Hacia un nuevo trato entre Estado y pueblos indígenas
Al descender de los géiseres del Tatio, los turistas llegan a un poblado que llama la atención por la hospitalidad de sus habitantes. Allí, son recibidos con una infusión de chachakuma, hierba que ayuda a enfrentar la puna, y anticuchos de llamo. Y si andan con suerte, pueden presenciar una ceremonia donde las llamas son ataviadas con flores de lana para agradecer a la Pachamama. Y esto, que hace algunos años era impensable en un poblado donde sólo vivían cuatro personas, hoy es un hito obligado de los circuitos turísticos de San Pedro de Atacama.
Es que la localidad atacameña de Machuca volvió a la vida gracias al tesón y al trabajo de sus dirigentes. La rehabilitación del camino que va a los géiseres, la construcción de una casa de huéspedes y la habilitación de baños públicos, más una sala de venta de artesanías, trajeron de regreso a los pobladores que algún día abandonaron la comunidad por las pocas perspectivas de progreso que ofrecía.
No es casualidad que Alabalti -bienvenido en kunza- sea una de las palabras que más se repiten al recorrer los atractivos del desierto de la Segunda Región, pues así como en Machuca, las comunidades atacameñas administran alrededor de 15 sitios patrimoniales de la provincia de El Loa. El ejemplo que ellas brindan es la prueba que confirma el papel que pueden jugar nuestros pueblos originarios en la vida económica y social del país.
Hoy, un Estado que persigue el bienestar común de todos sus habitantes, no puede reducir las demandas de los pueblos originarios sólo a la restitución de tierras ancestrales. En un mundo donde los cambios se suceden continuamente, es vital responder con tecnologías y capacitación. Y en ese sentido, el Programa Orígenes -implementado desde el año 2001- representa un modo particular de ser y actuar en la institucionalidad pública.
La iniciativa de gobierno avanza un paso más hacia la integración, pero diferenciándose de otras intervenciones fiscales, pues corresponde a un producto estratégico de la Subsecretaría de Mideplan, que acentúa y complementa el trabajo intersectorial en el tema indígena. Para su ejecución, los ministerios de Educación y Salud, junto a Indap, Conaf y Conadi se interrelacionan para desarrollar modelos de gestión pública en políticas y programas indígenas.
Una de las características particulares del programa la constituye su componente de fortalecimiento. A través suyo, Orígenes busca generar capacidades y compromisos a nivel de las comunidades, para la planificación y ejecución participativa del programa. Y al mismo tiempo, su gran tarea es instalar la temática indígena en el aparato fiscal y rescatarla como una posibilidad para resolver problemas.
En esa línea, la institución sensibiliza al servicio público en la pertinencia cultural del trabajo con indígenas. Entrega conocimientos, herramientas y capacidades que refrescan las ideas de cómo trabajar con los pueblos originarios y cómo conciliar sus ritmos con los tiempos del Estado. El propósito es contar con administrativos que comprendan, acogan y resuelvan con la prestancia debida los planteamientos del mundo indígena.
Durante este año, el gobierno, a través del Programa Orígenes, impartirá un diplomado de interculturalidad para 500 directivos y funcionarios de las regiones I, II, VIII, IX y X, para continuar así mejorando la adecuación indígena de los programas públicos de acceso universal. Hasta ahora, 6.147 empleados de secretarías ministeriales, municipios, Registro Civil, Carabineros, escuelas y centros de atención en salud, entre otros servicios, han recibido instrucción de acuerdo a los principios y orientaciones de la Política del Nuevo Trato.
Como resultado de una decisión política, Orígenes es este Nuevo Trato llevado a la práctica. En otras palabras, actúa como puente entre las regiones y el nivel central, y de alguna manera, abandona el antiguo paradigma que considera a los indígenas como obstáculo para el desarrollo.
Desde su creación, los profesionales han promovido la autogestión de las comunidades en la elección y éxito de sus propias iniciativas. Al igual que en el Norte Grande, a lo largo de Chile son ellas quienes participan en la consolidación de su propio crecimiento. La organización acoge y entrega el espacio para desarrollar aptitudes y proyectos.
Con las iniciativas comunitarias y con la capacitación de dirigentes y comunidades, los territorios indígenas consiguen un mayor grado de fortalecimiento. A diciembre de 2004, se habían ejecutado 757 proyectos de este carácter, destacándose muy especialmente la remodelación de iglesias y albergues turísticos en el norte y la construcción de sedes sociales en el sur.
En la edificación de esos espacios de encuentro, Orígenes valora lo que nace al interior de ellos. Ideas, proyectos y sueños que son discutidos, analizados y consensuados por cada miembro de la comunidad, como el reflejo de un país que está cambiando. En la búsqueda de un permanente diálogo con todos sus ciudadanos, Chile está descubriendo que valorar la riqueza étnica y cultural de los pueblos indígenas significa apostar por una sociedad que se proyecta al futuro desde sus raíces.
Enzo Pistacchio S. /Secretario Ejecutivo Programa Orígenes.
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