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Reproducción de sociedad de castas

por 27 enero, 2015

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Hace casi medio siglo, Eduardo Frei Montalva fue presidente de Chile, desde esa época varias cosas han cambiado, pero otras parecen mantenerse casi iguales. El gabinete de Frei Montalva estaba compuesto en un 66% por personas que egresaron de un colegio particular pagado.

Hoy vemos que esa realidad no ha cambiado mucho, el 2013 salió un estudio donde se mostraba que el 60% de los líderes políticos del país salió de colegios de este tipo de dependencia, al igual que el 84% de los gerentes generales de las 100 empresas más grandes. Como país hemos avanzado mucho en varios aspectos, pero al parecer los privilegios siguen encerrándose en una pequeña porción de chilenos.

 Como señaló el profesor de Harvard, James Robinson, los colegios de elite en Chile han sido y son “instituciones informales que controlan el acceso y el ejercicio del poder político”. Hoy muy pocas personas, que estudian en muy pocos colegios, son quienes mantienen una herencia de concentración del poder económico y político de Chile.

Mientras Thomas Piketty, de visita en nuestro país, evidenciaba en cifras la aberrante desigualdad de Chile, planteando que el 1% más rico del país concentra cerca del 35% de la riqueza (lo que sería el nivel más alto del mundo), en una sala de 36 metros cuadrados del Congreso se tomaba una decisión que nos mantiene en el pasado. A pesar de que la Cámara de Diputados definió que los colegios particulares pagados deberían terminar con la selección académica hasta 6° básico, la comisión de educación del Senado revirtió esta decisión y apoyó que estos colegios continúen seleccionando académicamente (y socioeconómicamente también, pero eso ni siquiera está aún en discusión). Esta semana, el mismo día en que se decía que se acababa con el legado de Pinochet y se abría la democracia al aprobar el término del sistema binominal, se aprobó en segundo trámite esta indicación que mantiene un privilegio de exclusión al 7,5% de los colegios.

El principio de la no selección busca que las familias sean las puedan elegir el establecimiento, y no que el establecimiento seleccione a los estudiantes. Cambiarlo permite reconocerles a todas y todos los ciudadanos el derecho a educarse donde ellos quieran, es dar la anhelada libertad de elección a todos los chilenos. Para esto también se deberían terminar los enormes aranceles que cobran los colegios, pero el eliminar los criterios académicos, sociales y culturales del proceso de admisión sería un avance a lo que existe hoy, terminando en parte con heredados privilegios que tiene una porción minoritaria de chilenos.

Pero terminar con la selección no es algo que solo beneficia a quienes hoy no pueden escoger dónde estudiar, también beneficia a quienes hoy concentran ese privilegio. Esto lo confirma la evidencia empírica, como por ejemplo un estudio del profesor de Economía de la Universidad de Harvard, Gautam Rao, quien mide el impacto de una política de inclusión de niños vulnerables en escuelas particulares privadas, en el marco de la Right to Education Act en la India. El resultado fue que los estudiantes que estaban en la escuela casi no ven afectados sus resultados cognitivos, pero tienen un beneficio significativo y sugerentemente causal de ser más generosos, con preferencias de distribución de la riqueza menos desiguales y menos proclives a discriminar a estudiantes pobres de otros colegios y, de manera muy interesante, tienen una disposición significativamente mayor a hacer equipos con otros estudiantes menos favorecidos socioeconómicamente que ellos.

El informe PISA 2009 explica que “los mejores sistemas escolares del mundo son aquellos que abordan adecuadamente la diversidad de las y los estudiantes, en sus capacidades, intereses y origen socioeconómico, con acercamientos individualizados a su aprendizaje”. Hoy avanzar en inclusión permite generar una base de cohesión social y fraternidad fundamental para forjar un país con menos miedo y desconfianza, y más unidad y colaboración. Una educación de calidad e inclusiva no sólo es necesaria para forjar ciudadanos y ciudadanas responsables y solidarios, sino para construir un país que reconozca, respete y valore sus diferencias.

Hoy las pruebas académicas miden más el nivel socioeconómico que las habilidades de un niño; no podemos excluir a un niño de 6 años por responder mal una evaluación académica. Es reproducir una sociedad de castas, donde es la herencia de nuestros padres la que determina nuestras posibilidades en la vida.

Como señaló el profesor de Harvard, James Robinson, los colegios de elite en Chile han sido y son “instituciones informales que controlan el acceso y el ejercicio del poder político”. Hoy muy pocas personas, que estudian en muy pocos colegios, son quienes mantienen una herencia de concentración del poder económico y político de Chile. Esta realidad, en vez de cambiar, vemos que sigue reproduciéndose entre los mismos. Esta semana una posible comisión mixta podría empezar a cambiar eso. Esperemos que así sea, para empezar a plasmar en hechos concretos la voluntad de que Chile sea de todos y no solo de unos pocos.

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