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¿Cuán cerca estamos de una nueva crisis financiera internacional?

por 10 octubre, 2018

¿Cuán cerca estamos de una nueva crisis financiera internacional?
En el caso de la economía chilena se pretende hacer una reforma tributaria que propone, entre otras cosas, por la vía de pasar de un sistema semiintegrado a otro integrado, devolver a las grandes empresas 833 millones de dólares anuales por concepto de pago parcial de tributos derivado de utilidades. Ello ocurre en un momento en que en el presente contexto económico internacional existe un atractivo enorme para colocar los recursos indicados en el mercado financiero actual de los Estados Unidos y no en inversiones productivas en Chile.
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Como es sabido, la quiebra del banco estadounidense Lehman Brothers (15 de septiembre de 2008) arrastró al sector financiero de los EE.UU., provocando con ello un gigantesco rescate público para estabilizarlo, pero además, esta crisis se propagó simultáneamente en Europa y resto del mundo, generando así el peor temblor económico después de la gran depresión de 1929. Sin embargo, para muchos dicha crisis había comenzado un año antes con el estallido de la burbuja de la “subprime”, es decir, créditos hipotecarios suscritos por prestatarios insolventes, que se diseminó en los balances de las instituciones financieras con la complicidad de los reguladores y de las agencias evaluadoras de riesgo.

Diez años después, la directora general del FMI acaba de declarar que “una nueva crisis es posible”, centrando su preocupación en el nivel de endeudamiento alcanzado, pues según ella las deudas de los estados y de las empresas representan hoy 220% del PIB mundial, es decir, 164 billones de dólares. O sea, 60% más elevado que en el año 2007. Por cierto, el endeudamiento presente al que hace mención el FMI presenta graves riesgos para la economía mundial.

Naturalmente, hoy la mayor parte de los riesgos que crearon las turbulencias del 2008 han sido considerablemente atenuados. Los bancos han fuertemente aumentado su capital, la transparencia sobre los balances se ha mejorado. Según la directora general del FMI, “la capacidad de absorción de los shocks ha aumentado, los stress test concebidos para testear la solidez de los bancos se han multiplicado. Los créditos dudosos son menos numerosos, pero los riesgos se han desplazado a la periferia del sistema, lo que se llama el shadow banking, es decir, todos los intermediarios financieros que están fuera del sistema bancario tradicional, el cual es poco o mal supervisado”.

Sabemos que las crisis financieras de envergadura no se reproducen mecánicamente por las mismas razones. A propósito de ello, una personalidad muy influyente en el mundo de los negocios financieros decía: “En cuarenta y dos años pasados en en los mercados financieros, yo he visto muchas crisis. Estas son raramente las mismas. Para mí los problemas de ayer no deberían ser los de mañana”.

Naturalmente, hoy la mayor parte de los riesgos que crearon las turbulencias del 2008 han sido considerablemente atenuados. Los bancos han fuertemente aumentado su capital, la transparencia sobre los balances se ha mejorado. Según la directora general del FMI, “la capacidad de absorción de los shocks ha aumentado, los stress test concebidos para testear la solidez de los bancos se han multiplicado. Los créditos dudosos son menos numerosos, pero los riesgos se han desplazado a la periferia del sistema, lo que se llama el shadow banking, es decir, todos los intermediarios financieros que están fuera del sistema bancario tradicional, el cual es poco o mal supervisado”.

Sin embargo, si los temores de una nueva crisis del sector financiero en el capitalismo desarrollado se han acrecentado, ello se debe en buena medida a lo menos a dos razones. Primero, la adopción en dicha región de una política monetaria “no convencional”, para hacer frente a la contracción de la actividad económica consistente en  que los bancos centrales inyectaran masivamente una mayor liquidez a fin de permitir tasas de interés más reducidas y acrecentar el endeudamiento privado, tanto de los bancos que mejoraban su situación como gracias al desarrollo del sector financiero con su emisión de nuevos papeles con bajo control del regulador.

La segunda razón es el importante impacto producido por la política económica del presidente Trump, pues la baja de impuestos sobre las utilidades hizo saltar en 24% en el 2018 los beneficios por acción de las empresas. Por otra parte, el Banco Central de los EE.UU. aumentó la tasa de interés de referencia al 2% y anticipada a 3% a futuro, lo cual fue un aliciente adicional para que la “burbuja americana fuera un imán para los flujos mundiales de capital”. Todo lo cual trajo consigo un importante aumento en la bolsa estadounidense en los precios de las acciones y bonos. La información en curso es que “Estados Unidos recibe cada semana, desde abril 2018, en promedio, 6 mil millones de dólares de capitales en acciones y 3 mil millones de dólares en bonos; los países emergentes 2 mil millones en acciones y 2 mil millones en bonos”.

La situación recién expuesta tiene graves implicancias para las economías denominadas emergentes, como Brasil, Argentina, Chile, Turquía, India y otras, y con mayor razón para economías menos desarrolladas, La razón es simple, la exportación de capitales y con mayor razón la fuga de capitales, deprecia el tipo de cambio provocando aumentos de inflación y de las tasas de interés para hacer frente a la coyuntura, todo lo cual repercute en una menor tasa de crecimiento o simplemente el estancamiento de la actividad y aumento de desempleo. En el contexto de la estampida de capitales hacia la economía estadounidense, se postergan inversiones que podrían haberse hecho en el país o, como en el caso actual de Argentina, la estabilidad se hace muy difícil.

En el caso de la economía chilena, se pretende hacer una reforma tributaria que propone, entre otras cosas, por la vía de pasar de un sistema semiintegrado a otro integrado, devolver a las grandes empresas 833 millones de dólares anuales por concepto de pago parcial de tributos derivado de utilidades. Ello ocurre en un momento en que en el presente contexto económico internacional que acabamos de exponer existe un atractivo enorme para colocar los recursos indicados en el mercado financiero actual de los Estados Unidos y no en inversiones productivas en Chile.

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