceleración económica, “no ha habido ningún cambio, ni tampoco ninguna orientación de cambio, más bien al contrario, lo que se ha pedido es ajustarse con la mayor precisión posible al cumplimiento de las medidas”.
En lo que sí los expertos consultados estuvieron todos de acuerdo, es en la relevancia de la composición del gabinete que acompañará a Bachelet y en la capacidad de gobernabilidad que éste otorgue.
En ese sentido, Eduardo Aninat señala que “la potencialidad que pueda o no tener el programa, que está bien completo, radica mucho en la conformación de los equipos, el equilibrio de éstos y la capacidad de gobernabilidad que den; eso será la clave”.
Y agrega que cualquiera sea el gabinete que viene, tendrá que actuar con mucha previsión, mucha prudencia y cautela, particularmente en el área económica, hasta no interpretar y digerir bien los nuevos signos que tiene el contexto económico – internacional para Chile.
En está misma línea, Izquierdo le otorga gran relevancia a la elección de los futuros secretarios de Estado: “Los ministros van a tener que ser capaces de administrar las presiones sociales para que no se desborden; y ese es un gran desafío. Ello aconseja un gabinete con amplia experiencia y manejo político, no necesariamente capacidad técnica”.
Enfatiza que un gabinete con capacidad de negociación y de lograr acuerdos es importante, considerando de antemano que al interior de la Nueva Mayoría existen diferencias sobre cómo aplicar e implementar la reforma tributaria. “Dado a esas diferencias, va a ser muy distinta al proyecto original”, espera.
Sanhueza también realza la relevancia de los ministros que acompañen a Bachelet, pero colocando un énfasis distinto en relación al perfil más apto. Su apuesta es por un gabinete con más presencia de técnicos, sobre todo en las carteras económicas que deberán dar cuerpo a la reforma tributaria.
“En la parte económica tiene que haber una combinación entre político y técnico. Lo que necesitamos es que haya buenos técnicos que entiendan de temas tributarios, porque son los que van a tener que defender y llevar a cabo la aprobación de estos proyectos. Lo que se requiere es gente con experiencia, porque es un tema muy complejo”, plantea.