La vida más allá de nacer
Señor Director:
Chile se encuentra en medio del debate sobre la despenalización del aborto bajo tres causales. Para quienes somos pro vida y no pro nacimiento –de los que hoy abundan reaccionariamente– se nos plantea una dicotomía enorme.
El primer camino es negarse a toda discusión y cerrar de manera fundamentalista el debate, tal y como lo hacen los pro nacimiento. La segunda opción, y a la que adscribo, tiene que ver con hacerse cargo del contexto sociopolítico que hoy vivimos: tenemos un Gobierno con una “nueva” mayoría parlamentaria y un programa rígido que no escucha a la ciudadanía. No existe una fuerza dentro del país que impida sus reformas, por lo que verdaderos consensos nacionales se ven imposibles. Hoy, es inminente la aprobación de la ley que despenaliza el aborto.
Es por esto que el camino a seguir debiese ser el del análisis acabado, el debate profundo y las propuestas concretas.
El proyecto no se hace cargo de las distintas dimensiones del aborto ni de la vida de las mujeres que se enfrentan a esta opción. La ley tampoco aborda la creación de nuevas políticas de familia, de planificación familiar, nueva institucionalidad para las adopciones, fortalecimiento del Servicio Nacional de Menores (Sename), prevención de violaciones, acompañamiento a mujeres violadas, sistema nacional de acompañamiento a mujeres con vulnerabilidad o riesgo en sus embarazos, educación sexual, mejoramiento de los centros de salud en todos los rincones del país, con énfasis en aquellos lugares donde no hay acceso a hospitales. Es más, el proyecto no viene a cambiar la realidad de las mujeres que son discriminadas y excluidas de la sociedad cuando, en una muestra de amor a la vida, deciden dar a sus hijos en adopción.
Una vez aprobada la ley se podrán obtener datos reales que permitirán al Gobierno, legisladores y organizaciones crear políticas públicas que, con el tiempo, facilitarán el hacernos cargo de las falencias ya mencionadas y, a su vez, regulando los vacíos que hoy tiene la legislación frente al aborto terapéutico, evitando riesgos presentes y futuros para la salud de la mujer y del que está por nacer. En resumidas cuentas, fomentar la opción por la VIDA.
Experimentaremos un cambio de paradigma: la descriminalización de la mujer. Esto permitirá que, la que antes abortaba comprando misotrol en internet o por otros medios, pueda acudir a un centro médico sin miedo. Esta es una oportunidad inédita porque se podrá entregar información y apoyar, con la posibilidad de disuadir del aborto y mostrar otras soluciones. Más vidas, en el sentido amplio, se salvarán. En el peor de los casos, su aborto será en condiciones dignas, sin el riesgo de su vida o de vejámenes sexuales.
Hoy nos enfrentamos a un sector que impone una falsa opción por la vida que va en desmedro de mujeres en situaciones límite. Ser un pro vida de verdad no es mirar el dogma, sino efectivamente a los involucrados, y descubrir ahí cuál es verdaderamente el problema de la mujer que se cuestiona abortar.
La búsqueda pro vida debe apuntar a denunciar los abortos ilegales y disminuir los que serán legales, mediante la creación de una nueva institucionalidad que se haga cargo de la realidad país y nueva concepción de la salud: que deje de ser un bien de consumo y se convierta en un derecho social para todos los chilenos.
Ale Catalina Fernández
Estudiante de Periodismo UC
Ex Secretaria Ejecutiva FEUC 2014