A propósito de la nota de Patricia Politzer
Señor Director:
Quienes participamos en política y respondemos a un interés mayor, que significa apoyar y trabajar para que las buenas políticas e iniciativas lleguen y sirvan a la gente y en especial a los más desposeídos, hoy miramos con exasperación, por decir lo menos, ciertas declaraciones –muchas de ellas veladas– cuestionando el liderazgo de la Presidenta Bachelet y, más aún, dándole recetas de cómo comportarse y responder.
Estos líderes de opinión –algunos pertenecientes a la Nueva Mayoría– parecen olvidar que ella ganó las elecciones sustentada principalmente por un programa que comprometió con el ciudadano común y corriente, y que el deber moral y ético es darle cumplimiento, y que no ganó la Presidencia de la República por el beneplácito de quienes hoy dentro de sus propias filas critican no sólo su liderazgo sino –en fuego cruzado– que “va muy rápido y esto puede perjudicar” o que “va muy lento y debemos profundizar más”, refiriéndose a las reformas.
Para dejar contentos a estos señores, ¿cómo debería haberse expresado la Presidenta para demostrar que es una “gran líder” ante el caso que involucra su hijo? Hay algunos que incluso señalaron que debía responder como Presidenta y guardarse su investidura de madre. ¿Es posible desprenderse así como así de una u otra saya? ¿Es posible esa dicotomía? Rotundamente no. Quienes demandan esta separación, son los mismos que apelan a la disociación entre el comportamiento público-privado, es decir, no importa que en su vida privada se sea un golpeador, depravado, pedófilo, infiel, corrupto, etc., si en su actividad política no actúa como un “díscolo” y obedece a lo que se le indica.
La Presidenta ya se pronunció y tomó el “toro por las astas” cuando nombra la Comisión Presidencial contra la Corrupción y el Tráfico de Influencias. Ha declarado que la intención de esta Comisión es que proponga “indicaciones inmediatas”. Más aún, señaló también “nosotros vamos a tomar todas las medidas para que, afecte a quien afecte y pase lo que pase, nuestro país pueda tener la confianza de que se van a respetar las prácticas éticas, legales y administrativas…”.
Ha demostrado su capacidad de acción e interacción. No necesita gritar, llorar, golpear la mesa y apuntar con el dedo. Todo ello puede llegar a ser sólo parte de un histrionismo.
Sin embargo, a pesar de lo señalado por la Presidenta, las encuestas dan cuenta que la baja adhesión tiene relación con el tema Caval, debido a que la gente “no le cree”. Resulta a lo menos extraño que, de la noche a la mañana, sobre la base de una falta cometida por un hijo, no por ella, se le deje de creer. ¿De dónde surge esta incredulidad? ¿Cómo se ha construido esta valoración? ¿De dónde proviene? Simple, para bien o para mal, la opinión pública se cimienta de declaraciones de ciertos personajes e información que los medios de comunicación proporcionan, siempre con intencionalidad, persuasión y con “actitud subjetiva y evaluadora”. Está claro entonces de dónde proviene esta “opinión pública”.
A lo anterior debemos sumarle la omisión de parlamentarios y líderes de opinión que prefirieron “guardarse” antes de apoyar, secundar y, por último, precisar –si faltaba aclarar o enfatizar– las declaraciones de la Presidenta. ¿Por qué esta omisión? Hay que preguntarles a varios de ellos.
Lo que quizás no dimensionaron es el efecto psicológico, social y por último pragmático de sus actos y cómo seguirá afectando tanto en lo individual como en lo social.
Espero que no sea tarde para darse cuenta de lo que han y están cimentando. No queda mucho para las próximas elecciones. Han dejado desnuda la credibilidad, hoy, de una persona; mañana será de todos.
La crítica logra ser positiva si es constructiva y se valida en tanto suministra información sobre la base de una opinión fundada y razonada y obligadamente analítica, si no, no pasa de ser más que una pobre “opinología” o “rumorología”, cuyas prácticas los medios de comunicación han puesto en boga como en los mejores tiempos de la dictadura.
Mafalda Fabbri S.
Profesora
Magíster en Educación y Comunicación Social PUC