domingo, 24 de enero de 2021 Actualizado a las 08:38

Opinión

No voto: contra la democracia mínima y los lugares comunes

por 22 octubre, 2016

No voto: contra la democracia mínima y los lugares comunes
Me niego a seguir sustentando el equívoco de la adhesión incondicional a un progresismo sin rumbo y sin vergüenza. No quiero aceptar que tengo que elegir entre variaciones menores del paternalismo y del elitismo. Ya no más.
  • Compartir
  • Twittear
  • Compartir
  • Imprimir
  • Enviar por mail
  • Rectificar

Salvo que tenga buenas razones para votar, no lo haga. Si lo va a hacer por inercia, porque ‘es lo correcto’, evite hacerlo. Si se inclina a votar porque ha creído en el chantaje de que solo el voto lo hace ciudadano, entonces absténgase. Si lo han convencido de que la ciudadanía es la que vota y la que marcha son ‘las masas’, es que no ha aprendido mucho de estos años de movilizaciones sin respuestas. Si no tiene un candidato que valga la pena, no vote. No desperdicie su voto si la votación no le ofrece nada que elegir. Si está dispuesto a renovar la fe en los políticos y el cheque en blanco en las instituciones que sustituyen su derecho a elegir con el derecho a votar, entonces ¡vote no más!

En mi situación, yo no voy a votar, porque esa es la manera más elocuente y eficiente de respetar la seriedad del voto y de fortalecer la democracia. Mi voto no tiene un proyecto específico al que responder ni tiene a nadie que elegir. No tengo por quien votar ni tengo opciones entre las cuales decidir. Si estuviera a mi alcance, tal vez votaría por Jadue o por Josefina Errázuriz. Jadue supo salir adelante con una necesidad sentida de los chilenos y Josefa supo retroceder ante la opinión de la gente. A mí me tocaría votar por Raúl Donkaster, un operador político de poca categoría que no lo merece.

No lo digo con soberbia sino con algo de desánimo. Personalmente, a nivel comunal, no tengo motivos para votar y, en el plano del sondeo político nacional, tengo todos los motivos para no votar. Es primera vez en mi vida que, pudiendo hacerlo, no voy a votar. Y espero que sea la última vez.

Me niego a seguir sustentando el equívoco de la adhesión incondicional a un progresismo sin rumbo y sin vergüenza. No quiero aceptar que tengo que elegir entre variaciones menores del paternalismo y del elitismo. Ya no más.

Votar, hoy por hoy, no es la única ni la mejor manera de hacer valer una opinión política. La única manera de que mi voto cuente es como ausente. Blanco y nulo son aceptaciones de la segregación política que se ha producido y de la que no sabemos cómo salir.

No voy a votar por respeto al voto y a la democracia. Necesitamos el derecho a votar. Es la esencia de la democracia y la democracia, gracias al voto universal, es la consagración de la igualdad de los ciudadanos. Es en razón de esta igualdad consagrada y sostenida por el hilo delgado de la democracia que tenemos la posibilidad de poner el problema de las pensiones y los abusos contra las mujeres y los consumidores sobre la mesa.

No es aceptable que nos obliguen a conformarnos con votar, que nos pasen gatos por liebre y votos por vínculos democráticos. Esta es la oportunidad de insistir en elecciones vinculantes y en representantes responsables ante la gente que los eligió. ¿De lo contrario, qué se elige?

No voy a votar porque valoro la responsabilidad del voto. Este es justamente el momento de que se valore lo que significa no contar con él en las cantidades mínimas. Si menos de un 40% vota y, mejor todavía, si los votos blancos y nulos suman menos de 10%, esto querrá decir que votaron solo los que tienen verdaderos buenos motivos y no los que siguieron irreflexivamente las instrucciones de tránsito de los que se conforman con una democracia mínima alimentada de lugares comunes.

No voy a votar porque valoro la responsabilidad del voto. Este es justamente el momento de que se valore lo que significa no contar con él en las cantidades mínimas. Si menos de un 40% vota y, mejor todavía, si los votos blancos y nulos suman menos de 10%, esto querrá decir que votaron solo los que tienen verdaderos buenos motivos y no los que siguieron irreflexivamente las instrucciones de tránsito de los que se conforman con una democracia mínima alimentada de lugares comunes.

En esta ocasión la abstención es una manera de hacer elocuente el voto.

Esta son dos elecciones: se eligen alcaldes y concejales, pero también se plebiscita el sistema político. Se hace un juicio ciudadano a las inconsistencias y las exclusiones del sistema. La lógica del ‘vote si quiere’ debe ser llevada hasta sus últimas consecuencias. Una abstención del 61% haría difícil de eludir la escasa sustentación del sistema político actual.

La elección local es una cosa y el plebiscito nacional contenido en ella es otra. Si tiene buenos motivos y alguien en quien confiar, vote. Si va a votar por inercia medite en lo siguiente:

Una votación mediana sobre un 40%, va a permitir, todavía, mantener el discurso y la actitud que independiza al poder político del ánimo social y de los problemas ciudadanos. Esto significa, políticos que una vez electos solo responden a otros políticos, sin necesidad de tomar en cuenta a la gente.

Las preguntas que me hice para intentar tomar una posición ante esta precisa invitación a votar, partieron por averiguar si alguna candidatura ha encontrado un mecanismo real, discreto, cotidiano y eficiente para asegurar la participación ciudadana. No sé si alguno, allá en la jaula institucional, habrá encontrado una brecha, una cerradura secreta, un pasaje dentro del armario, para que la ciudadanía pueda ejercer su soberanía; no pasando a llevar a las autoridades sino colaborando con su labor y ejerciendo una capacidad ciudadana para revocar directamente los mandatos desvirtuados.

Pero esta capacidad de revocación no se ha inventado todavía. Tampoco se ha creado una manera de que la ciudadanía elabore y valide propuestas que se puedan someter al voto vinculante de los vecinos. Es verdad que a nivel comunal hay más escucha y mejor acogida a las voces de la gente. Pero necesitamos instituciones en que la voz de los ciudadanos conduzca a acuerdos vinculantes con la autoridad.

El ejercicio de la responsabilidad y los acuerdos vinculantes, son las dos condiciones que debe tener la mecánica democrática para animar una convivencia creativa y respetuosa en el barrio. Sin ese mínimo de compromiso con la ciudadanía, en esta vuelta, prefiero pasar.

Más información sobre El Mostrador

Videos

Noticias

Blogs y Opinión

Columnas
Cartas al Director
Cartas al Director

Noticias del día

TV