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Desigualdad: la asignatura pendiente

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Paradójico, por decir lo menos, resulta darnos cuenta que actualmente el tema que lidera la agenda política y social de nuestro país es su desigualdad social y económica. Paradójico, considerando que estamos finalizando el primer gobierno después de Allende con un presidente socialista, partido que ha definido su doctrina como «un sistema político y económico con libertad e igualdad para todos, para que el pueblo pueda desarrollarse a su máxima capacidad en armonía con otros». Más aún, paradójico, cuando el slogan de campaña del Presidente Lagos fue, ni más ni menos que, «Crecer con Igualdad».



Son múltiples los hechos concretos que demuestran la importancia que ha cobrado el tema. Al término de la 89Åž Conferencia de los obispos de la Iglesia Católica, los purpurados han emitido una declaración en la que señalan que «en nuestro país, las diferencias sociales manifestadas en calidad de vivienda, acceso a bienes de consumo, salud, educación, salario, etc., alcanzan niveles escandalosos». Los principales candidatos a la presidencia asistieron a debatir sobre el tema en un seminario llamado «Desigualdad: la gran vergüenza de Chile».



Hace casi seis años, el entonces candidato a la presidencia, Ricardo Lagos, nos prometía a los chilenos, con grandilocuencia e incluso, algo poco común en él, con entusiasmo, un país distinto en el que el desarrollo y el progreso llegaría a todos sin distinción.



Hoy, cuando su mandato termina, vemos que existen dos Chile. Por una parte, un Chile exitoso, pero que a pocos influye, que crece al 6,1 %, donde se construyen grandes súper carreteras, que organiza la APEC y recauda más de 30 millones de dólares diarios extra por el sobreprecio del cobre. Por otra parte, el Chile de la mayoría, de la gente común y corriente, que mantiene los mismos 500 mil cesantes con que recibió el país el presidente Lagos cinco años atrás, con millones de personas que no han podido superar el umbral de la pobreza y que se tienen que conformar con servicios de salud y educación de pésima calidad.



Gran paradoja: a la mayoría de los chilenos el desarrollo no les ha llegado. Nada de estos «grandes avances» les ha tocado.



Existen millones de chilenos que siguen esperando y, para mayor indignación, escuchando a los mismos de siempre, esta vez liderados por Soledad Alvear y Michelle Bachelet, prometer y hacer proyectos porque ahora sí que las cosas cambiarán.



¿Por qué debemos creer que ahora las cosas cambiarán? ¿Por qué se nos promete lo que en 16 años no han podido o no han querido hacer? ¿Por qué si tienen grandes ideas no las pusieron en práctica en todos estos años? Peor aún, ¿por qué no las ponen en práctica ahora, si todavía les quedan más de ocho meses de gobierno?



Por otra parte, además de lo vergonzosa que resulta la desigualdad a la que se enfrenta nuestro país, indignante resulta vernos enfrentados a una diaria batería comunicacional por parte del gobierno, en que se utiliza a aquellos que pertenecen a clases más acomodadas o supuestos líderes de opinión que, desde sus oficinas, no encuentran la manera de alabar lo bueno y generoso que ha resultado el gobierno del presidente Lagos con ellos, sus familias, sus amigos y sus negocios.



No podemos extrañarnos al encontrar este egoísta conformismo incluso en personas que tradicionalmente han votado por la centro derecha. No es raro ver cómo elogian al presidente Lagos aquellos a los que nunca les ha faltado nada. Como ha dicho en innumerables ocasiones Joaquín Lavín, los empresarios se defienden solos. Mejor aún si se les ayuda. Ellos sí se han beneficiado con el crecimiento del país ¿cómo no podrían considerar bueno, y hasta muy bueno, un gobierno que ha hecho crecer el país exclusivamente para ellos?



Pero frente a este escenario cabe preguntarse ¿qué es lo que piensan los vecinos de las poblaciones más humildes del país? A ellos se les exige pensar que el país crece, que se desarrolla. Las súper carreteras pasar por el frente de sus narices mientras ellos aun no encuentran un trabajo digno. En sus poblaciones la droga y la delincuencia son pan de cada día.



¿Qué pasa con la clase media? Sus problemas son otros pero no por eso menos graves. Hemos llegado al extremo en que se considera normal el que una familia tenga que optar por cuál de sus hijos va a mandar a la universidad. No alcanza para más de uno.



A menos de un año del término del gobierno del Presidente Lagos, es nuestro deber preguntarnos si es que las actuales representantes del continuismo van a ser capaces de terminar con la escandalosa desigualdad en que hoy nos vemos envueltos. Este gobierno es considerado por algunos como el mejor de la Concertación, desde el principio nos prometió crecer con igualdad, y no sólo no logró solucionar los problemas reales de la gente, sino que, paradójicamente, el tema que lidera actualmente nuestra agenda política y social es su desigualdad social y económica. ¿Podemos hablar de un gobierno exitoso?¿Queremos seguir con esto? ¿Cuándo les toca a todos los chilenos?



Marcelo Rojas Framm. Presidente Nuevas Generaciones UDI.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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