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El mutismo de la violencia

por 10 octubre, 2017

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Afirmaba la pensadora Hannah Arendt que la violencia siempre es muda, no habla. De ahí que violencia y política sean incompatibles. La política, siguiendo a la misma Arendt, solo entra en juego cuando hay lenguaje de por medio. Porque hablamos, porque somos capaces de dialogar, es porque podemos hacer política, es decir: ocuparnos de los asuntos de la polis. Poco o nada de esto hemos visto estos días en España. La tensa y violenta situación creada entre la Generalidad de Cataluña y el Gobierno español nos afecta a todos los y las españolas.

Para quien crecimos a la par que una democracia que iba dando pasos inseguros, que vivió momentos de enorme fragilidad y que por fin consiguió estabilizarse, ha sido muy triste ser testigos de la violencia discursiva y parlamentaria de estas semanas que desembocó en enfrentamientos violentos el domingo 1 de octubre.

Me pregunto cuál sería el análisis arendtiano hoy en día, cuando el gesto de tomar la palabra ya no significa en todos los casos lanzarse al ruedo de la arena, hacerse visible y mostrar quién es una. Nuestra era digital posibilita que la visibilidad de muchos sea más bien opaca ya que la sobreexposición los oscurece. Permite, también, que las verdades parciales se presenten como universales y lo que es más peligroso, certeras e incuestionables. Tanto que la confianza en una realidad y sentido comunes desaparece. Supongo que es aquí que Arendt respondería señalando que eso es lo peor que nos puede ocurrir, cuando las palabras se revisten de racionalidad para ocultar la verdad, cuando el mundo que compartimos, el de las apariencias, ya no se comparte, sino que se manipula.

Difícil tarea la de una democracia que tiene que regular la pluralidad de un modo plural sin dejar de ser demócrata. Lo sucedido en España y Cataluña en estos días nos ha dejado a todos y todas como perdedores.

Claro que esto no es un fenómeno nuevo, como tampoco lo es el método, se trata de propaganda. Igual que tampoco son nuevos ni el nacionalismo ni el populismo que nos nublan el juicio y no nos dejan ponernos en el lugar de los otros ni escuchar lo que tienen que decir. Difícil tarea la de una democracia que tiene que regular la pluralidad de un modo plural sin dejar de ser demócrata. Lo sucedido en España y Cataluña en estos días nos ha dejado a todos y todas como perdedores.

Ni la violencia del Estado español ni la pantomima de un referéndum sin ninguna garantía pueden hacernos sentir orgullosos. Es urgente abrir un proceso de reflexión y diálogo que nos ayude a salir del mutismo de la violencia, sea esta de la naturaleza que sea. Solo así podremos volver a recuperar la convivencia política.

Eso me recuerda a otra gran escritora, la austríaca Ingeborg Bachmann , quien insistía en la necesidad de encontrar frases verdaderas. La tarea continúa y es importante comprometerse con ella y no perderla de vista. Ojalá que tanto los políticos de profesión como los ciudadanos y ciudadanas de a pie podamos participar de ella.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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Envíada por Valentina Terra Polanco, Observatorio Niñez y Adolescencia | 16 enero, 2021

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