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Subcomandante Joaco desde la selva de Neltume

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«Algo extraño ha invadido los espacios críticos, ha reducido el humor político a tonterías, ha despedazado la oportunidad de un comentario feroz hecho a tiempo» (Marco Antonio de la Parra)





Así como vamos -y con tanto viaje al sur para «reconquistar el corazón de Chile»- quizás no estemos lejos de recibir un comunicado del Subcomandante Joaco (los comandantes siempre serán Longueira, Jovino y lo más granado del pinochetismo sometido a un modernizador lifting ideológico) llamando a las masas empresariales y a los atónitos chilenos a insurgirse contra la injusticia social y los privilegios de los ricos.



Incluso podría darse que veamos a Moreira en tenida de combate y con gestos copiados del legendario Sergio Buschman, sorprendido por la escolta del General en Los Boldos, en un desesperado intento de atentado para redimir a la «ingenua» derecha por todas las cosas que «nunca supieron». De paso, para vengarse por las incomodidades de la irrisoria huelga de hambre que nunca lo hizo bajar de peso.



En efecto, las elecciones se acercan y, en ese contexto, nunca sabremos si lo hemos visto todo.



Estas escenas recientes me han hecho reír: una cosa es la demagogia verosímil, susceptible de ser tragada por el ingenuo televidente. Pero otra cosa es intentar lo imposible. Jovino, por ejemplo, o Pablito (uno u otro, da lo mismo), siguen fieles a su esencia profunda y aún tienen el coraje de defender públicamente al General, o al menos no renegar de él.



Pero Joaquín no: prepara sus refugios en Neltume, los nuevos Carrizales mediáticos, las tomas de poblados como Los Queñes, repartiendo panfletos con pasamontaña y pipa, y arengando con convicción: «Compañero campesino: Ä„ahora te toca a ti!».



La verdad es que estos sucesos, junto con divertirme, me han puesto nostálgico, me han recordado los inefables «martes de Merino». ¿Serán reemplazados por los «Sábados de Joaco»? Tal vez. Es cierto que esporádicamente le sale competencia al camino, algún limítrofe tranquilizando al pueblo: «tranquiléin John Wayne» o ensayando recursos comunicacionales sui generis: «pregúntenle a las vacas».



Pero, la verdad, Lavín es incomparable, tanto como lo era Merino. ¿Se acuerdan de los «humanoides»? Paradojas de la historia: Joaco, el principal apologista de Pinochet y su régimen, en esa obra lírica: «Chile: una revolución silenciosa», ahora transformado en un humanoide en potencia, dispuesto a incendiar el país antes de las elecciones. Tratando de ser fiel, ya no al General, sino a lo que el moderno electorado desea.



Sorry Joaquín, pero ¿no será mucho?



Fernando de Laire D. Doctor en sociología. Comentarios al e-mail: fernando_delaire@yahoo.com.ar.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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