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Los “retrógrados” y el uso del espacio público

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Por: Eda Cleary, vecina de Providencia


 

Señor Director:

Hace unos días El Mostrador publicó la carta del profesor de educación física, don Juan Esteban Rayo, “Por qué no usar los espacios públicos”. Nos recuerda que la ley permite el uso de los espacios públicos para aumentar la calidad de vida de los chilenos y por ello plantea como un ideal poner letreros en todos los parques que digan: «¡Por favor pise el pasto!», como señal de vida sana. Luego afirma que los carteles “prohibido pisar el pasto” se originarían en posiciones “retrógradas”. Es la lógica de los buenos y los malos.

Impulsar el uso de los espacios públicos a partir de la “buena onda” en nombre de un supuesto progresismo, es lo que ha llevado a que la gente use todo tipo de espacios públicos sin tener ninguna infraestructura para pasar el día afuera disfrutando del aire libre sin destruir el medio ambiente. La mayoría de los parques y las playas no cuentan con baños públicos, basureros, vigilancia ni servicios regulares de limpieza ni de vigilancia. Solo un ejemplo: cuando el gobierno de Sebastián Piñera realizó la campaña de que las “playas son de todos los chilenos”, lo hizo también de esta forma, con una declaración de voluntad sin invertir un peso en preparar esos espacios públicos para un uso sustentable que permita disfrutar de ellos en forma permanente. Tampoco se hizo una campaña de educación de la población para enseñarles el uso responsable de las playas.

El resultado fue que playas hermosas del sur fueron usadas por miles de familias que llegaban desde Santiago en sus vehículos con carpas, cocinillas, radios, bebidas alcohólicas y se instalaban por días completos dejando tras de sí cúmulos de basura, pañales con excrementos, papel higiénico por todos lados, botellas y restos de comida flotando en las aguas , hasta entonces, cristalinas de los lagos, y por supuesto decenas de cajetillas de cigarrillos a medio apagar en medio de la “alegría”. Se usaban los lagos como baños “naturales” y la gente se enjabonaba y se lavaba el pelo con shampú dejando sectores inutilizables. El ruido de las radios con música a todo volumen, las fogatas y los continuos asados, cuyos restos quedaban tirados en la playa eran el tono y el espectáculo a diario durante el verano. Por supuesto que luego de la temporada esas basuras no son recogidas por nadie y es el invierno con sus aguas el que se encarga de trasladarlos hacia el fondo de los lagos hasta el próximo verano.

Los sectores más adinerados no dudan en usar la orilla de las playas como embarcaderos para sus lanchas, dejando una estela de grasa en el agua donde se bañan los veraneantes. Sus hijos usan las motos acuáticas entremedio de los bañistas sin importarles la seguridad de las personas y provocan ruidos de motores estruendosos a toda hora del día y de la noche. Otro tanto sucede con parques y jardines en Providencia, donde muchas familias disfrutan la vida al aire libre, pero no se molestan en llamarles la atención a los que dejan basura. En el parque forestal se instalan parlantes con música a altos volúmenes durante sábados y domingos para que la gente haga ejercicios a primera hora de la mañana , que es cuando todos queremos descansar del ruido de la semana. ¿Acaso no es posible hacer gimnasia sin músicas estridentes? , ¿no se podrían determinar zonas diferenciadas de uso en las playas? ¿Es que no es posible instalar zonas de picnic con sus debidos servicios sanitarios? Aquí, al parecer, vale la ley del más fuerte. El más matón gana. Total, “el espacio público es de todos”.

El impulso del uso irresponsable de la bicicleta en las veredas en Providencia es otro ejemplo de este voluntarismo de las autoridades que ha acabado con la calidad de vida de los peatones en la comuna. Aquí estamos ante la más completa renuncia a planificar y regular debidamente el uso de los espacios públicos por parte de las autoridades, dejando esta materia al criterio de cada uno. La política de “empezar por algo” no ha dado resultados. El uso civilizado del espacio público requiere de políticas públicas racionales y sustentables en el tiempo ¡La buena onda no basta! Mi estimado profesor, lo invito a reflexionar sobre cómo aborda el tema una “retrógrada” como yo.

Eda Cleary
Vecina de Providencia

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