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A propósito del Wüñol Txipantu: un balance en materia indígena

por 21 julio, 2013

Fue de madrugada, en un barrio de Pudahuel, hace unos años atrás, celebrando el Wüñol Txipantu. Después de bailar durante algunas horas, me acerqué a un viejo que tomaba mate cerca de una fogata. Me habló en mapuzugún. Era de la zona de Boroa, cerca de Nueva Imperial y conocía a mi familia. Me confesó que después de cuarenta años volvía a celebrar el Wüñol Txipantu.
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A las 5hrs., con 4 minutos del 21 de junio, con el solsticio de invierno, se da comienzo a las festividades de gran parte de los pueblos indígenas de sudamérica. En nuestro país las celebraciones involucran ceremonias y encuentros familiares en el Machaq Mara o el Inti Raymi, de los pueblos indígenas del norte, como aimaras, quechuas, atacameños y diaguitas, entre otros, y a los mapuches en el centro y sur del país.

En el caso del Wüñol Txipantu (Año Nuevo), los mapuches se organizan para celebrar el momento en que el sol inicia su regreso al hemisferio sur y la tierra se renueva, dando inicio a un nuevo ciclo de la naturaleza, época en que surgen los primeros brotes.

Esta ceremonia, que se acentúa cada vez más en nuestro país, tanto en el campo como en la ciudad, ha sido durante estos años una manifestación de resistencia e identidad cultural de una población de 1.442.214 personas, según el Censo del año 2012, considerada la población chilena de 5 y más años.

Fue de madrugada, en un barrio de Pudahuel, hace unos años atrás, celebrando el Wüñol Txipantu. Después de bailar durante algunas horas, me acerqué a un viejo que tomaba mate cerca de una fogata. Me habló en mapuzugún. Era de la zona de Boroa, cerca de Nueva Imperial y conocía a mi familia. Me confesó que después de cuarenta años volvía a celebrar el Wüñol Txipantu.

El Wüñol Txipantu involucra a toda la comunidad mapuche, donde cada uno de sus miembros tiene una función que cumplir. Algunos deberán preparar el lugar de la rogativa, donde se encuentra asentado el rewe, y lo adornarán con ramas de árboles nativos, cuidando que el foye o canelo pueda destacarse dentro del espacio ritual. Otros se preocuparán de las visitas. Para ellas se construirán ramadas que rodeen el centro ceremonial, con suficiente espacio para la comodidad de las familias. Otros se harán cargo de la comida. Los más jóvenes deberán organizar el purrún o baile, con que la multitud acompañará a la machi. Será una jornada larga y nada se deja al azar.

Con el sonido profundo y ronco del kull kull se conmina a los asistentes a acercarse al lugar donde se realiza el ritual. Después de dar las instrucciones generales el lonko ofrece su lugar a la machi (hombre o mujer) para que inicie la rogativa. Ella agradecerá a Ngenechén (“dueño de la gente”) porque el pueblo mapuche ha podido sobrevivir a la adversidad. Invocará también a los antepasados, a quienes promete, a nombre de los asistentes, reunirse en el Huenu Mapu (Tierra de arriba) Luego, cuando la machi lo determine, comenzará el purrún.

Tomados de la mano, los asistentes bailan alrededor del rewe, siguiendo  los movimientos de la machi. Tomados de la mano, niños, jóvenes, adultos y ancianos, se desplazan alrededor del rewe, al ritmo de la música que brota del kultrún, pifilkas y trutrukas.

En los descansos, los encargados de atender a las visitas ofrecen mültren (panecillos hechos de trigo y harina), sopaipillas y piñones (es la época donde abunda el fruto de la araucaria), acompañados de muday (bebida de trigo). Hay tiempo para compartir. Hay tiempo para agradecer. Es la noche más larga del año. Los antiguos decían: “la noche avanza con tranco de gallo”

Hay tiempo para reencontrarse con los hermanos y hermanas. También habrá tiempo para evaluar lo que han avanzado los pueblos indígenas durante los últimos años.

En este sentido la evaluación del presente gobierno es negativa. Por una parte, las iniciativas dejadas por el gobierno anterior, de Michelle Bachelet, y que desencadenaron procesos de participación de los pueblos indígenas del país, no han mostrado avances durante el actual gobierno. Por otra, los escasos proyectos impulsados en la actual administración no han llegado a buen puerto. Veamos.

Cuestiones como la participación de los pueblos indígenas, la creación de una institución del mundo indígena que sea contraparte del Estado, con el objeto de diseñar políticas públicas que promuevan su desarrollo; el perfeccionamiento de la institucionalidad del Estado para atender mejor a la población indígena en los ámbitos de la educación, el desarrollo, la cultura y la salud, entre otros; fueron asumidos bajo la forma de proyectos de ley en el gobierno que precedió a Piñera, y actualmente se encuentran congelados.

En efecto, el año 2008 y producto de un diálogo que convocó a comunidades y organizaciones indígenas de todo el país, se dio a conocer el “Plan Re-conocer: Pacto social por la multiculturalidad” con el objeto de mejorar la institucionalidad que el Estado chileno se había dado para promover el desarrollo de los indígenas del país (Ley Nº 19.253, del año 1993) El plan incluyó, entre otras medidas, la creación de una Subsecretaría de Asuntos Indígenas, radicada en el Ministerio de Planificación (hoy Ministerio de Desarrollo Social) y la reestructuración de la Conadi, convirtiéndola en un servicio ejecutor de políticas.

Al año siguiente (6 de octubre de 2009) el mismo gobierno envió al Parlamento un proyecto que creaba no una Subsecretaría sino un Ministerio de Asuntos Indígenas y la Agencia de Desarrollo Indígena. El establecimiento de una cartera especial y el reemplazo de la Conadi por una Agencia, se basaba en la necesidad de elevar el rango a una materia que se ha mostrado compleja a la hora de definir políticas y establecer diálogos con la población de los pueblos originarios.

Este ministerio tendría las facultades de diseñar y evaluar las políticas, programas y proyectos dirigidos a la población indígena del país, mientras la Agencia de Desarrollo implementaría dichas políticas, superando así las actuales dificultades de la Conadi. Sin embargo, este proyecto no ha experimentado movimiento durante el gobierno de Piñera. (Cámara de Diputados, mensaje 1868-357)

Otra de las críticas que se han hecho a las políticas estatales dirigidas a los pueblos indígenas es la débil participación que aún tienen dichos pueblos en la sociedad nacional. Como resultado del trabajo de la Comisión de Verdad Histórica y Nuevo Trato, creada durante el gobierno de Ricardo Lagos, el año 2003 se propuso la creación de un Consejo Nacional de Pueblos Indígenas, como “un órgano representativo de los pueblos indígenas no sólo ante los órganos de la administración del Estado, sino que, también frente al Congreso Nacional, al Poder Judicial y los órganos constitucionalmente autónomos”. La propuesta agrega que estará formado por 43 consejeros y consagra legalmente la existencia de un Registro Especial Indígena, cuyos inscritos elegirán a los consejeros, representantes de los pueblos indígenas ante el Estado. Es importante indicar que esta instancia fue pensada para promover la participación de la población indígena nacional, identificar una contraparte -los gobiernos caen en la esquizofrenia porque no saben con quién o con quiénes deben dialogar y establecer acuerdos-  para que el Estado pueda dialogar y consensuar los temas que les afectan y  construir de manera participativa una política pública que los beneficie. Este organismo operaría con recursos fiscales pero sería autónomo en su funcionamiento.

Esta iniciativa vendría a solucionar en parte el tema de la participación del mundo indígena en proyectos que lo afecten, cuestión que se ha convertido en un deber del estado a partir de la ratificación del Convenio 169 de la OIT. Este proyecto fue ingresado a la Cámara de Diputados el 28 de octubre de 2009 (Mensaje 1872-357) y tampoco ha tenido movimiento en el actual gobierno.

Otra iniciativa legal, que ha generado discusión al interior de las propias agrupaciones indígenas y franca oposición en los partidos políticos que componen el gobierno actual, es el reconocimiento constitucional de los pueblos indígenas de Chile, que modifica la Constitución Política del Estado. Ingresado al parlamento el 23 de noviembre de 2007, durante el gobierno de Bachelet, desde entonces ha sido objeto de discusión y polémica, nuevamente en torno al concepto de pueblo, tal como ocurrió durante el debate y adopción del Convenio Nº 169, sobre Pueblos Indígenas y Tribales en Países Independientes, de la OIT. Pues bien, a este proyecto de ley el actual gobierno, en enero del año 2012, le retiró la discusión inmediata. A fines del mes de enero de este año, y a propósito de los hechos ocurridos en La Araucanía, el Presidente Piñera informó a la prensa que le daría discusión inmediata a este mismo proyecto –sin informar que dicha urgencia le fue quitada anteriormente-, sin que a la fecha se haya materializado el anuncio.

Pero el actual gobierno no sólo ha frenado las iniciativas legales mencionadas anteriormente y que apuntan a mejorar las políticas públicas dirigidas al mundo indígena, sino que, además, ha disminuido persistentemente los recursos invertidos en materia indígena. En efecto, durante el último trienio de la gestión de la Presidenta Bachelet, Conadi había alcanzado un incremento de 35% en su presupuesto, mientras que en los tres últimos años de gestión de Piñera (2011-2013), el incremento alcanza sólo al 12%.

Las diferencias son aún mayores si comparamos los recursos públicos destinados al fondo de tierras de la Conadi. En los últimos tres años de gobierno de la Presidenta Bachelet, dicho fondo se incrementó en un 34,4%, mientras que en el actual gobierno el incremento alcanza apenas a 3,9%. En otras palabras, el incremento alcanzado en el gobierno de Piñera equivale a poco más de la décima parte del incremento alcanzado durante el gobierno de Bachelet.

En otros temas de gestión –al asumir, Piñera prometió realizar un gobierno de excelencia- tampoco se observan mayores y mejores índices. En este sentido son sintomáticos los resultados de las evaluaciones realizadas por el Consejo para la Transparencia a los servicios públicos durante los años 2011 y 2012, donde la Conadi se sitúa entre los 10 y los 11 organismos públicos, respectivamente, de menor cumplimiento en materias de transparencia activa.

A este escenario se suma el fracaso del gobierno de Piñera en la llamada “consulta sobre la consulta” Esta iniciativa, implementada a partir de marzo de 2011 –después de un año de gobierno-, y que frenó la “Consulta sobre institucionalidad Indígena” –exigencia del Convenio Nº 169 de la OIT-, que incluía algunas de las iniciativas enviadas por Bachelet al parlamento y de las que hemos dado cuenta más arriba, ha sido criticada fuertemente por el Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH), de nuestro país.

En un Informe fechado en abril del presente año, dicha corporación autónoma de derecho público, creado por la Ley 20.405, señala que dicho proceso no cuenta con procedimientos apropiados para su trabajo; esto es, que carece de metodologías claras y consensuadas que permitan generar un diálogo fluido entre los participantes, sobre todo en lo que respecta a las organizaciones indígenas, además de carecer de representatividad en cuanto a las organizaciones indígenas que allí participan. En consecuencia y “dadas las escisiones internas y el rechazo generado por parte de sectores indígenas, se cierne la duda de la legitimidad de los acuerdos alcanzados”.

Fue de madrugada, en un barrio de Pudahuel, hace unos años atrás, celebrando el Wüñol Txipantu. Después de bailar durante algunas horas, me acerqué a un viejo que tomaba mate cerca de una fogata. Me habló en mapuzugún. Era de la zona de Boroa, cerca de Nueva Imperial y conocía a mi familia. Me confesó que después de cuarenta años volvía a celebrar el Wüñol Txipantu. Me contó que en esta misma fecha, en su comunidad, cuando niño y pasada la medianoche, salía con sus hermanos a golpear a los arboles de la quinta de su abuelo. Los azotaban uno a uno premunidos de unos coligues largos. “Así despiertan los arboles y la savia corre con fuerza por sus ramas. Así darán buenos frutos”, me dijo.

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