La muerte del periodismo
Yo colgué la sotana del periodismo y opté por otras pasiones; la política con visión regionalista, la consultoría internacional, algo de academia y la práctica sanadora de la literatura. Si quería influir y dar opiniones, el camino fueron las Ciencias Políticas y un Master en Desarrollo en la capital mundial del federalismo, en los hielos de Madison-Wisconsin. Pero amo el periodismo y me deleito con las buenas investigaciones con fuentes revisadas, las entrevistas interpeladoras con buen background, las adecuadas interpretaciones para articular la verdad y no hacer «disonancia cognitiva» para reafirmarme en mis propias teorías conspirativas.
En estos días de raras furias me he quedado como lector y auditor huérfano, algunos dirán light, pero es la verdad; leo y releo «El País» y «La Vanguardia», busco la hora de las entrevistas en la televisión española, añoro a Raquel Correa como entrevistadora televisiva, hasta he encontrado «sacador de verdades» a Larry King, lo que ya comenzó a alertarme.
Lo de Chile es una rareza de opinología cada vez más narcisista, trivial y megalómana, llegando al mal gusto y la rotería («lo cortés no quita lo valiente», dicen que decía Luís Hernández Párker). El paroxismo fue un canal donde el debate era si el comentarista deportivo renunciaba o no porque había prometido hacerlo si asumía Nelson Acosta de nuevo en la selección nacional.
La noticia o la verdad no importan, sino las apuestas y juramentos del «facilitador de la verdad» que se convierte en el protagonista de la noticia. Mi héroe entrevistador en la medianoche, tuvo su programa sin entrevistado, donde él hacía una arenga de «peros» contra el logro «objetivo» de la OEA para reafirmar su tesis de que «no tiene relevancia», era un «premio de consuelo» y una sofisticada interpretación de los «costos» que se «pagarán» por los siglos de los siglos.
En los pasillos y el café de la Cámara a pocos le interesa la agenda y la noticia política que se construye en cada decisión en una lucha de hegemonías y representación de intereses (se logró por fin desde 1830 restablecer la elección democrática de la otrora «asamblea provincial», pero no tuvo ni una línea en los grandes diarios).
Si nos viven preguntando en off los últimos cahuines partidarios y las preguntas que buscan reafirmar las teorías conspirativas que me convencen de la manía paranoica de más de algún editor (sospecho que leen más thriller policíacos y el género de espías que lecturas que permitan más analizar críticamente el «mundo que vivimos»).
En el debate las preguntas eran comentadas, el televidente no podía sacar sus conclusiones, había que dárselas, había que ser tan protagonistas como las candidatas, incluso perdiendo un cierto sentido de las proporciones y la cortesía básica.
La locura fue encontrarme en el zappping dominical con un diálogo de machos tristes con la vulgaridad de hablar de «chiquillas» y otras leseras, por cierto, con un tono doctoral de quien lee a Paul Jonhson y ya interpreta el mundo como su bolita de cristal. Lo sugiere Ulrich Beck en sus últimos escritos; la búsqueda de la individualización en todo está reestructurando la familia, la política, los mediosÂ…quizás, a costa de la confianza, esa cuestión básica para mantener alguna cohesión social.
No se trata de ser zalameros con el poder, ni rendir pleitesías, ni menos escamotear el verbo maravilloso de interpelar y contradecir con cifras en manos. Pero lo nuestro ya es de otro mundo, el que busco comprender, pero que confieso, comienzo a regir para refugiarme en medios donde las cosas sean claras, como aquella división del abecedario de todo periodista; periodismo informativo para reportear y dar noticias, periodismo interpretativo para orientar y descubrir la verdad articulando hechos irrefutables, periodismo investigativo con fuentes corroboradas para controlar el poder con «verdades», periodismo de opinión delimitado a ello, reconociendo autoría de lo que se opina.
«We are the media» dice el último best seller de las comunicaciones. Quizás nuestra salvación sea encontrar webs y blogs de quienes nos brinden opiniones e interpretaciones, sin falsearlas de periodismo.
Esteban Valenzuela van Treek, diputado del PPD por Rancagua, escritor y periodista.
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