Libertad académica en peligro
Señor Director:
Estos últimos días -¡como si no tuviéramos suficiente!– se ha hecho pública la situación que afecta al padre Jorge Costadoat S.J., de la Facultad de Teología de la Universidad Católica de Chile. El padre Costadoat fue citado por el señor Arzobispo de Santiago y gran Canciller de la PUC, y en dicha reunión se le anunció que no le sería renovada la “misión canónica”, autorización que permite enseñar teología en la Pontificia. La medida adoptada se enmarca en las atribuciones del gran Canciller, quien, en ejercicio de su potestad, decide quién puede y quién no enseñar teología en la universidad. Hasta ahí todo bien.
El problema se suscita cuando esa decisión es sentida como injusta y arbitraria por el afectado, por el cuerpo de profesores de la Facultad y por los alumnos de la misma. Más aún, cuando constatamos que no es una práctica extraña no dar o no renovar la autorización respectiva sin entregar argumentos razonables y claros. Y, hoy, al profesor Costadoat se le dice que no puede enseñar porque es demasiado libre para hacerlo. Impresentables argumentos, vergonzosos. Si en la Universidad no se puede enseñar y pensar con libertad, entonces ¿dónde?
Contrasta, además, la medida y sus razones, con lo pedido por el papa Francisco en el pasado Sínodo. Pidió a los participantes hablar con libertad, les dijo: “Una condición general de base es ésta: hablen claro. Que ninguno diga esto no puede decirse, si lo digo, pensarán mal de mí. Decid todo lo que pensáis, libremente, con parresía. Al mismo tiempo se debe escuchar con humildad y acoger con corazón abierto lo que dicen nuestros hermanos. Con estas dos actitudes se ejercita la sinodalidad”.
Vivimos un momento eclesial único y Francisco lo tiene claro: la doctrina, matrimonial y familiar en este caso, está siendo revisada. ¿Cómo revisar y avanzar sin pensamiento crítico? ¿Cómo se ejercita la libertad de enseñanza si se echa de facto a un profesor porque enseña con libertad? Parece la cuadratura del círculo.
Creo que es legítimo que la universidad decida quiénes son sus profesores. Pero no me parece legítimo que se les prohíba enseñar con libertad y, menos aún, que se los eche por hacerlo. Es muy grave. Como teóloga formada en la Facultad de Teología lamento profundamente lo que vive su cuerpo de profesores y sus alumnos. Los primeros son pasados a llevar con una medida inconsulta y atentatoria contra su propio quehacer universitario libre. Los segundos, son tratados como niños de pecho incapaces de enfrentar al pensamiento crítico y al cuestionamiento. ¿Qué clase de sacerdotes y teólogos se quiere formar en esas aulas?
La teología es un carisma particular que está al servicio de la Iglesia, no como repetidora del magisterio y la doctrina, sino ayudando a avanzar en una cada vez mejor y más profunda comprensión del Evangelio, en cada tiempo y contexto. Repetir como papagayos la doctrina no es hacer teología y es una irresponsabilidad para con el Evangelio de Jesucristo cuando se hace en una Facultad de Teología. Si no se piensa críticamente, no se hace teología.
Carolina del Río M.
Teóloga UC y periodista