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Fin de la historia: primera vuelta

por 20 julio, 2013

La candidatura de Pablo Longueira tenía muy poca viabilidad electoral pues, aún cuando había ganado la primaria al interior de la derecha, su imagen política generaba un gran rechazo y encuestas del sector demostraban la distancia en votos que lo separaban de Bachelet; en esta elección no se daría el fenómeno Lagos-Lavín y la UDI lo tenía muy claro.
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Lo que se anticipó

El domingo 13 de julio, en un análisis que escribí para este medio, señalaba “Un tercer elemento que se desprende del 30/J, es que las posibilidades de la Nueva Mayoría de ganar en una primera vuelta son absolutamente ciertas. De partida, esta primaria se podría definir como una primera vuelta presidencial, teniendo presente que sus resultados son tan concluyentes respecto de una coalición con otra y dada la magnitud de la diferencia en votos entre ambos conglomerados políticos. De seguir este ritmo, la elección debe definirse en una primera vuelta con una gran ganadora, sin ninguna discusión y con un segundo lugar a mucha distancia en votos. Si a lo anterior se le suma lo dividida que quedó la derecha después de las votaciones del 30/J y lo crispado que están los ánimos, tendremos al parecer a la UDI enfrentando sola esta elección y a RN concentrado de recuperar su cuota parlamentaria…

Consecuencias de la primaria en derecha

Con la renuncia de Longueira como candidato presidencial representando a la derecha, lo escrito anteriormente tiene aún más validez. Y no pretendiendo ser un pitoniso, el domingo me jugué una tesis prospectiva que hoy tiene aún mayor coherencia. La candidatura de Pablo Longueira tenía muy poca viabilidad electoral pues, aún cuando había ganado la primaria al interior de la derecha, su imagen política generaba un gran rechazo y encuestas del sector demostraban la distancia en votos que lo separaban de Bachelet; en esta elección no se daría el fenómeno Lagos-Lavín y la UDI lo tenía muy claro. Por su parte RN, como también se señala en la nota anterior, estaría más preocupada de la elección parlamentaria y apoyaría escasamente al candidato de la UDI. La cancha se hacía aún más pesada con los conflictos entre RN versus La Moneda y el Presidente, a lo que se sumaba que los empresarios opinaban por estos días, como si Bachelet ya fuera la próxima Presidenta de Chile, por tanto los aportes de la patronal no iban a ser muy jugosos; ciertamente no estarían dispuestos a apostar a caballo perdedor y después tener que entenderse con la futura Presidenta. Este cuadro señalaba por una parte que en menos de cuatro meses era casi imposible lograr una victoria, pero por otra parte el escenario podría llegar a ser peor ante la alta probabilidad de que la derrota fuera por un amplio margen, donde naturalmente las posibilidades de negociación disminuyen.

La candidatura de Pablo Longueira tenía muy poca viabilidad electoral pues, aún cuando había ganado la primaria al interior de la derecha, su imagen política generaba un gran rechazo y encuestas del sector demostraban la distancia en votos que lo separaban de Bachelet; en esta elección no se daría el fenómeno Lagos-Lavín y la UDI lo tenía muy claro.

No se puede poner en duda la enfermedad que lamentablemente afecta a Longueira. Sin embargo la pregunta que cabe hacerse es ¿cuánto habrá influido en su depresión la variable política, toda vez que para un “Zoom Politikon”, que vive y respira política, es indudable que ésta influye para la toma de decisión final?

Para la derecha quedan únicamente dos caminos. Por una parte buscar un candidato de consenso, lo que a la luz de los hechos se ve difuso, debido a que ya enfrentaron una primaria que los dejó tan heridos que hoy no hay candidato de consenso. Además, cabe consignar que quien sea candidato tendrá que competir con Bachelet, lo que augura una segura derrota de la derecha unida. Se ve difícil esta alternativa. La segunda variable es que cada uno lleve candidato por cuenta propia, lo cual es más viable, dado que aún cuando podrían perder, eventualmente, tendrían mayores posibilidades de forzar una segunda vuelta, debido a que la elección se polarizaría en la derecha. Bajo este supuesto la quimera de la segunda vuelta, llevaría a que los votantes fidelizados de la UDI y de RN concurrieran a votar.

Pero, cualquiera sea el camino, la pregunta que surge es ¿quién se atreve ahora a ser candidato? La experiencia ha sido dramática en los últimos meses para los candidatos presidenciales de la derecha. Para Allamand es difícil, el ya perdió y sabe que su votación es limitada y no pensable que esté dispuesto a perder nuevamente. Si el pretende seguir siendo actor político incumbente, lo que le viene bien es la pelea por la senaturia en Santiago Poniente. Por su parte la UDI, está entre Golborne y Matthei, y es difícil que el primero pudiera aceptar, debido a que los argumentos que lo obligaron a bajarse siguen estando ahí. Ante tal disyuntiva, para la UDI presentar una candidata como la ministra del Trabajo es una la alternativa posible, toda vez que sería más cercana al estilo Longueira.

En la trinchera contraria para la Nueva Mayoría este escenario podría parecer ideal, pero no lo es tanto. Si bien tiene asegurado el triunfo el 17/N, las complicaciones van en la línea de que para esta victoria electoral no se requieren los partidos políticos, porque la sola figura de Bachelet resulta más que suficiente. Lo anterior puede propiciar un desorden de aquellos, donde asegurado el triunfo no se ponga el programa por delante. Otro elemento que le debe preocupar a Bachelet y a la Nueva Mayoría es que, aún asegurada su victoria el 17/N, el caudal de votantes sea reducido, lo cual atentaría contra su representatividad -no su legitimidad- y ese sería un argumento que la oposición durante su gobierno traería regularmente a la palestra. Asegurado el triunfo, la Nueva Mayoría podría desordenarse, con cada alma del conglomerado tratando en diferenciarse de las otras sensibilidades (la vieja disputa de conservadores y pseudos progresistas), tratando de acentuar sus diferencias sobre todo en cuestiones valóricas. Por tanto para la Nueva Mayoría, lo que ocurre debe hacerlos entender que aún asegurado el triunfo, en la puerta del horno se quema el pan, vale decir, por muy holgada que pueda ser la victoria, el triunfo puede ser doloroso y con consecuencias de división, debido a las diferencias que deje el debate pre electoral. Victoria pírrica dirían algunos.

La renuncia de Longueira como candidato presidencial, demuestra claramente que en política no cabe predecir, lo que se puede hacer es hablar de escenarios futuros y hacer prospectiva con ellos. Y claro, nunca olvidar que en política un día es mucho tiempo y de aquí al 17/N faltan muchos días.

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