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Construcción del nuevo Instituto Nacional de Rehabilitación Pedro Aguirre Cerda

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Por: Mauro Tamayo Rozas 


Señor Director: 

La reciente decisión de cancelar la construcción del nuevo Instituto Nacional de  Rehabilitación Pedro Aguirre Cerda no puede entenderse como un hecho meramente  administrativo. Se trata, más bien, de una señal profundamente preocupante respecto  del lugar que ocupa la rehabilitación y la discapacidad en el Estado. 

En un país donde más de tres millones de personas viven en situación de  discapacidad, la postergación de un proyecto largamente esperado —con aprobación  técnica, terreno asignado y viabilidad financiera— evidencia una contradicción  estructural: se reconocen derechos en el discurso, pero se debilitan las condiciones  materiales que permiten su ejercicio efectivo. Como sabemos, la discapacidad es una  representación de las profundas desigualdades sociales que el propio Estado está  llamado a corregir. 

La mantención de un centro nacional operando en una infraestructura de hace un siglo  no es neutra: reproduce exclusión, limita oportunidades de rehabilitación y tensiona la  ya debilitada red pública de salud. En este sentido, la decisión adoptada no sólo  posterga una inversión, sino que perpetúa una deuda histórica con uno de los grupos  más vulnerados del país. 

Revertir esta medida no es únicamente una cuestión de gestión sectorial, sino un  imperativo ético y político. Supone avanzar desde la retórica de la inclusión hacia su  materialización concreta, dotando al sistema de salud de las capacidades necesarias  para garantizar dignidad, autonomía y participación social.

Mauro Tamayo Rozas 

Ex Director Nacional de SENADIS

 

 

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