Publicidad
El desafío de regular el desarrollo de la Inteligencia Artificial Opinión

El desafío de regular el desarrollo de la Inteligencia Artificial

Publicidad
Alberto Rojas
Por : Alberto Rojas Director del Observatorio de Asuntos Internacionales de la Escuela de Periodismo y Comunicación de la U. Finis Terrae. @arojas_inter
Ver Más

El primer ministro británico, Rishi Sunak, planteó que no se debe ser alarmista respecto del avance de la IA, pero que “hay argumentos para creer que puede representar un riesgo de la escala de una pandemia o una guerra nuclear”. El premier tiene razón.


A comienzos de este mes, en Bletchley Park (Reino Unido), se realizó una importante cumbre de seguridad sobre Inteligencia Artificial (IA), organizada por el gobierno británico. A ella asistieron representantes de 28 países y de la Unión Europea, además de compañías relevantes en este nuevo campo, como OpenAI, Meta y DeepMind.

El resultado de este encuentro fue la posibilidad de debatir –y lograr ciertos consensos– en torno al desarrollo de uno de los mayores avances tecnológicos de las últimas décadas y sus alcances, pero también se tradujo en la firma de la llamada “Declaración de Bletchley”.

Suscrita por potencias como Estados Unidos, China, Reino Unido, Francia, India, Alemania, Japón, Corea y Arabia Saudita, entre otros países, también contó con la firma de Brasil y Chile, los únicos representantes de América Latina.

La declaración establece, entre varios aspectos, que “la Inteligencia Artificial presenta enormes oportunidades globales: tiene el potencial de transformar y mejorar el bienestar humano, la paz y la prosperidad. Para lograr esto, afirmamos que, por el bien de todas las personas, la IA debe diseñarse, desarrollarse, implementarse y utilizarse de manera segura, centrada en el ser humano, de manera confiable y responsable”, pero que “la IA también plantea riesgos importantes”.

En ese contexto, el documento sostiene que “pueden emerger riesgos sustanciales debido a un posible uso indebido intencional o problemas de control no deseados” y que existe preocupación “en ámbitos como la ciberseguridad y la biotecnología, así como donde los sistemas de Inteligencia Artificial de vanguardia pueden amplificar riesgos como la desinformación”.

En la cumbre, el primer ministro británico, Rishi Sunak, planteó que no se debe ser alarmista respecto del avance de la IA, pero que “hay argumentos para creer que puede representar un riesgo de la escala de una pandemia o una guerra nuclear”. El premier tiene razón.

Las IA generativas, capaces de crear textos, sonidos e imágenes, han avanzado a gran velocidad en pocos meses y todo indica que su desarrollo será imparable. Y que, tal como ha ocurrido con otros descubrimientos e invenciones (desde la energía nuclear hasta la masificación de los drones), tendrá aspectos positivos y negativos de los cuales tendrá que hacerse cargo la comunidad internacional.

La “Declaración de Bletchley” sienta las bases de un esfuerzo concreto a escala mundial, que involucra actores estatales y del mundo privado, para mantener un monitoreo constante de la evolución de esta tecnología. El punto es si será capaz de ir un paso más adelante de los potenciales peligros. Sobre todo, si se piensa en el uso que actores no estatales, como carteles del narcotráfico, milicias armadas o grupos terroristas, podrían dar a la IA, con reales posibilidades de desestabilizar política, social y económicamente a países enteros.

En un mundo bajo el constante asedio de una internet polarizada, repleta de contenidos falsos, masivas campañas de desinformación y ataques a manos de hackers, resulta urgente que exista un esfuerzo global para evitar que las nuevas versiones de IA sean utilizadas en forma peligrosa, pero sin que eso afecte su investigación y desarrollo.

Pocos días antes de la cumbre en Reino Unido, varios de los “padres fundadores” de la IA, como Yoshua Bengio o Geoffrey Hinton, publicaron una carta en la que abogaban por “la elaboración y la ratificación de un tratado internacional sobre la IA”. Una idea que aún se ve lejana, pero que, a partir de esfuerzos como la “Declaración de Bletchley”, debiera avanzar para establecer un mayor compromiso internacional. Un esfuerzo en la línea de lo que han sido los tratados de desarme y limitación de armas nucleares, suscritos desde la segunda mitad del siglo pasado hasta ahora.

En un mundo en el que la Inteligencia Artificial hoy es capaz de revivir actores y terminar la “última-nueva” canción de The Beatles, esta tecnología representa la herramienta más poderosa que se haya desarrollado para la construcción de nuevas realidades. Sobre todo, pensando en elecciones presidenciales, conflictos armados y todo tipo de crisis políticas.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
Publicidad