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¿Existen los adultos hoy?

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Por: Albana Paganini


Señor Director:

A propósito de la situación ocurrida en el Colegio San Ignacio El Bosque y las voces que se han alzado para demandar más protocolos y medidas sancionatorias que subsanen su gravedad, quisiera señalar: 

Vivimos en un mundo de profundo desamparo, donde las distintas formas de violencia y vulneración de derechos impactan el lazo social.  Sería posible entonces preguntarse qué posibilidades tienen hoy las escuelas como comunidades de construir una trama de significaciones que resguarde y proteja a quienes la conforman. 

¿Qué posibilidades tienen de cuidar los adultos que habitan la comunidad, si ellos mismos también están deslegitimados como mediadores válidos y temen a los propios estudiantes y sus familias? La escuela ha dejado hace tiempo de ser un espacio de transmisión social y es por ello que, a falta de un orden simbólico regulador, se recurre a la denuncia, a la intervención judicial y también a las funas, todos mecanismos que validan una forma justiciera que no construye lazos, sino que termina por transformar a todo semejante en un enemigo potencial que hay que excluir. 

Los espacios escolares debieran pensar y analizar qué tipo de vínculo y rol se construye entre los profesores, los estudiantes y sus familias. La asimetría vincular es imprescindible, porque protege, ampara y regula, pero hoy los adultos tienen miedo de ejercer su autoridad bajo una forma de convivencia activa y asistimos a un desdibujamiento de las fronteras diferenciadoras que regulan los lazos. Esto produce mayor violencia, porque los adultos quedan también desamparados y desprovistos de recursos. En ese sentido, la mejor prevención es relegitimar el lugar del adulto, la diferencia generacional y la asimetría como fundamento regulador de una comunidad educativa, que es capaz de reorganizar los lazos y permitir la transmisión como un efecto de un encuentro posible. 

Si para los niños, niñas y adolescentes el adulto ya no existe, el mundo se vuelve imposible de significar y se abre el terreno para todo tipo de arbitrariedades y autoritarismos que reproducen más formas de violencia y en donde los protocolos se transforman en letra muerta o sólo en un producto que se oferta a los padres para cumplir promesas clientelares.

Albana Paganini

Directora Clínica Psicológica UDP.

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