Empleo público
Señor Director:
Hace unas semanas se reinstaló la discusión del empleo público, de su calidad, su atracción y mantención de talentos, pero hay otro punto que pasa colado: ¿por qué se ha intentado tanto y no ha pasado mucho? Ensayo una respuesta: economía política. La tentación de cada gobierno de intervenir en el empleo público, en contratas y honorarios, domina mucho más que cualquier buena intención puntual.
La misma economía política nos da luces si nos preguntamos por qué se lograron hacer reformas en Alta Dirección Pública. Alguna pieza había que mover después de MOP-Gate, y la mayor discrecionalidad de los gobiernos de turno no está precisamente en los cargos más altos.
De hecho, lo más fácil es culpar a las asociaciones de funcionarios, pero la verdad es que el mundo político tampoco ha mostrado mucho entusiasmo. A los funcionarios que avanzan en su carrera tras años de trabajo les molesta ver en el Estado a recién egresados con sueldos en la cola alta de la distribución. Y a estos no los contrató la ANEF ni nadie parecido.
Podemos separar el empleo público del ciclo político, ordenarlo, racionalizarlo, partiendo por plantearnos una pregunta ante cada propuesta: ¿de verdad le quita algo de poder a la discrecionalidad del gobierno de turno y profesionaliza la administración, o sólo lo maquilla para que se porte un poco mejor contratando a sus militantes y simpatizantes?
Oscar Monett Recabal
Profesor investigador Faro UDD