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El efecto elipsis en la crisis de los refugiados

por 19 julio, 2018

El efecto elipsis en la crisis de los refugiados
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En la historia contemporánea hemos vivido ciertas épocas de elipsis históricas, esto es, de pérdidas temporales de sucesos históricos de enorme trascendencia en nuestra historia reciente. Una elipsis histórica la podemos identificar, por ejemplo, en el periodo de posguerra en la que millares de altos mandos nazis se transformaron repentinamente en demócratas, ocultando su participación y compromiso con el régimen nazi (por ejemplo, recordemos a Kurt Waldheim del Partido Popular austriaco y ex Secretario General de la ONU). La última elipsis histórica acaece en nuestro siglo, marcado por la crisis de los refugiados, que se ha relatado como una crisis ahistórica, sin pasado y sin expectativas claras de futuro, en el que las grandes potencias mundiales parecen no tener responsabilidad alguna. Entonces ¿Cómo diseñar una política migratoria humanitaria si no contamos con un relato histórico apropiado? Ciertamente, en la crisis de los refugiados nos hemos perdido la etapa de la crisis de Medio Oriente, y para ser más específicos, de las intervenciones occidentales, y el auge de los movimientos sociales que han reclamado un sistema democrático en países como en la Siria de Al Assad.  

Como fenómeno migratorio en masa, la crisis de los refugiados no es nueva, pues ha estado presente desde el último cuarto del siglo XIX. Entre 1846 y 1914 se registraron más de 30 millones de desplazamientos desde Europa hacia Estados Unidos. Entre 1914 y 1922 hubieron alrededor de cinco millones de refugiados en el viejo continente. Los primeros cuatro años de la guerra entre Alemania y la Unión Soviética se produjeron 30 millones de deportaciones.  Según los datos proporcionados por la historiografía reciente, ya en la primera mitad de 1945 se calcularon más de 40 millones de refugiados en Europa.

¿Y qué hacer para evitar las consecuencias sociales del efecto elipsis que estamos viviendo con la crisis de los refugiados? Primero debemos establecer qué diferencias se encuentran entre las respuestas dadas hoy por la Unión Europea y las que se entregaron hace más de setenta años por la Sociedad de Naciones y, más tarde, la ONU. ¿Alguien recuerda quién fue Fridtjof Nansen? ¿recuerdan por qué ganó el Premio Nobel de la Paz? Precisamente, la primera gran diferencia estriba en la creación de instituciones que dieran respuesta a la emergencia humanitaria, como el Alto Comisionado para los Refugiados, la expedición de los pasaportes Nansen, el Comando Aliado y la Administración de Socorro y Rehabilitación de las Naciones Unidas (UNRRA). En efecto, en 1947 la UNRRA gestionaba casi 800 campos de reasentamiento que albergaban a siete millones de personas, que en 1951 se redujo a 177.000 desplazados. Finalmente, en ese mismo año se celebró la creación de la ACNUR, que hoy tiene un papel determinante en la gestión humanitaria de la crisis de los refugiados.

Sin embargo, hoy las respuestas han sido egoístas. La solidaridad europea es algo sobre lo que actualmente la historia está dialogando ¿es la solidaridad europea un valor exclusivamente continental? ¿o acaso ha representado un valor universalista, internacionalista si se quiere, que no mira fronteras? Precisamente la negativa de la extrema derecha en Italia, y el desentendimiento de Malta, al desembarco del Aquarius, buque de rescate de 629 refugiados, ha supuesto el quiebre de los valores europeos basados en la solidaridad y en los derechos humanos.

Como fenómeno migratorio en masa, la crisis de los refugiados no es nueva, pues ha estado presente desde el último cuarto del siglo XIX. Entre 1846 y 1914 se registraron más de 30 millones de desplazamientos desde Europa hacia Estados Unidos. Entre 1914 y 1922 hubieron alrededor de cinco millones de refugiados en el viejo continente. Los primeros cuatro años de la guerra entre Alemania y la Unión Soviética se produjeron 30 millones de deportaciones.  Según los datos proporcionados por la historiografía reciente, ya en la primera mitad de 1945 se calcularon más de 40 millones de refugiados en Europa.

La lucha por las cuotas es lo que llena los titulares de los medios de comunicación, y esta es la parte luctuosa. Los últimos cuatro años de drama ha destacado el incumplimiento de los acuerdos europeos en materia de refugiados, y eso ha estado determinado por el asentamiento de gobiernos conservadores y el ascenso del nacionalismo y la extrema derecha, sobre todo en el sur de Europa. Según Amnistía Internacional, de las 1.294 personas que Hungría le correspondía albergar no ha reubicado a ninguna. Y el comportamiento del resto de países ha sido evitar a toda costa cumplir con los acuerdos europeos.

Para partir, hemos de tener los hechos históricos presentes para disponer de un diagnóstico correcto de lo que ocurre. Actualmente no hay suficientes palabras impresas para clarificar a qué obedece la crisis de los refugiados, y por lo tanto para tener las claves necesarias para resolver colectivamente el sufrimiento derivado de las respuestas inhumanas de gran parte de los gobernantes europeos. Que no se nos escapen nunca las raíces de estos dramas derivados de los conflictos armados de Oriente Medio y en los de África. Que no se nos olvide que en 1916 fue el año del acuerdo Sykes-Picot, en el que altos funcionarios de los gobiernos de Reino Unido y Francia se repartieron los territorios árabes tras la desintegración del Imperio Otomano. Tampoco nos debemos olvidar de las intervenciones en Irak y Afganistán desde la década de los 90’, y del trío de los Azores en 2003. Si no hay historia, no hay orientación posible a los problemas sociales actuales.

En este sentido, en la memoria histórica reciente queda la alta correlación entre los gobiernos conservadores y de extrema derecha y el veto a los refugiados. Es la tónica de lo que fue el gobierno del Partido Popular español, también la respuesta de Hungría con el Primer Ministro, Orbán, del Partido Fidesz en alianza con el Partido Popular Demócrata Cristiano, o en la Italia de la Liga Norte. Queda en nuestra memoria reciente que entre 2007 y 2013 la UE invirtió casi 2.000 millones de euros en militarizar y cerrar fronteras, pero solo 700 millones en mejorar los sistemas de acogida y auxilio a los refugiados, según los datos de Amnistía Internacional.  Por lo tanto, la solución al drama humanitario que hoy enfrenta y confronta el sentido histórico del proyecto europeo son las claves políticas que pueden entregar las fuerzas progresistas a los que la memoria histórica es ínsita, y quienes, acaso los únicos, han propuesto soluciones en clave histórica.

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