Libros prohibidos: lección nunca aprendida
Señor director,
Hace algunos días conocimos que, en Orange Florida, Estados Unidos, se prohibieron en los recintos de educación primaria cientos de libros de diversos autores, épocas y calidades. Desde las lecturas clásicas de nuestra cultura, hasta escritos contemporáneos, se efectuó una lista que no tiene asidero en una sociedad moderna, inclusiva y occidental como la nuestra.
Los chilenos nos enteramos de la medida probablemente porque nos “afecta” el retiro de dos libros de Isabel Allende. ¿Hubiésemos conocido la medida del congresista Ron DeSantis si es que no estuviese dentro de esta lista nuestra autora? Creo que no. Poco sabemos en general en Chile sobre la legislación estadounidense; quizás lo que más nos importa como sociedad frente a este país son sus problemas con el control de armas y sus flujos migratorios.
Quisiera comprender la medida de DeSantis: pretende alejar a niños de libros de los que mucho pueden aprender. Estamos frente a una prohibición del saber en pleno siglo XXI. Sabemos que parte de la capacidad que tiene alguien de cultivarse es durante los años escolares; por tanto, se les está quitando, o, mejor dicho, impidiendo, la posibilidad no solo de formarse con todo lo que conlleva la lectura (vocabulario, redacción, ortografía, gramática y, por supuesto, velar por la imaginación del lector). Si pensamos como niños del segundo tercio de la educación obligatoria, justamente a quienes afecta la medida, lo ilegal es lo más llamativo y creo muy probable (o quizás quiero creer), que más de algún estudiante leerá a escondidas lo que le han quitado: Herman Hesse, Gustave Flaubert, John Milton, Haruki Murakami y Virginia Woolf, entre otros… Al menos, ahí deposito mi esperanza.
Paulina Dardel C.
Escuela de Humanidades, USS