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La Administración local versus reajuste de parlamentarios

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Por: Danilo Jara González, estudiante Ciencias Políticas y Administración Pública


 

Señor Director:

Ya bien sabemos que en estos últimos meses uno de los temas de discusión en Chile ha sido el bullado reajuste salarial del 6% nominal a los empleados públicos. Las diferencias son abismantes entre un sueldo mínimo de un trabajador común y un sueldo de un senador o diputado. Lamentablemente, la brecha que dista entre uno y otro deja entrever claramente que la igualdad se encuentra bastante lejos y muy difícil de lograr. Y lo digo bajo un sesgo peyorativo. Ya que analizándolo detenidamente, la igualdad absoluta es sólo una utopía. No podemos medir la pobreza si en Chile existieran solo ricos. Y no podríamos medir el nivel educacional de las personas, si no existieran las clases socioeconómicas. Tal como en la mística cultura oriental, el Yin y el Yang reflejan claramente el contrapeso de uno y otro. No puede existir el bien si no existe el mal. No puede triunfar la verdad si no existe la mentira. ¿Qué valor podríamos darle a cada virtud si no existiera su contrapeso? En referencia al contrapeso que se hace presente en Chile, creo, bajo mi percepción, que no encaja en los ejemplos antes mencionados. La política se nutre día a día con la retórica de eliminar la pobreza. Esa pobreza que hace ganar a diputados y senadores en las elecciones que se realizan cada cuatro años, con la ilusión y esperanza de los ciudadanos de salir de sus deudas o brindarles un mejor pasar a sus familias.

Entendemos perfectamente que la dieta parlamentaria de un congresista, que al parecer es elevada, se distribuye en el equipo asesor y administrativo de sus gabinetes. El traslado, viajes, insumos y gastos de representación, etc. Sin embargo, queda una cifra bastante suculenta para cualquier empleado que gana el salario mínimo; en muchos casos, el salario mensual de un congresista,equivale a casi el triplicado de lo que gana al año un empleado mínimo. Estos congresistas, que ocupan además altos cargos en sus partidos políticos, se despreocupan claramente, de las reales necesidades que presenta una familia de alguna comuna de la periferia del Gran Santiago. Con mayor razón una familia del sector rural, o austral de nuestro país. Y, lamentablemente, quienes se llevan las quejas, y la obligación de otorgar ayudas y beneficios, lo sufren las administraciones locales o, mejor dicho, las municipalidades. Estos organismos deben distribuir de manera estratégica los escasos recursos que entrega la Dipres. Entonces, las pocas y magras gestiones que resultan por estos recursos, se deben paliar con las visitas ilustres de diputados y senadores en muestra de apoyo a alcaldes y concejales de los partidos que congenian.

Día tras día vemos en los noticiarios la aparición de celebridades “farándulescas” del Congreso Nacional que hablan de la pobreza y la falta de oportunidades para la gente, con una propiedad que el espectador o auditor se imagina que el personaje vivió igual o peor que las familias de nuestro país. Ignorando por completo que la vocación de servicio público ante la comunidad se ejerce desde la localía. Funcionarios públicos municipales viviendo constantemente malos tratos, indiferencias, insultos y arrogancias. Mientras nuestros parlamentarios desaparecen de la realidad nacional y verdadera durante el período en que ejercen.

La única forma de ejercer un liderazgo positivo y retroalimentador es consolidar a las comunidades, potenciarlas y por sobre todo escucharlas.

Danilo Jara González
Estudiante Ciencias Políticas y Administración Pública

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