¿Qué candidato necesitan los grupos económicos?
El 26 de julio del año 2000, a pocos meses de haber iniciado su actual gobierno el Presidente Ricardo Lagos, dejó en claro cuál sería su forma de gobernar y definió inmediatamente la importancia que él le asignaba al empresariado en su mandato. Con ello no sólo aseguró la tranquilidad de su gestión, sino que empezó a sentar el precedente lamentable de que, ahora, el empresariado no necesita de un gobierno de derecha para asegurar su estabilidad y el crecimiento de sus ganancias.
En esa fecha, que coincidió con la inauguración del monumento a Salvador Allende, se celebró en La Moneda una reunión de casi dos horas para consolidar la «alianza estratégica» que este Gobierno de la Concertación ha desarrollado en estos últimos cinco años con el empresariado, cuyo objetivo era supuestamente fomentar el crecimiento con igualdad en el país.
En aquella oportunidad Lagos se reunió con lo más selecto de los principales grupos económicos chilenos: Roberto Angelini, director de empresas Copec; Bernardo Matte, director de CMPC; Jean Paul Luksic, vicepresidente ejecutivo de Anaconda; Ricardo Claro, presidente de Sudamericana de Vapores; Andrés Navarro, presidente de Sonda; José Said, director de Embotelladora Andina y presidente del Banco Bhif; Alvaro Saieh, principal accionista de Corp Group y Wolf von Appen, controlador de Ultramar.
Lo raro es que si bien esta opción estratégica e ideológica del Gobierno ha sido transparente desde un comienzo, en el común de la gente han pesado mucho más los manejos de imagen que lo presentan como un gobierno progresista liderado por una figura que posa de «estadista». Lo anterior se da, a pesar de que este gobierno, es más parecido a un violín, que se toma con la mano izquierda pero se toca con la derecha, es encabezado por un presidente que canta la Internacional, pero que gobierna para la Sofofa.
Esto mismo hace pensar que en la evaluación de los principales grupos económicos -que han sido tan bien tratados- la idea de prolongar un nuevo período de la Concertación no aparece como un riesgo, sino como una gran oportunidad para seguir engordando sus fortunas.
Lo anterior no es una simple declaración caprichosa, puesto que, las ventas de las grandes empresas durante la dictadura militar (1978 y 1987) promediaron los 3.833 millones de dólares; mientras que durante el período 1988 y 1997, en plena era concertacionista, estas empresas obtuvieron importantes ventas, promediando los 11.806 millones de dólares. Es decir, más que triplicaron sus ventas. Pero luego, con el Gobierno socialista de Lagos, éstas adicionalmente se duplican, alcanzando un promedio de 22.103 millones de dólares entre 1998 y 2003. Considerando sólo el período 2000-2003, las ventas promedian 24.667 millones de dólares. Mal no les ha ido a los grupos económicos al ritmo de los acordes de la Marsellesa Socialista.
En este escenario, para los grupos económicos da lo mismo que Lavín baje su porcentaje, da lo mismo que Bachelet y Alvear discrepen sobre los aportes de la minería, da lo mismo que haya primarias abiertas o cerradas, da lo mismo que la decisión del candidato se tome en septiembre o abril. Cualquiera sea el nuevo presidente, la mamada seguirá absolutamente asegurada.
Lo que no les daría lo mismo es que se modifique el sistema binominal, que se inscriban en los registros electorales las voces de la disidencia que de tarde en tarde se expresan en momentos como la muerte de Gladys Marín o la marcha anti APEC, que se construya una alternativa realmente progresista en el país, y que las decisiones económicas no se tomen a puertas cerradas en La Moneda donde se considera lo que necesita el 5% más poderosos del país, sino que se elaboren considerando lo que realmente necesita Chile para crecer, desarrollarse y ser un poco más justo.
________
Marcel Claude. Economista y director ejecutivo de Oceana.
- El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.