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La limpidez política: la ropa sucia se lava en público

por 23 agosto, 2017

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Los tiempos donde la ropa sucia se lavaba en casa ya es pasado, los medios y las redes sociales han impuesto un nuevo estándar, la ropa sucia al parecer se lava en público o definitivamente, ya no se lava.

No hace falta recurrir al ayer para encontrar decenas de casos donde la probidad, la lealtad, en general las buenas prácticas se ausentan de la política, ya sea local o global.

En una semana, el conglomerado denominado Frente Amplio ha irrumpido en lo que podríamos denominar su ingreso a la adultez o al menos, dejó esa pubertad política tan propia de aquellos que en sus frases aún resuena eso de dejar atrás la vieja y nunca bien ponderada política tradicional. El caso Mayol y su perseverante lucha por obtener un cupo en las próximas parlamentarias, como premio a su segundo lugar entre dos candidatos, parece haber servido para que su entusiasmo y voluntad lo elevaran de candidato a diputado por excelencia. Sin mucha especulación, Alberto Mayol siempre supo de su nula opción frente a Beatriz Sánchez (todos lo intuíamos) algo que seguro el mismo Frente Amplio sabía desde la primera encuesta, por muy poco robusta que resultase. En ese entendido, ambos jugaron el juego de la política real, ellos querían a Sánchez pero necesitaban un segundo con quien competir, sino les era imposible ir a primarias y menos medir la fuerza de sus votos, al segundo contrincante le serviría para probar el adictivo jarabe que resultan los votos, campañas y exposición mediática, cual peldaños de la escalera del poder, le llevasen al parlamento, en pocas palabras, un utilitario aprovechamiento mutuo y consensuado. Bueno, hasta ahí la historia es la de muchos otros, Kast es un buen ejemplo de algo similar, cero opción en esta pasada por primarias, pero ha sacado número para el parlamento, al fin y al cabo, todas las micros sirven.

En una semana, el conglomerado denominado Frente Amplio ha irrumpido en lo que podríamos denominar su ingreso a la adultez o al menos, dejó esa pubertad política tan propia de aquellos que en sus frases aún resuena eso de dejar atrás la vieja y nunca bien ponderada política tradicional.

Lo ocurrido estos días aporta un capítulo muy interesante a esta serie de episodios imperecederos de nuestra política, cuando todo iba como seguramente lo habían planeado, la baraja se hubo desordenado, Mayol, quien siempre manifestó su intención por ir de candidato por el distrito 10 (Macul, Ñuñoa, Providencia, Santiago y la Granja), fue sorprendido por la negativa del partido, pues, ese distrito ya tenía candidato o más bien dicho, candidatos, Natalia Castillo y el mismísimo Giorgio Jackson, la primera, amiga personal del segundo, y este último, el auto referido fundador del movimiento y que como dueño de fundo daba las directrices del rumbo de quién, dónde, cómo y cuándo se debía postular, pues al fin y al cabo, toda potencial sombra incomoda. El asunto es que Mayol en ese afán perseverante, quizá adormecido por lo que significa lograr ser parte de una elite parlamentaria, volvía a la carga de sus mediáticas intenciones, y entonces fue cuando en su inexperiencia o podríamos decir; -candidez política-, pisa el palito y en un arrebato adolescente o más bien, infantil, envía un mensaje (Whatsapp) de audio a Natalia Castillo, en términos bastante torpes, lo que el conglomerado hubo interpretado y señalado como una agresión en términos machistas, lo que a todas luces podemos interpretar como una mala excusa para lo que vendría.

El pseudo tribunal del partido, determinó que su candidata o postulante a la cámara, había sido denostada y que aquello, o sea, las palabras grabadas de Mayol eran inaceptables y producto de ello Alberto Mayol no podría postular al parlamento en ningún distrito. Lejos de ser una mala muestra de lo que la política puede representar, es un hecho que ha permitido a Frente Amplio graduarse de pantalones largos en la fauna de la política local. Ya ese discurso sobre dejar atrás las malas prácticas, renovar los espacios y rejuvenecer el ya arrugado rostro de nuestra cara política se desvanecían en una semana, declaraciones de ambas partes que nos hacen pensar en cómo en sólo días, las promesas y slogans ya son parte de frases más propias de palabras fósiles de la arqueología partidista que tanto ha ofrecido y tan poco ha cumplido. A esta altura, podríamos pensar que Mayol hubiese tomado sus cosas y con la dignidad aún intacta se retiraría a la academia donde con orgullo parecía estar, pero no se engañe, después de vestir de pantalón corto, también ha decidido ponerse pantalón largo, pues insistió con su propósito, tratando de recuperar la opción y que en una dosis de grandeza podría perdonar esa mordida reptileana de sus cofrades partidistas y reintentar ganar ese cupo que a esta altura parece de oro. Bueno, ya es sabido por todos que después de largas reuniones con las llamadas bases y una semana de episodios sepias cual fotografía de tertulias de antaño, Mayol hubo recuperado su cupo y su sonrisa ya debe lucir como candidato de verdad, un calco de todos aquellos que en busca de nuestros votos hipotecan el semblante y mucho más.

Seguro la historia seguirá como reflejo de otras historias similares en otros partidos que conforman la jungla de nuestra política, y como siempre, habrán hechos que llenarán la memoria colectiva como separadores de libros, y nos harán ocuparnos de lo contingente, donde lo sucedido tan sólo ayer será pasado y un triunfo de la selección de fútbol o la caída de un meteorito serán la nueva portada que sepulte los titulares de ayer y borre los de la semana pasada.

Quizá esto es la verdadera política y somos los espectadores y votantes que románticamente queremos ver otra cosa, tal vez, las post verdades, las encerronas, las calumnias, las negaciones, y tantas otras acciones más propias de una serie de Netflix, del Padrino o los Soprano, sea la verdadera cara de una actividad que quiere vestir siempre de traje, pero jamás ha ido a la tintorería, donde una limpieza ya no es posible, donde la probidad no es más que una promesa, una frase publicitaria y nada más, quizá la buena política no es compatible con lo que la misma política debe cumplir, quizá los logros requieren de cohecho, de acciones dudosas y de humillación, esa donde un candidato que hace un mes era una opción presidenciable, en menos de una semana ya no representaba ninguna opción, y luego de un acuerdo entre cuatro paredes vuelve a ser un ícono parlamentario para ese mismo movimiento, un candidato que puso en la mesa simples frases disfrazadas de ideas que más bien pertenecen al Chile de comienzos del 1900, estatizaciones ex temporarias más propias de un discurso cuyo exordio busca una sonoridad que hoy en pleno siglo XXI ya no tiene oídos y que más que aportar, confunde a un electorado que en una semana ha re-ordenado sus preferencias sometido a empujones de ideologías mal planteadas convirtiendo el debate político en sólo un set de actos de una obra pobre, inconclusa e incomprensible. Quien no se gobierna a sí mismo, difícil pueda gobernar a un país, y querer empatar con los errores eternos del resto, sólo los convierte en más de lo mismo, una elite inmadura que cree que un pueblo es una escuela de dirigencia estudiantil y gobernar es planificar un paro o una marcha para pedir cambios y más, sin saber porque y para qué, pero siempre más, bajo un titular que dice Revolución Democrática y un eslogan llamado Frente Amplio, que de Frente al parecer no ha ido y de Amplio cada día menos.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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