Un panzer en Washington
Lograr la designación del Ministro del Interior José Miguel Insulza a la Secretaría General de la Organización de Estados Americanos es un importante triunfo de la política exterior chilena. Insulza y el Presidente Lagos elaboraron una propuesta para repotenciar la intrascendente organización multilateral y para lograr el triunfo fueron capaces de construir un importante respaldo regional. Luego la Cancillería implementó el plan de acción que culminó con éxito el 2 de mayo cuando el plenario de la OEA eligió a Insulza como su nuevo Secretario General.
La candidatura de Insulza logró desde el inicio fuerte respaldo en los principales países de América del Sur, sobre todo Brasil. El Presidente Luiz Inácio Lula da Silva hizo todo lo posible para respaldar la campaña de Insulza y potenciar su propuesta para la OEA. Lo mismo ocurrió con Venezuela, donde Hugo Chávez hizo los esfuerzos necesarios para ganar los votos de su zona de influencia.
Fue precisamente en el Caribe donde se gestó la victoria de Insulza. La visita de Lagos a la reunión del Caricom en febrero, acompañado por Insulza, logró cimentar una base de apoyo y votos que pasó a ser «el núcleo duro» que resistió las cinco rondas de votación del pasado 11 de abril.
El apoyo de la región del Caribe inglés, que por razones históricas, lingüísticas y económicas siempre ha mirado hacia Canadá y obviamente a Estados Unidos, es un hecho clave; más aún si se considera que Canadá se jugó por el Canciller mexicano Luis Ernesto Derbez, mientras que Washington apoyaba la candidatura de Fernando Flores, ex presidente salvadoreño y niño mimado de Bush.
En esa división la candidatura de Insulza caló profundo. Venezuela y obviamente Cuba, países fuertes del Caribe, hicieron un importante lobby por Insulza por los llamados «backchannels» o canales diplomáticos reservados. Su propuesta fue ratificada por casi el pleno del Caricom.
La propuesta Insulza para la OEA, tal como la describiera el Presidente Lagos, es una mirada puesta en el siglo XXI que «reclama nuevas realidades en nuestro continente». Esas realidades incluyen «el multilateralismo como la opción estratégica para dar estabilidad entre los países» y la urgencia de «practicar la palabra cooperación en un mundo cada vez más global, para que ningún país se quede atrás», y por último que «es hora de que (la OEA) se abra al mundo.»
La fuerza de estas ideas, según Lagos, logró vigorizar la candidatura, transformarla luego en política de Estado y captar el crucial apoyo de Brasil, que actuó como fiel sostén de la propuesta.
Esta es la realidad que constató en terreno la canciller norteamericana Condoleezza Rice al aterrizar la semana pasada en Brasilia dentro de su gira por la región. El Presidente Lula da Silva fue categórico en decirle que los países del Mercosur apoyaban irrestrictamente a Insulza a la Secretaría General de la OEA.
Ello le fue confirmado luego por el gobierno de Colombia, el mejor aliado de Washington en la región. El Presidente Álvaro Uribe informó a Rice que su candidato Derbez simplemente no tenía los votos para ganar la elección del lunes.
Con ese escenario en la mano, Rice aterrizó en Santiago el jueves pasado y escuchó de boca de Lagos que Insulza no se bajaba y que ya contaban con los votos para ganar la elección.
A Rice no le quedó más remedio que poner al mal tiempo buena cara y reducir el daño que sufriría la imagen de Estados Unidos si forzaba el voto y lo perdía. Estados Unidos no podía permitirse el riesgo de llegar a la elección apoyando al seguro perdedor. Ya había perdido credibilidad cuando tuvo que bajar a su candidato Flores y entregar toda su artillería a Derbez.
Como dijo correctamente Michael Shifter, vicepresidente del Diálogo Interamericano de Washington, Rice le quitó el piso a Derbez por una decisión política: había que hacer un rápido «control de daños», salir del embrollo lo mejor parados posible y «rescatar la reputación e influencia» de Washington en la región.
De allí que poner a Insulza al mando de la OEA, con un claro programa para repotenciarla y acabar con su carácter de referente de la guerra fría y mero instrumento de los intereses hemisféricos de Washington, sea efectivamente un importante triunfo de la política exterior chilena.
Los primeros pasos de Insulza al frente de la OEA serán probablemente apagar el incendio en Ecuador, vigilar que las elecciones en Nicaragua sean libres y soberanas y reorganizar la entidad, pero también darle el perfil que requiere y formular políticas que hablen por la región en foros internacionales como la ronda de Doha de la Organización Mundial de Comercio.
Es allí donde los países del Caricom han depositado su apoyo en Insulza. Incluso Lagos lo dijo: la OEA debe hablar con una visión global, más allá de las fronteras del continente. Por ejemplo, tener una sola postura ante la OMC.
El Caribe ha visto cómo los grandes bloques comerciales cada vez más proteccionistas les han ido cerrando las puertas e impuesto cuotas a los productos agrícolas que ellos exportan.
Por su parte, la fuerte alianza Chile-Brasil es importante de destacar. Brasil se ha transformado en un aliado -digámoslo- estratégico de Chile. Ambos gobiernos ven el mundo globalizado con la misma óptica. La Moneda y el Planalto han potenciado una Unión de Naciones Sudamericanas por sobre un problemático Mercosur. Esta estrategia se nota en Buenos Aires, donde el canciller Rafael Bielsa manifiesta que «hay estrategias diplomáticas opuestas» con Brasil.
Con la llegada de Insulza a la OEA quedan en el ridículo quienes hacían tenebrosos comentarios sobre el aislamiento de Chile en la región. Las actuales fricciones con Perú y Bolivia responden a los problemas de dos gobiernos al borde del abismo que usan todas las artimañas a su disposición para desviar la atención pública de su grave situación interna.
De México no es mucho lo que se puede decir. El gobierno del Presidente Vicente Fox lleva tres años entre el estancamiento y la crisis y tiene pocas proyecciones más allá de acabar su mandato en el mejor pie posible. El que el propio Congreso mexicano haya votado una moción pidiéndole a Fox que retirase la candidatura de Derbez es elocuente sobre su poco afortunada situación interna. El poco prestigio y los escándalos de su administración hacen poco posible que su partido repita el triunfo en las próximas elecciones.
El Presidente Lagos debe ser felicitado por trasladar su visión de la política exterior chilena al seno de la organización hemisférica, donde Insulza tendrá la labor de implementarla. Esa visión, en alianza estratégica con Brasil, comienza a tomar cuerpo en la región y hemisferio. Por ahora Washington deberá sólo mirar desde la banca y observar cómo las neoizquierdas sudamericanas llevan adelante la visión hemisférica de trabajar unidos para potenciar posturas conjuntas en los grandes foros internacionales.
Jorge Garretón es periodista y corresponsal de medios canadienses y de EE.UU. en Chile.
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