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¿Por qué septiembre duele cada vez más?

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Por: Álvaro Muñoz F.


Señor director: 

Suele decirse que el tiempo lo cura todo, pues, al crecer la distancia entre el presente y un evento doloroso, no desaparece el evento, pero sí parece disminuir el sufrimiento. Con el 11 de septiembre pasa lo contrario: cada conmemoración es más triste que la anterior. Cada septiembre duele más. ¿Por qué ocurre esto? ¿Por qué el “golpe” desafía las propiedades curativas del tiempo? Para responder a esta pregunta tal vez sea bueno recorrernos un poco. ¿Qué dolores cura el tiempo? Rupturas amorosas, amistades quebradas, pérdidas propias del ciclo vital. Estos eventos tienen en común su carácter natural: es natural que las relaciones nazcan y se fracturen; es natural que la vida brote y luego se marchite. Es posible que estos dolores no pasen del todo, pero el tiempo otorga perspectiva, entendimiento y aceptación. Sin embargo, cuando la naturaleza del sufrimiento escapa a esta lógica, la situación cambia: esto es lo que ocurrió en nuestro país cuando un grupo decidió deshumanizar al Otro hasta el punto de eliminarlo y desaparecerlo. Se trató de una herida irracional, artificial e incomprensible sobre la que el paso del tiempo no tiene influencia alguna. 

El tiempo no cura las heridas que nunca debieron ser. Para que este tipo de fracturas sanen es necesario algo más que el paso del tiempo cronológico. En realidad, es necesario un tiempo distinto. Los griegos le llamaron Kairos y lo definieron cualitativamente como el momento propicio para que algo ocurra. En nuestro caso, ese tiempo es el de la justicia y del consenso contra la barbarie. Tristemente, ese tiempo demora. Peor aún, algunos retrasan activamente su llegada. Por eso, a pesar de la distancia, septiembre duele más. Pero ¿Qué hacer? Lo que está a nuestro alcance no es mucho, pero es fundamental: ejercitar activamente la memoria. “No olvidar” es condición sine qua non para el advenimiento de ese tiempo que nos permita sanar.

Álvaro Muñoz F.

Doctor(c) en Filosofía

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