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Heinz Dieterich: “El peligro es que Venezuela caiga en manos de un grupo inepto y neoliberal al servicio de Washington, encabezado por Guaidó” MUNDO Crédito: Agencia EFE

Heinz Dieterich: “El peligro es que Venezuela caiga en manos de un grupo inepto y neoliberal al servicio de Washington, encabezado por Guaidó”

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El sociólogo y economista alemán Heinz Dieterich, ideólogo del Socialismo del Siglo XXI y ex asesor del difunto presidente venezolano Hugo Chávez, advierte sobre los riesgos de una futura transición en Venezuela.


En esta segunda parte de la entrevista, el ideólogo de izquierda Heinz Dieterich habla sobre el papel de las Fuerzas Armadas en Venezuela y los imponderables en torno a una futura transición política post-Maduro en el país caribeño.

DW: ¿Es plausible el surgimiento en Venezuela de una dictadura militar?

Heinz Dieterich: No hay condiciones para una dictadura militar. Ni los militares quieren dirigir un país que está destruído. Se necesita un Plan Marshall con inversiones de hasta unos 60.000 millones de dólares para reconstruír el país. Se tendrá que pedir más sacrificios a la población y los militares no quieren ese paquete. Además están desprestigiados y tampoco Washington quiere que los militares gobiernen el país.

¿Qué modelo desearía Estados Unidos?

Aunque el Ejército es el único aparato funcional y poderoso en el actual sistema de Venezuela, Washington quiere un gobierno con fachada civil apoyado por determinados sectores de las Fuerzas Armadas. Es decir, un gobierno civil pero cambiando la correlación en las Fuerzas Armadas para tener una fracción que les garantice el petróleo, la seguridad interna, y que la política monroista en América Latina se lleve a cabo. Pero no quiere pagar el costo político que significa entronizar un gobierno en uniforme. Eso no les conviene ni es necesario hacerlo.

Hay quienes sostienen que se trata de un golpe de Estado orquestado por Estados Unidos…

Por supuesto que es un golpe de Estado. El ministro del Exterior de Ucrania, Pablo Klimkin, reconoció públicamente que es una repetición de la operación de la Plaza Maidán en Ucrania, con la cual derrocaron al entonces presidente Viktor Yanukóvich, que tuvo que refugiarse en Rusia. En esa operación en Ucrania, como dijo una subsecretaria de Estado de EE.UU., Washington invirtió 5.000 millones de dólares para crear las condiciones para cambiar de gobierno «redeem change» como lo llaman.  Associated Press reveló que Guaidó hizo una gira clandestina a Estados Unidos, Brasil y Colombia, en donde acordaron el plan de operaciones para este golpe de Estado. Washington acaba de confiscar todos los activos de la petrolera estatal PDVSA.

¿Serían unos 7.000 millones de dólares los activos afectados por esas sanciones?

Además, el Banco de Inglaterra se negó a regresar el oro venezolano, unos 1.200 millones de dólares, que está en sus depósitos en Londres. Nada legal existe para la política de Washington y sus aliados europeos y Japón. No hay ningún mandato del Consejo de Seguridad de la ONU que pueda haber permitido un procedimiento de este tipo. El derecho internacional y la arquitectura de seguridad global después de 1945 es absolutamente clara. Después de la guerra de agresión de Hitler, según Naciones Unidas no sólo no se puede usar la fuerza de un Estado hacia otro, sino que es una violación del derecho internacional tan sólo amenazar con el uso de la fuerza.

Pero hemos visto un gran cinismo en ese Consejo de Seguridad de la ONU en la guerra en Siria, y ahora en Venezuela. En el debate reciente, China y Rusia incluso vetaron un reconocimiento de la Asamblea Nacional como institución democráticamente electa….

El problema de la relación entre los Estados actuales es que las grandes potencias -que básicamente son cuatro; la Unión Europea, Estados Unidos, Rusia y China- no necesitan ninguna ley para actuar. El sistema mundial es un sistema social darwinista, en donde rige la ley del más fuerte. Hay una idea que determina la práctica de los imperios, que se atribuyen el derecho a determinar qué sucede en sus esferas de influencia. Esa era la doctrina Monroe en Estados Unidos en el siglo XIX; después Hitler reclamó el derecho de los nazis de usarla para la dominación regional en Europa. Todos los imperios actúan de esa forma, y sólo hacen uso del derecho cuando les conviene. Y por supuesto su principal objetivo es garantizar sus intereses.

Como Washington dominaba el mundo podía hacer los cambios de gobierno en Ucrania, en Irak y ahora en Venezuela. Lo que ha cambiado es que Rusia es militarmente mucho más fuerte que Estados Unidos, con un avance de hasta unos 15 años en tecnología militar, aunque Washington no lo reconoce. China igualmente es económica y militarmente tan poderosa como Estados Unidos. Pero la élite en Washington piensa que está en la misma situación que en 1990 tras el quiebre de la Unión Soviética, cuando podía imponer sus intereses sin consultar.

¿Eso explica la agresiva retórica del presidente de Estados Unidos?

Esto nos mantiene permanentemente al borde de una guerra nuclear, ya sea por Taiwán, ya sea por el petróleo de Venezuela, o por Ucrania. Washington desconoce el derecho internacional después de haberlo él mismo conformado en 1945. Lo que se llamaba arquitectura de seguridad jurídica y política, construída a partir de 1944-1945, no se ha sustituído por un nuevo corpus de leyes que permita la coexistencia pacífica. Estamos en el fondo en una situación de anarquía con nuevas potencias emergentes como Rusia y China que reclaman una redefinición de la coexistencia y cohabitación de los Estados y Washington no acepta esto. Así es como estamos en una era en donde impera la ley del más fuerte, lo que es extremadamente peligroso en tiempos de armas nucleares.

¿Cuál es el desenlace que prevé en Venezuela?

El peligro que yo veo es que el gobierno caiga en manos de un grupo inepto y neoliberal al servicio de Washington, encabezado por Guaidó. Ninguna de las dos soluciones (Guaidó o Maduro) es la que necesita el país, pero esas son las dos fuerzas que están en lucha. Lo que decidirá el futuro de Venezuela son las condiciones de la transición tras la salida de Maduro, que son negociables. ¿Quién organiza las próximas elecciones? No puede ser el Instituto Nacional Electoral, que respalda a Maduro, pero tampoco puede ser una institución de los vencedores. ¿Quién va a ser candidato en una competencia limpia a nivel nacional entre partidos con suficiente sustancia democrática? Nada de esto se ha definido. ¿En qué plazo se va a definir la elección? ¿Va a ser Guaidó presidente interino por un año o dos, o por tres meses?

¿Y quién garantiza que no habrá una matanza como en Colombia, donde bajo el gobierno de Duque se está matando sistemáticamente a sindicalistas y a ex miembros de la guerrilla? ¿Quién impide la venganza sangrienta de los nuevos en el gobierno? Una solución posible es lo que se hizo en Nicaragua en 1989; la solución sandinista. Se entrega el gobierno a Guaidó que va a ganar las elecciones, pero las Fuerzas Armadas y la Policía quedan bajo control de militares democráticos. Los que están ahora encarcelados, como el general Raúl Isaías Baduel, y el general Miguel Rodríguez Torres, entre otros. Es la única garantía de que se pueda encauzar al país. Más allá de rencores, venganzas y resentimientos, hay que posibilitar una reconstrucción pacífica. Todo esto se tiene que negociar.

También está el tablero internacional, con los intereses de las grandes potencias…

Por un lado está Washington, con sus representantes locales, pero por otra parte está China, que ha invertido unos 60.000 millones de dólares, Rusia que ha invertido también miles de millones. Por supuesto, las fuerzas chavistas y prodemocráticas. Todo esto se tiene que negociar y ése será el momento decisivo en la situación en Venezuela. ¿Quién determinará las condiciones de transición? Lo ideal sería que fuera un grupo equilibrado de Naciones Unidas, pero hay que ver si la correlación de fuerzas permite esto o si Washington intentará unilateralmente imponer sus intereses.

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