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El futuro de los niños es siempre hoy

por 4 febrero, 2018

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¿Cuál es la diferencia entre una persona común y el presidente de chile? Una diferencia está en que la persona común puede poner el dedo en el mapa temático de las políticas públicas en educación que se deben abordar, y decir: “Esto es importante, aquí se va a trabajar”, y no ocurre nada. En cambio, el presidente, en ese mismo mapa, sitúa su dedo, dice exactamente lo mismo, y comienzan a suceder cosas, el aparataje estatal y las instituciones se comienzan a mover en esa dirección. Es importante hacer esta distinción para destacar la responsabilidad que tienen las autoridades gubernamentales y el significativo impacto que tienen sus decisiones en la vida de muchas personas.

Considerando lo anterior, quiero destacar una problemática educativa impostergable, ésta siempre ha sido importante pero ahora resulta ser urgente, me refiero a ofrecer una solución, no solo en acceso y cobertura sino también en calidad, a aquellos que están en la base de la pirámide educacional; los niños. No podemos olvidar que en la educación de primera infancia e inicial es donde se generan brechas culturales, sociales y neurológicas, en ocasiones, ¡irreparables! No se puede ignorar que en Chile tenemos una infancia violentada (el ejemplo más cruel es el Sename).

De hecho, según Unicef  el 71% de los niños recibe algún tipo de violencia de parte de su madre o padre. Un 51.5 % sufre algún tipo de violencia física. El 25.9% de los niños sufre violencia física grave, algún daño siquiátrico severo o consumo de drogas. No obstante, a pesar de que todo esto es lo impostergable, no se le ha dado la urgencia ni el lugar que le corresponde, muchos niños han sido desplazados ¿Será por qué ellos no gritan ni marchan ni se toman las calles?

Por lo tanto, es un imperativo ético y una demanda ineludible pensar, de una buena vez, en el bien inmediato de los niños y jóvenes, los cuales por ningún motivo son conejillos de indias como para andar aplicando cuanta cosa se le ocurra al gobernante o legislador de turno.

Por esto, es de esperar que el presidente Sebastián Piñera, a través de su ministro de educación Gerardo Varela, ponga el dedo en lo importante, el aprendizaje de niños y jóvenes lo es, y proponga al país una visión estratégica de mediano-largo plazo para la educación chilena, no más “ofertones” ni programas “cosistas”. Hoy es necesario un trabajo integral hacia la calidad, que signifique al menos una hoja de ruta para la mejora sostenida de la educación chilena. No hacen bien los abruptos desmantelamientos de las políticas públicas, ni el uso de “retroexcavadoras” legislativas. De hecho, varios quedamos desconcertados con la torpe frase de “bajar al otro de los patines”, como planteó en algún momento el ministro Eyzaguirre. Por lo tanto, es un imperativo ético y una demanda ineludible pensar, de una buena vez, en el bien inmediato de los niños y jóvenes, los cuales por ningún motivo son conejillos de indias como para andar aplicando cuanta cosa se le ocurra al gobernante o legislador de turno.

Aquellos países que se han destacado en educación como Canadá, Estonia, Finlandia, Dinamarca, Hong Kong (China), Japón, Macao (China), Singapur y Vietnam han aprendido a equilibrar calidad con equidad a partir de políticas coherentes de largo plazo, junto con ser conscientes de que los beneficios de invertir en educación aparecerán en el futuro y no en la inmediatez. Por lo tanto, se ha necesitado consistencia, acuerdos serios y continuidad en sus políticas educacionales.

Hasta el momento ha prevalecido la idea de “tirarle recursos al problema” o “crear programas para esto o lo otro…”, especies de remediales, pero ha resultado insuficiente, de poco impacto, y tenemos una especie de sistema acéfalo o mutilado en ciertas partes. Entonces, el desafío está en que prime una visión de futuro que permita al país una propuesta integral de la educación para este siglo centrada en la calidad y en los aprendizajes, iniciando por los niños. Puede que estemos en un momento decisivo para aquello. Con gran razón nuestra premio nobel Gabriela Mistral afirmó que “el futuro de los niños es siempre hoy. Mañana será tarde”.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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