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Una cruz que no se debe cargar Opinión

Una cruz que no se debe cargar

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Jorge Fuentes
Por : Jorge Fuentes Psicólogo y Director del centro de medicina complementarias Pranavida
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El pasado 10 de octubre se celebró el Día internacional de la Salud mental, una fecha que se hace cada vez más necesaria para visibilizar y reflexionar sobre el padecimiento de millones de personas en el mundo y en nuestro país.

Recientemente la encuesta Ipsos señaló que el 59% de los chilenos opina que su mayor problema es la salud mental, transformándonos así en el segundo país que ve con preocupación el tema después de Suecia. Pero ¿debemos preocuparnos u ocuparnos? ¿Cómo hacernos cargo de nuestros miedos y emociones de manera natural sin temor a que seamos apuntados con el dedo?

En el pasado debate presidencial –al igual que lo ocurrido en las primarias– se buscó poner en duda las capacidades de gobernabilidad de uno de los candidatos producto de su diagnóstico de Trastorno Obsesivo Compulsivo. Más allá del uso político sobre lo que podría aparecer en una ficha clínica, lo que preocupa es la estigmatización  y cuestionamientos que se hace de manera pública y que se puede replicar en todos aquellos que deben cargar con alguna enfermedad de salud mental, especialmente en el ámbito laboral.

Estudios realizados por la Universidad de Concepción señalan que el 31,5% de los chilenos padecerá en algún momento de su vida un trastorno de salud mental. Si a ello sumamos dos años de pandemia, el panorama no es alentador. Sin embargo, y más allá de las políticas públicas que puedan generarse, como sociedad podemos generar un gran aporte desde algo que parece simple, pero que, ante tanto desconocimiento, puede generar grandes cambios: escuchar, comprender y no juzgar.

Construir una sociedad saludable no solo requiere de normativas que apunten a esa dirección o de fomentar un estilo de vida que se preocupe de mantener un equilibrio en los más diversos aspectos, sino que también de tener la capacidad de hablar abiertamente sobre las emociones y sentimientos que tenemos sin temor a ser cuestionados y juzgados por ellos. Sin que exista miedo a que se ponga en duda nuestras capacidades en los distintos roles que cumplimos en la sociedad, porque ya sea como padres, como amigos o como profesionales, una persona con alguna enfermedad asociada a su salud mental tiene algo que aportar.

Generar imaginarios erróneos de quienes han debido o enfrentan actualmente algún tipo de patología de salud mental solo ayuda a mantener invisibilizado el tema y acalla a quienes la padecen, provocando un silencio que solo actúa como una olla a presión. En momentos tan críticos para la salud mental, debemos trabajar juntos en quitar la cruz que muchos cargan innecesariamente, dándoles la libertad para expresar libremente lo que sienten sin que esto sea un sinónimo de debilidad.

 

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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