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¿Mapocho pedaleable? ¡Sí!

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Por: Alberto Gómez Arancibia, arquitecto, magíster en Hábitat Residencial


 

Señor Director:

La columna de la periodista Karen Hermosilla, titulada “¿Mapocho pedaleable? No, gracias”, no deja de llamar la atención, no tanto por su sugerente título, sino que sobre todo por la dudosa consistencia del argumento presentado.

Es evidente, casi una obviedad que, como dice Karen, “el Mapocho Pedaleable NO contribuye al cambio de paradigma de movilidad urbana”. Es evidente que el problema de la movilidad urbana, específicamente el uso de la bicicleta, requiere de una red extendida y articulada de vías acondicionadas para ello, por lo que dudo que alguien haya planteado como solución única, aislada y definitiva la habilitación del río como espacio de movilidad.

A pesar de ello la idea de hacer cicletadas eventuales es un paso pequeño pero loable en la recuperación de un espacio público que siempre debió estar a disposición de sus habitantes, presentándose como una oportunidad permanente para contrarrestar la segregación social y avanzar en el acceso a mejores espacios de ocio y recreación para los grupos más rezagados de la ciudad.

Deben ser miles los habitantes de Pudahuel o Cerro Navia que desearían usarlo (y lo usan) con “fines cachilupis” como señala la columnista. (Ver proyecto Mapocho 42K)

La ciudad se construye a través de sueños como estos y muchas pequeñas iniciativas coordinadas y empujadas por ciudadanos que quieren (queremos) a «SANTIASCO», como lo bautiza la periodista.

Alberto Gómez Arancibia
Arquitecto, magíster en Hábitat Residencial 

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