De los delitos y desprolijidades
Señor Director:
Nuestra astuta clase dirigente, al parecer cree tenerlo todo controlado. Ratificaron al director del SII luego que declarara que el servicio no se ha querellado contra políticos, y se huele en el ambiente una sigilosa salida tributario-administrativa para ellos. La solución sería dejar de delincuentes a los empresarios y a los políticos de desprolijos, pero la verdad es que demuestran no entender cómo funcionan las cosas.
Al querellarse el SII contra los empresarios, el Ministerio Público igual debe investigar, y por tanto debe establecer el grado de participación de cada pieza en la trama. Exista imputación o no, debe determinar cada paso y movimiento que el supuesto político involucrado haya dado o realizado, por lo que igual cualquier participación suya se va a conocer.
Al no haber querella, los políticos –no imputados– no se van a poder esconder detrás del derecho a guardar silencio, lo cual implica que van a tener que cooperar como testigos sí o sí bajo riesgo de ser acusados por la Fiscalía de obstruir la investigación. Sigue siendo hoy el Ministerio Público, al igual que ayer, quien tiene la última palabra en esta intriga.
Si hay algo que nos dejó a considerar el caso Penta, es el daño que puede provocar alguien que tiene información si se siente traicionado. ¿Acaso los empresarios que sean implacablemente perseguidos como cabezas de turco públicas se van a quedar callados, y no van a exigir una salida alternativa también?
Este es un problema político con aristas judiciales que no se va a resolver salvando de la cárcel a los involucrados. De hecho, lo único que van a lograr es empeorarlo, ya que finalmente la gente igual va a saber cuáles son las conductas impropias cometidas por quienes se salvaron de ser procesados, solamente, por el amparo del director del SII y del Gobierno.
Cristián Gabler
Abogado