Opinión
Camila Flores: de la “derecha valiente” a la decadencia de la política
La “derecha valiente” de Camila Flores incluía utilizar las RRSS para atacar a sus adversarios, el uso de palabras descalificadoras en el programa “Sin Filtros”, el baile en TikTok apoyando a Trump, la visita al carabinero que dejó ciega a su hoy colega Fabiola Campillai. Hoy el panorama es otro.
Camila Flores Oporto se autodefinió hace un par de años como la representante de la “derecha valiente”. Polémica, provocadora, dura defensora de la dictadura y en particular de la figura de Augusto Pinochet. Aunque se presentó como candidata a senadora por Renovación Nacional, la verdad es que lo que menos parece es ser de ese partido.
Durante la campaña se le vio más cerca de Johannes Kaiser y sus posturas políticas se asemejan más a los republicanos. Fiel defensora de la agenda conservadora, incluyendo su dura oposición a la ley 21.675 -Ley Integral para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres-, normativa que precisamente busca castigar la violencia de género y sanciona la difusión no consentida de imágenes íntimas o contenido privado.
Vaya paradoja de la vida, dos años después, Camila fue víctima de la filtración de imágenes en que aparecía grabada en su propio departamento con su amante, quien además es miembro de su staff parlamentario. No sé sabe cómo llegaron esas imágenes a las redes
sociales, sin embargo, el exmarido ha negado tajantemente responsabilidad en los hechos.
La “derecha valiente” de Camila Flores incluía utilizar las RRSS para atacar con fuerza a sus adversarios, el uso de palabras brutales y descalificadoras en el programa “Sin Filtro”, el baile en Tik Tok apoyando a Trump, la visita al carabinero que dejó ciega a su hoy colega, Fabiola Campillay o el tratar a una persona que la encaró en un espacio público como “orca zurda”.
Pero en los últimos meses Flores parece haber entrado en desgracia. De acuerdo con la investigación de la fiscalía – a partir de la denuncia de un integrante de su equipo-, la entonces diputada Camila Flores, junto a su jefa de gabinete, lideraban un sistema de recaudación basado en contratar a personas bajo el ítem asesores, para luego cobrarles un alto porcentaje de esos honorarios, los que debían ser devuelto en efectivo.
Es decir, una versión moderna de los “sobrecitos” de los años noventa y de las conocidas boletas ideológicamente falsas. De comprobarse la denuncia -que habrían significado un desfalco al Fisco por 300 millones- estaríamos frente a un escándalo tan delicado como el robo de Procultura, ese que la hoy senadora tomó como una causa recurrente para denostar al gobierno de Boric.
Y como lo advertimos en esta misma columna hace dos meses, lo más grave del caso, es que podría ser la punta de iceberg de un sistema de financiamiento irregular de la política, extendiéndose a otros parlamentarios. Hace solo unos días, el senador Alejandro Kusanovic (oficialista), fue denunciado por un asesor, de utilizar el mismo método, es decir, la “cuota” Flores. El sistema es simple. Una persona es contratada como asesora bajo en sueldo x nominal, sin embargo, debe reintegrar una parte importante de esos ingresos en efectivo a su empleador. En otras palabras, es un sistema de blanqueo de dineros. Al estilo de lo que hacen los narcos.
Y aunque aún no se sabe de los avances de la Fiscalía en esta investigación, hace unas semanas, la PDI incautó equipos en la oficina que la parlamentaria tiene en el Senado.
Sin embargo, Camila Flores se ha mantenido en la agenda a punta de escándalos. La representante de la “derecha valiente”, estuvo en boca de todos por las fotos íntimas con su amante-asesor (que ganaría 3 millones de pesos). Percy, su exmarido, aprovechó el impasse para descartar su responsabilidad en la situación y recordar que fue él quien demandó a la parlamentaria por violencia en el matrimonio.
Sin alcanzar a salir de la agenda el bochornoso episodio, el área de investigación de una radio lanzó otro bombazo el sábado recién pasado. Según el medio, Camila Flores fue demandada por una deuda de 18 millones de pesos por 40.000 imanes publicitarios para la candidata a senadora y su exmarido -que postulaba a la Cámara de Diputados-, materiales que fueron retirados de la empresa por el Carabinero de la unidad VIP que la custodiaba. También se develó que el “aporte” habría sido comprometido por empresarios chinos -ya hemos conocido varios casos similares-, los que luego desconocieron el acuerdo.
Así las cosas, la senadora que se jactó de ser la “derecha valiente”, Camila Flores, hoy ha pasado a representar la decadencia de un sector de políticos – de todos los colores- que son profundamente despreciados por la ciudadanía debido a sus escándalos vinculados a hechos de corrupción y las conductas incoherentes y contradictorias que la encuesta nacional del CEP reflejó en la escasa confianza que los chilenos tienen en los partidos políticos -último lugar entre todas la instituciones evaluadas- y la baja significativa del congreso, quien quedó relegado al ante penúltimo lugar. Y claro, no hay nada visto con más desconfianza, que esos parlamentarios que despliegan un relato brutal contra otros -como lo hizo Flores en el caso Convenios, que la llevó incluso a atacar con dureza a Irina Karamanos, pareja del presidente- y luego terminan envueltos en problemas mucho más graves de lo que ellos denunciaban.
Por supuesto, la consistencia, la coherencia, no es precisamente un rasgo del que gocen muchos políticos chilenos
- El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
Inscríbete en nuestro Newsletter El Mostrador Opinión, No te pierdas las columnas de opinión más destacadas de la semana en tu correo. Todos los domingos a las 10am.