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Vamos a ver

por 4 septiembre, 2020

Vamos a ver
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“Vamos a ver”. Así se llamaba el programa de TVN que rutiló durante el falso y fugaz “auge” de la dictadura de Pinochet. Creado en 1977 y conducido en tono pomposo e hipócrita por un envarado Raúl Matas, alternaban allí estrellas del estilo Paloma San Basilio con la esposa del dictador. Se grababa en el restaurante “Camino Real”, ubicado en el sector La Pirámide del Cerro San Cristóbal, en Santiago. En la cumbre aledaña, llamada “Chacarillas”, los discípulos de Jaime Guzmán juraban lealtad a Pinochet entre antorchas encendidas al más puro estilo nazi.

Las economías desarrolladas parecían asimismo rutilar. Su crisis secular iniciada en 1966 parecía haber tocado fondo en 1974 y venían recuperándose con fuerza. La economía chilena superaba la crisis de 1975, el precio del cobre rozaba el cielo y los petrodólares llegaban a chorro. Los  Chicago Boys se endeudaban a gusto y se compraban medio país, que ellos mismos privatizaban. 

Todo era un espejismo siniestro. Justamente en 1977, las economías desarrolladas y el dólar se despeñaban en la última fase de su derrumbe secular, iniciado en 1966 y que culminaría en 1980. En los vestidores de “Vamos a ver”, la DINA y el “Comando Conjunto”, con la colaboración activa de traidores, capturaban, torturaban y asesinaban a direcciones completas de la Juventud y el Partido Comunista, a quienes luego lanzaban al mar desde helicópteros, algunos aún con vida. 

En 1980, mientras finalmente tocaba fondo la crisis secular de las economías desarrolladas y Pinochet dictaba su constitución, una primera y espectacular acción de propaganda armada de un valiente comando del MIR, incendió el “Camino Real”. Esa acción cambió el estado de ánimo del pueblo, que se dispuso no solo a resistir la dictadura sino a salir a pelear. Un año después, mientras se dictaban las infames leyes de concesiones mineras, plan laboral y AFP,  y los Chicago Boys proclamaban “Vamos bien, mañana mejor”, Luis Corvalán, secretario general del Partido Comunista, llamó al pueblo a rebelarse utilizando todas las formas de lucha contra la dictadura.

“Vamos a ver” se siguió transmitiendo desde otro lado, pero nunca fue igual. En 1983 lo cerraron por falta de “rating”. En medio de la crisis desatada un año antes, debido al retorno al Norte ahora sí en recuperación secular, de los capitales golondrinas que antes habían bajado a especular al Sur. Se acabó el dólar a 39 pesos y la plata dulce. La moneda estadounidense inició su largo camino de alza, al igual que todas las economías desarrolladas, que culminaría con el siglo. Se derrumbaron los castillos de deuda armados por los Chicago Boys. Quebraron todos los bancos menos el del Estado, que tuvo que intervenirlos. La cesantía alcanzó a uno de cada tres trabajadores. 

Mientras tanto, Pinochet lloriqueaba frente a sus generales. Entre el humo, espeso, negro y tóxico, de neumáticos quemados en miles de barricadas que durante la noche anterior iluminaban la ciudad paralizada por una protesta nacional. Que además de echar abajo la red eléctrica, interfirió la señal de TVN, proclamando la rebelión.

Recordar esos años de plomo siempre estremece a quienes los vivimos. Sin embargo, parece indispensable para comprender lo que está sucediendo hoy en la economía mundial. 

2018

Hasta antes de la pandemia, parecía que la nueva crisis larga, iniciada con el siglo, había tocado fondo al finalizar la primera década. Tras la llamada crisis subprime, en el año 2011 y expresados en oro, el dólar había perdido un 79 por ciento de su valor a inicios del siglo y Wall Street había caído sin cesar hasta perder un 87 por ciento del suyo. 

A partir del año 2011, el dólar, las bolsas y economías desarrolladas y la estadounidense en especial, iniciaron una fuerte y prolongada recuperación. Al año 2018 y expresados en oro, el dólar se había recuperado hasta la mitad de su valor a inicios del siglo y Wall Street hasta un tercio del suyo. 

Pero el año 2018 se inició una recaída. Desde ese momento y hasta fines de agosto del 2020, y expresados en oro, el dólar y Wall Street han vuelto a perder un tercio de su valor.

La pandemia solo agudizó al extremo este nuevo movimiento descendente del capitalismo desarrollado, iniciado el 2018. La emisión monetaria sin precedentes de sus bancos centrales a raíz de la pandemia, que alcanza a cerca de un 20 por ciento del PIB mundial, ha elevado a niveles récord la inflación de sus bolsas de valores, a pesar de la caída inédita de sus economías. Dicha gigantesca emisión monetaria se ha destinado casi exclusivamente a comprar activos financieros, sin afectar mayormente los precios al consumidor. Pero al mismo tiempo se desplomaron las tasas de interés y se aceleró la depreciación de sus monedas, especialmente el dólar, que ya venía en curso. 

En los últimos 12 meses a agosto del año 2020, la moneda estadounidense ha perdido un cuarto de su valor respecto del oro, un 7 por ciento solo en agosto recién pasado. Las bolsas de países desarrollados, medidas en oro, han caído un 14 por ciento en 12 meses. Wall Street, expresada en oro, descendió un 7 por ciento en agosto y un 17 por ciento en 12 meses.

¿Repetirá el capitalismo desarrollado su comportamiento  de los años 70? ¿Sería acaso el año 2011 similar a 1974, es decir, no la sima del ciclo secular respectivo, sino solo un hito en su caída? ¿Sería acaso el 2018 un año similar a 1977, es decir, el inicio de una nueva caída en un ciclo secular que aún no ha tocado fondo? La respuesta a estas preguntas no las puede conocer nadie a ciencia cierta. Vamos a ver.

Muchos indicadores y todos los analistas serios, reconocen que la supuesta sima secular de finales de la primera década de este siglo no alcanzó las profundidades de todos los ciclos seculares anteriores. La evidencia más importante al respecto es el índice denominado CAPE, compilado por el Premio Nobel Robert Shiller, que mide el valor de las bolsas expresado en años de utilidades de las empresas subyacentes. Dicho índice promedia 17 años a lo largo de un siglo y medio de capitalismo. En las simas de todos los ciclos seculares precedentes descendió a menos de 7 años. Sin embargo, en el año 2009 cayó a solo 13 años. A fines de julio pasado, el valor de Wall Street, medido por el índice S&P500, equivalía a 30,6 años de utilidades de las empresas subyacentes. 

La pandemia acicatea el desenlace. Bank of América pronostica que el oro llegará a 3 mil dólares la onza el año 2021. Eso significa que el dólar se deprecia en un tercio respecto de su valor actual. Aún así, la valoración bursátil seguiría siendo muy elevada de acuerdo al índice Shiller-CAPE, por lo cual es de esperar además una fuerte caída de las bolsas en dólares. 

Todo ello puede derrumbar el valor de los mercados desarrollados por debajo del año 2009 y más cerca de las simas de los ciclos seculares precedentes.

Emergente

¿Como afectaría todo esto a la economía chilena? Esta se mueve en conjunto con el llamado “superciclo” de materias primas, que a su vez coincide con el movimiento de las monedas, bolsas y deudas, y consecuentemente las economías, de los países emergentes. John Authers, antes editor del Financial Times, hoy en Bloomberg, ha bautizado este conjunto como “complejo emergente”. 

El superciclo, o ciclo secular, de las economías emergentes, o complejo emergente, se mueve en sincronía y a contrafase del ciclo secular de las economías desarrolladas. 

Es decir, el superciclo del complejo emergente sube hasta rozar el cielo cuando las economías desarrolladas atraviesan crisis seculares, porque el capital sobrante en estas baja a especular en aquellas. A la inversa, se desploma cuando las economías desarrolladas recomponen su tasa de ganancia y reinician su recuperación secular, y regresan a casa los capitales que antes insuflaron el superciclo emergente, derrumbando todo lo que antes insuflaron. Por eso, las décadas perdidas del mundo emergente fueron las de 1980 y 1990 en el ciclo secular anterior, y la del 2010 en el ciclo secular en curso, iniciado con el siglo. Es decir, el complejo emergente dio por perdidas las décadas en que las economías desarrolladas se recuperaban y crecían.

Sin embargo, si bien el superciclo emergente se mueve en perfecta sincronía pero a contrafase del ciclo secular de las economías desarrolladas, el ciclo normal o cotidiano, es decir, las alzas y bajas diarias e instantáneas del “complejo emergente” son, como dice Authers, un reflejo amplificado del movimiento de los mercados desarrollados. Vale decir, suben y bajan al mismo tiempo y en fase con estos, pero con amplitudes diferentes. O sea, cuando los desarrollados suben o bajan, los emergentes hacen lo mismo, pero en forma exagerada. Esta diferente amplitud es la que resulta en un movimiento a contrafase en los respectivos ciclos seculares.

De este modo, la caída del dólar y los mercados desarrollados a partir del año 2018 se ha reflejado en una caída aún más pronunciada en los emergentes. Medidas en dólares, la proporción de los mercados emergentes respecto de los desarrollados se ha reducido en un quinto desde el año 2018. Es decir, los emergentes han continuado su proceso de convergencia con los mercados desarrollados, iniciado el año 2011. 

Por lo tanto, una recaída pronunciada de los mercados desarrollados probablemente se traducirá en una caída aún mayor de los emergentes. Medidas en oro, las bolsas emergentes han caído un 5 por ciento en agosto y un 16 por ciento en los últimos 12 meses, mientras las bolsas desarrolladas caían 1 por ciento y 14 por ciento, en los mismos períodos. El cobre, en los mismos períodos, ha subido en dólares, pero medido en oro, ha caído 1,6 por ciento en agosto y 11 por ciento en 12 meses. Los más afectados han sido el peso y la bolsa chilenos que, medidos en oro, han caído un 30 por ciento y un 50 por ciento, en 12 meses, respectivamente.

Vivimos tiempos de gran incertidumbre y mal pronóstico. Puede que el panorama se aclare si continúa la devaluación del dólar respecto del oro. Es la variable que hay que observar con mayor atención. 

Como estuvo de moda decir en los años de plomo, vamos a ver.

 

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