Corrupción
Señor Director:
Mientras el aparato fiscal sea visto como el legítimo botín del vencedor en la lucha político electoral, en el que los puestos de la administración pública son prebendas que el Presidente de la República debe repartir según rígido cuoteo entre los militantes de los partidos oficialistas, situación que da paso a irregularidades en concursos públicos, licitaciones y hasta a dudosos certificados de experticia, los hechos de corrupción y conflicto de intereses que hemos visto jamás se solucionarán, por más comisiones de rimbombantes nombres que se creen.
La única manera de remediar lo anterior es hacer menos atractivo al Estado, limitando su tamaño junto a sus ámbitos de acción, incluso en aquellos que encontramos que son deseables.
Iván M. Garay Pagliai
Analista Círculo Acton