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Es tiempo de una nueva Constitución

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Por: Camilo Garber, estudiante de Ciencia Política, UDP


 

Señor Director:

Cuando el régimen militar encomendó la redacción de una nueva Constitución, lo hizo con el objetivo de clausurar la política. Todo aquello socialmente importante, concerniente a cómo vivimos y nos relacionamos, dejaría de ser objeto de escrutinio y decisión pública, negando cualquier posibilidad de actividad republicana. Este es precisamente el problema constitucional que hoy nos aqueja: la neutralización de la acción política.

Adicionalmente, su principal ideólogo, el gremialista Jaime Guzmán, diseñó una arquitectura constitucional dispareja, con el objetivo de que, indistintamente de quién gobierne, “se vean constreñidos a seguir una acción no tan distinta a la que uno mismo anhelaría”. El sistema electoral binominal será reemplazado, pero aún permanecen las exigencias supermayoritarias para las votaciones legislativas y el Tribunal Constitucional, cuyos jueces se designan por cuoteo, y de facto, actúa como una tercera cámara sin legitimidad popular. Y todo esto, en democracia, es una celada.

En Chile se está desarrollando un tiempo histórico eminentemente político, con múltiples y variopintas demandas sociales articuladas. Invito al lector a pensar en tres organizaciones o movimientos sociales que estén activos actualmente: apostaría a que la confección de su lista le tomaría poco tiempo y contemplaría a más de los propuestos.

La antinomia es evidente: una Constitución que propone –y logra– una jibarización de la política y una ciudadanía que clama por participación y una redefinición de los márgenes políticos.

Conscientes del problema, y de que es alto el riesgo de caer en populismos nocivos para la sociedad, es nuestra la responsabilidad de generar soluciones que deriven de la reflexión y que aseguren un orden institucional y democrático. Es tiempo de una nueva Constitución.

Camilo Garber
Estudiante de Ciencia Política
Universidad Diego Portales

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