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Matrimonio igualitario y la pobreza de la discusión legislativa

por 31 enero, 2017

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La semana pasada, la Presidenta realizó una ceremonia que abría la discusión legislativa acerca del matrimonio igualitario. Asistieron los principales rostros de las organizaciones de la diversidad sexual, quienes se mostraron agradecidos y esperanzados ante esta señal del gobierno. Sin embargo, ante la precariedad que hemos observado en términos de argumentos en el congreso, yo me pregunto, ¿irán a votar a favor de este proyecto de ley?, ¿o saldrán nuevamente con argumentos bíblicos en contra, como observamos ocurrió en la discusión del aborto en tres causales? Recordemos que inclusive, el Senador Iván Moreira sacó su biblia en plena discusión y dijo que él votaría según lo que dice dios. ¿Esperarán las parejas de la diversidad sexual una votación justa, cuando se legisla con un libro de más de cinco mil años de antigüedad?

La principal argumentación para estar en contra del matrimonio igualitario con derecho a filiación, es que los niños podrían verse “confundidos” al tener dos padres o dos madres, en su identidad de género, salud emocional y orientación sexual. Ante esto, el año pasado, el Colegio de Psicólogos de Chile emitió un comunicado público a favor de la homoparentalidad y lesbomaternidad, en donde a raíz de lo que dicen las investigaciones empíricas, se echaban por tierra los argumentos de los niños se verían confundidos, tendrían problemas de discriminación y en general, gozarían de menor salud mental que los hijos de parejas heterosexuales. La verdad es que las investigaciones nos muestran que los niños criados por parejas del mismo sexo no difieren en nada comparados con hijos de parejas heterosexuales. Incluso, las parejas del mismo sexo tendrían mayores habilidades parentales y usarían más el refuerzo que el castigo.

A pesar de esta evidencia científica, la discusión vuelve a tomar matices bíblicos, en donde en vez de analizarse como tema de salud pública, se analiza desde los ojos religiosos: ¿es el matrimonio entre un hombre y una mujer, solamente? Si nos quedamos en esta pregunta filosófica, nunca encontraremos una respuesta, puesto que todos tenemos convicciones religiosas distintas y mientras discutimos asuntos bíblicos o de una “naturaleza”, cientos de parejas de la diversidad sexual viven en desigualdad de derechos pero en igualdad de deberes y miles de niños, se quedan sin el derecho a tener una familia que los crie con amor y cariño.

La calidad de los argumentos son tan pobres, que no nos permite avanzar en materia legislativa, siendo que quienes nos representan en el congreso no lo hacen a la luz de la ciencia, sino que por convicciones personales o religiosas.

La verdad es que por lo menos a mí, como académica e investigadora, las discusiones parlamentarias me dejan con vergüenza ajena. La calidad de los argumentos son tan pobres, que no nos permite avanzar en materia legislativa, siendo que quienes nos representan en el congreso no lo hacen a la luz de la ciencia, sino que por convicciones personales o religiosas. ¿En algún momento buscan la información científica? No. Seguí de cerca la discusión del aborto terapéutico, donde vergonzosamente somos uno de los cinco países que aún prohíben el aborto en su totalidad. Cinco países del total de ciento noventa y cuatro en el mundo. Cinco países extremadamente religiosos, al punto que dentro de esta lista, se encuentra el país del Vaticano. ¿Cómo es posible que estemos a la misma altura que un país que a su vez es una religión de poco menos de dos mil años? Creo que pagamos nuestros impuestos para que los legisladores tomen las mejores decisiones para el país y no son aceptables argumentos como “según mi convicción personal…”, “según la biblia”… Eso es un insulto a los ciudadanos y ciudadanas de este país.

Me he especializado en temas de la diversidad sexual y lideré el comunicado a favor de la homoparentalidad y lesbomaternidad del Colegio de Psicólogos de Chile, donde durante meses revisamos las investigaciones del área y sacamos conclusiones a raíz de éstas. Eso es lo que espero de los legisladores. Que investiguen de fuentes científicas y no religiosas, que dejen sus creencias personales en su casa o para asistir a misa los días domingo, cuando no están ejerciendo su labor como legisladores de la República. Espero también que inviten al Colegio de Psicólogos de Chile, puesto que los argumentos en contra son en relación a la salud mental de los niños y niñas y no es aceptable que no se tome en consideración a la mayor figura representativa del gremio en el país. Sabemos que los hijos de parejas del mismo sexo gozan de buena salud mental, se insertan normalmente en la sociedad, no sufren de discriminación (esto ocurre cuando los menores son ellos mismos lesbianas u homosexuales solamente) ni de confusión en su identidad de género, siendo que el 90% de los hijos de parejas del mismo sexo resultan heterosexuales. De más está señalar que en cuanto a la pedofilia (argumento usado por sectores ultra conservadores), se da en el 97% de los casos en hombres heterosexuales familiares de la víctima. Estos datos los pueden encontrar si investigan estudios publicados en revistas científicas pero esa es una tarea que esperamos realicen acuciosamente los legisladores de este país, que es laico y cuya obligación de sus legisladores es crear leyes a la luz de la ciencia y no en base a la biblia o creencias personales.

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