Pastelero a tus pasteles
Señor Director:
Es una lástima lo sucedido con Carlos Caszely, pero no es nada sorprendente. Caszely fue sin duda un tremendo futbolista, pero está claro que de diplomático tiene poco o nada. Y esto último siempre se supo. Ni el gobierno debió designarlo en un cargo de responsabilidad diplomática, ni el ex jugador debió haber aceptado ese nombramiento. Doble error que termina humillando a quien fuera un héroe deportivo nacional y, a la vez, dañando la seriedad con que se deben efectuar estos nombramientos. Mal que mal es la imagen de Chile la que termina afectándose cuando se privilegian factores populistas por sobre el profesionalismo y sobriedad que debe siempre primar en las designaciones de nuestros representantes diplomáticos, sean estos embajadores o agregados.
Desgraciadamente este tipo de ejercicio se arrastra por demasiado tiempo en nuestro país. Es de esperar que después de este bochornoso episodio y de otros, tales como el no sancionado caso del actual embajador de Chile en Uruguay, nuestras autoridades reflexionen acerca de los costos que muchas veces implica nominar como representantes de Chile a personas neófitas e inexpertas, sobre todo cuando el país dispone de un Servicio Exterior profesional, efectivo y disciplinado. En diplomacia no se improvisa y, cuando se hace, se termina notando.
En esta hora de crisis por la que atraviesa nuestro país, parece del todo oportuno y adecuado revisar estos procesos de selección e intentar erradicar las malas prácticas (cuoteo político, amiguismo, populismo, etc.) que por tanto tiempo han empañado las relevantes designaciones diplomáticas que deben efectuar nuestros gobiernos.
Ricardo Concha Gazmuri
Embajador Jubilado