Casos de Corrupción en Chile: nada ha cambiado
Señor Director:
Quienes tenemos algunos años, hemos leído y observado el devenir de la vida pública y social de nuestro país, podemos señalar ante los hechos de los casos Penta y Caval que no debemos horrorizarnos. Lamentablemente esto en círculos de poder es una práctica sabida y aplicada, desde que nuestra nación es República, por quienes ostentan el poder, lo cual les ha permitido obtener beneficios patrimoniales y económicos.
Para los que empezamos nuestra vida ciudadana en dictadura (1973-1990), siempre se nos habló de un orden moral, económico y social. Luego, y por esas cosas del poder, supimos de los abusos económicos, las privatizaciones y el uso desmedido de la fuerza. Al retomar la democracia cuestionamos estos procedimientos, se llegó a hablar de «justicia dentro de lo posible», pero como la historia es circular y los sucesos suelen repetirse, pocas cosas cambiaron.
Mientras hablábamos de justicia social y reparación de derechos sociales, los temas de corrupción y abusos, no en la misma medida al periodo anterior «en un principio», seguían presentes en la práctica del poder público y privado, pero sin que los notáramos; la necesidad de restablecer los derechos, nos hizo complacientes frente a la práctica conocida y lo comparábamos con el pasado reciente, por magnitud y dolor.
Y el foco de la ciudadanía estaba, como siempre, dirigido en otro rumbo, había ilusión y esperanza en el nuevo escenario que prometía situaciones distintas y más equitativas. Quizás, lo que empezó a poner en entredicho lo señalado desde las esferas del poder, fue la desproporción entre el discurso proferido y el acto ejecutado, por parte de quienes cambiarían la realidad reciente para todos nosotros, al parecer, la lección estaba aprendida.
El daño más grande en esta oportunidad, es que no hay quién escape a este proceder, lo que antes les atribuíamos a las clases altas, se expandió a sectores que cambiarían el modelo, y se compenetraron de tal manera con la práctica de la corrupción, que nadie queda libre de pecado para lanzar la primera piedra. Tal vez hoy cobra más sentido la frase del que fuera el épico Himno de la Campaña del NO, «porque basta ya de abusos», pero en esta ocasión debemos cantarla y practicarla ante todos los sectores que están sustentando este desencantado poder político.
Hoy el valor centrado en la persona y la consecuencia de sus actos serán base de toda evaluación de procedimientos. Así, la rigurosidad dará cabida a la selección de autoridades y liderazgos nuevos, pensando siempre que lo bueno para todos (personas) no puede ser por un proceso casual, debe corresponder e incluir a todos, y que el facilismo como expresión de ciudadanía, es el peor de los procedimientos que podemos establecer como plan de mejora permanente.
Serán estos hechos los que nos obliguen a mirarnos en el fondo y no en la forma como país, y trabajar la idea de democracia como una labor inclusiva y equitativa, de lo contrario, seguiremos en el mismo lodo y, cada cierto tiempo, tendremos aires de conciencia que se quedarán sólo en eso, un arrebato circunstancial que no permita cambiar la realidad. ¡Queda pega parece!
Carlos Livacic
Doctor en Sociología
Universidad San Sebastián