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Escalona no come ‘jurel tipo salmón’

por 15 mayo, 2013

El hecho es que lo que podría haber justificado la expulsión del partido, le dio a Escalona exactamente lo que pedía. Escalona merece que hoy se le rindan honores, porque incluso en sus desaciertos ha demostrado hombría. Si el resto no se da cuenta, esperaré a que sea la historia la que me dé la razón.
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“Yo no estoy en condiciones de ir a una farsa”; así se refirió Escalona a lo que un amigo mío llamó primarias ‘jurel tipo salmón’. Y dice la verdad, porque la ley de primarias apuntaba a garantizar que este mecanismo no fuera un tongo: el hecho de que se realizaran con recursos públicos, de que los estándares de publicidad estuvieran previamente determinados y de que sus resultados fueran vinculantes, le daba al proceso un mínimo de seriedad; e indirectamente, contribuía a ampliar el ámbito de ejercicio de la política y a incentivar la participación (la verdadera participación) ciudadana.

Una farsa. Eso es lo que son (o serían) las llamadas ‘primarias convencionales’. Una farsa en la que un personaje como Escalona no está dispuesto a participar. Él no fue de los que se replegó cuando la popularidad de Bachelet iba a la baja, y no será ahora de los que se preste para hacer el ridículo sólo porque ella se lo pide.

Si las razones que lo mueven son loables o mezquinas, es irrelevante. Él ha sido de los pocos de su coalición que no ha reaccionado con histeria ante el clamor de la calle; de los pocos que ha defendido la importancia de los partidos políticos, y de los pocos también que ha dicho con claridad que promover una asamblea constituyente sería como “colgarle un salvavidas de plomo al liderazgo de Bachelet”.

El hecho es que lo que podría haber justificado la expulsión del partido, le dio a Escalona exactamente lo que pedía. Escalona merece que hoy se le rindan honores, porque incluso en sus desaciertos ha demostrado hombría. Si el resto no se da cuenta, esperaré a que sea la historia la que me dé la razón.

Todo eso es suficiente para que merezca que hoy se le rindan honores: no en su calidad de héroe ni de santo, sino simplemente de hombre de carácter, carácter que brilla por su ausencia en el mundo de la política y que solo tienen personajes como él, como Longueira o como Carlos Larraín.

Si Escalona no quiso someterse a primarias truchas por defender su pequeño reducto de poder, si su actitud fue autoaniquilante, e incluso si puso en riesgo el no-liderazgo de Bachelet es, insisto, irrelevante. Richelieu decía que la autoridad apremia a la obediencia, y si hay algo que quedó demostrado en este episodio es que Escalona goza de esa autoridad en el Partido Socialista. De otra forma no se explica que después de hacer declaraciones como las que hizo en Estado Nacional, acusando a uno de sus correligionarios de hacer elecciones en su propia oficina, y a su partido de sacar las urnas de los locales de votación como Cristina los billetes de la casa Rosada, Andrade decidiera acceder a su exigencia de darle un cupo sin necesidad de competir. Obviamente, lo hizo no sin antes decir de manera rimbombante (al más puro estilo Awad) que no podía aceptar palabras como ésas. El hecho es que lo que podría haber justificado la expulsión del partido, le dio a Escalona exactamente lo que pedía.

Escalona merece que hoy se le rindan honores, porque incluso en sus desaciertos ha demostrado hombría. Si el resto no se da cuenta, esperaré a que sea la historia la que me dé la razón.

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